Mi momento Umbral

Otoño, un retoño, como cantaban los Manhattan Transfer a finales de los años 70 en la canción Eso es el amor. Los árboles mudan su color y empiezan a lloverse en hojas. Qué guay abrazar un árbol y notar su rectitud, su desnudez, su quietud estoica, su estar a merced de cualquier viento, su ser hotel para todos los pájaros y los bichos que quieran, su subibaja de la savia, trabajando para echar en el puré de la savia bruta el orégano de la luz y del dióxido de carbono.

 

En mi próximo poemario figurará, como siempre lo hago, un poema a los señores árboles. Una vez leí a Mario Paoletti que lo único comparable a la belleza de una mujer son los árboles. Recuerdo los versos del gran Mario Benedetti: “Aprovechemos el otoño/antes de que el invierno nos escombre/entremos a codazos en la franja del sol/y admiremos a los pájaros que emigran”.

 

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Santiago Sastre
Santiago Sastre

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