MUCHO QUE HACER EN ALCALÁ DEL JÚCAR

Encaramado a una enorme roca caliza perforada por impresionantes casas-cueva e interminables pasadizos que la recorren por dentro de arriba a abajo, abrazado por las aguas limpias del río Júcar, protegido desde lo más alto por un castillo islámico desde el que se observa una plaza de toros única en el mundo y situado entre magníficos espacios naturales, este pueblo albaceteño que está protegido como conjunto histórico-artístico es uno de los más bonitos de España.

 

 

Puede que al acercarse desde Casas Ibáñez por la carretera que baja serpenteando hasta Alcalá de Júcar uno no tenga las mejores vistas de este pequeño pueblo albaceteño; pero no hay que impacientarse, porque ya desde abajo, a los pies del Júcar, la imagen de las casas blancas empotradas en la roca de arriba a abajo resulta tan encantadora como esperábamos. Desde 1982 Alcalá de Júcar está declarado conjunto histórico-artístico y está incluido en la Red de los Pueblos más bonitos de España.

 

Desde la playeta, una zona de baño muy concurrida en verano y desde donde parte un agradable paseo junto al río, se accede también a una pequeña isleta que divide el cauce en dos, con bancos desde los que deleitarse con esa imagen tan conocida de Alcalá del Júcar. El Puente Romano -así se le llama aunque es muy posterior- está enfrente, cruzando el Júcar. Desde allí se puede acceder al casco histórico, que asciende hasta el castillo zigzagueando por calles tan estrechas que a los coches les es imposible circular (hay varios aparcamientos habilitados en la zona más baja, junto al río).

 

Desde Alcalá del Júcar se puede recorrer y conocer el parque natural de la Hoz del Júcar, el precioso paraje del Tranco del Lobo o el abrupto embalse del Molinar. Hay señalizadas rutas de senderismo y BTT

 

En el paseo encontraremos rincones bonitos, curiosos y nos sorprenderá comprobar cómo la mayoría de las fachadas se adentran en estancias excavadas en la roca caliza desde hace siglos. De lunes a viernes entre estas callecitas hay una calma que casi sobrecoge, solo alterada por algún que otro turista cámara en mano procedente de cualquier parte del mundo, o alguna pareja de novios que en su día quedaron encantados con el lugar y vuelven con fotógrafo profesional equipado con dron para que les inmortalice en bucólicos rincones de Alcalá.

 

Los fines de semana el bullicio está garantizado, sobre todo entre la primavera y el otoño. De día y de noche. En este pueblo de poco más de 900 vecinos hay mil camas para el alojamiento turístico. Buena parte en casas rurales; algunas de ellas viviendas-cueva perfectamente acondicionadas que cada vez están más demandadas por los visitantes.

 

Pasadizo de 300 metros que desciende 28 en las cuevas del Duende.

 

LAS CASAS-CUEVA. Algunas se pueden visitar y no hay que dejar de hacerlo porque son impresionantes. Las de Masago y el Duende están unidas. Tienen dos accesos comunicados en el interior por un estrecho pasillo de 300 metros excavado en la roca, que salva un desnivel de 28 metros. Buena parte discurre por escaleras, bajo una la luz tenue y el sonido monótono de un manantial que le dan cierto halo de misterio.

 

Abajo se puede visitar una sala con antiquísimos objetos de la vida cotidiana: desde el carro con el que se llevaba y traía mercancía al Levante hace casi dos siglos a una colección de planchas. Y arriba, una de las colecciones privadas de fósiles más interesantes de España, con 600 piezas, algunas con 400 millones de años; además de una colección de antiguas monedas y billetes españoles y de otros países que van dejando los visitantes. La recreación de una vivienda, de una bodega y una almazara. Hay además un restaurante y un bar donde ofrecen una bebida durante la visita, con magníficas vistas hacia el Júcar.

 

Vistas fantásticas también desde las cuevas del Diablo, también con interminables pasadizos y una colección de aperos de labranza y antiguos útiles domésticos. En el interior hay una discoteca y un bar donde también ofrecen una bebida a los visitantes. Esta cueva se comunica con la de Garadén, desde donde, cuentan allí, este rey musulmán dominaba el pueblo. Tiene 750 años de historia y uno de los mejores miradores sobre la hoz del Júcar. Su túnel de 170 metros se utilizó como aduana y después fue un enorme palomar. En el paraje rocoso que rodea el pueblo, podemos ver otras pequeñas excavaciones que sirvieron de refugio.

 

Podremos visitar también una casa-cueva típica de una familia “pudiente” (las de familias empobrecidas solían tener una sola estancia en la que convivían y dormían todos, a veces con los animales). Esta tiene tres dormitorios, un comedor, su cocina y su espacio para los aperos de labranza y los animales. Y todas las estancias están amuebladas y decoradas hasta en el mínimo detalle con objetos de hace un siglo, tal y como se habitaban entonces. En invierno y en verano la temperatura solo oscila entre los 16 y los 18º. Está en el mismo recinto del castillo y se accede con la misma entrada.

 

 

EL CASTILLO. En lo más alto del pueblo se levanta esta fortaleza islámica del siglo XII, aunque su aspecto actual, completamente restaurado, responde a las fortificaciones y reformas realizadas ya por los cristianos en el siglo XV. Al interior se accede por unas escaleras-puente a dos salones comunicados por una escalera de caracol. En uno se exponen paneles sobre el proceso de reconstrucción y curiosidades del pueblo; en otro suele haber exposiciones temporales. En lo más alto una terraza almenada con dos torreones redondos y un frontal desde donde se vigilaba el Camino Real de Levante a Castilla. También es posible bajar a lo que fueron las mazmorras.

 

LA PLAZA DE TOROS. Desde lo alto del castillo se puede divisar todo el pueblo y su entorno. Y al otro lado del río una de las estructuras que nos llamará la atención, de forma irregular, con muros de adobe, construida sobre la ladera de la montaña, es una plaza de toros. Utiliza la pendiente para situar un graderío para 2.000 personas frente a un ruedo de 40 metros de diámetro.

 

Por su forma es única en el mundo y una de las más antiguas de España (consta una remodelación en 1902). Todavía hay novilladas en las fiestas y en verano hay actuaciones musicales y representaciones de teatro. Solo se puede visitar los sábados y domingos con una visita guiada.

 

 

EL ENTORNO NATURAL invita a prolongar la estancia en Alcalá de Júcar. Desde el pueblo parten tres rutas de senderismo de dificultad media y baja: la ruta circular El Morrón que discurre junto al río hasta la pedanía de Tolosa, donde encontraremos un precioso paraje para hacer piragüismo, alguna ruta en bici o a caballo o darnos un baño en verano. El precioso sendero del Corciolico que nos adentra en profundos barrancos, o el de Batán, con fantásticas vistas del parque natural de la Hoz del Júcar, que también podemos contemplar desde otros pueblos.

 

Hay otras tres rutas señalizadas para bicicletas de montaña: la que nos lleva hasta Fuentalbilla (etapa de la copa BTT), la del Tranco del Lobo, un precioso paraje natural, y otra más asequible que también cruza este paraje. En el pueblo hay varias empresas de deporte de aventura que organizan diversas actividades por estas zonas o por el embalse del Molinar, un entorno abrupto que también sorprenderá.

    

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