Más libros, por favor

NADIE ES PERFECTO

Lo siento por Eliot, pero el mes de abril no es el más cruel, entre otras cosas porque es el mes del libro. ¡Qué gran invento el de Gutenberg! Me imagino a los monjes en el scriptorium de los monasterios copiando los manuscritos, con sus dibujitos, con buena letra… Y con el peligro que conlleva pasar las páginas chupándose los dedos, como puso de relieve Eco en su célebre El nombre de la rosa.

 

Yo siempre digo a mis alumnos que no todo está en los libros, pero sí casi todo. Es más importante la vida que los libros, pero la vida se enriquece con rascacielos y sótanos profundos (se amplían los mapas) gracias a los libros. Y también les insisto en que soy profesor gracias a los libros, porque lo que les enseño en gran parte lo he leído en sus páginas.

 

Me gustaría mucho que en Toledo se diese el paso de convertir un rinconcito de todos los parques en una minibiblioteca, un lugar donde abandonar, rescatar e intercambiar libros

 

En mi biblioteca particular hay tres tipos de libros: los que ya he leído y quiero que me acompañen, los que leeré sólo a través de catas como los melones (consultas o capítulos) y los que nunca leeré pero…quiero que estén conmigo, porque los asumo como compañeros de camino. Quevedo siempre que viajaba lo hacía acompañado de gran parte de su biblioteca.

 

 

Con el tiempo, además, los he perdido el respeto: los subrayo, los desencuaderno, escribo en ellos, hago dibujos…Mis libros tienen no sólo mi ex libris, sino ese sello personal de haber pasado por mis manos terroríficas. Dime qué libros tienes y has leído y te diré quién eres. Esto tiene mucho de cierto.

 

Hace poco propuse a un concurso una idea que fue seleccionada: que se colocaran estanterías que aguantasen las inclemencias del tiempo para que hubiese libros en los principales parques de Toledo (como el de Recaredo y el de las Tres Culturas).

 

A través de un programa que se podría llamar TOLEO se trataría de depositar libros en esas miniestanterías (dejarlos y cogerlos con libertad) para que se practicase el bookcrossing, y también sería un lugar de intercambio de libros y de actos culturales; un punto de encuentro de bibliófilos. Libros al aire libre, sin miedo, lejos de las bibliotecas públicas y privadas, que puedan leerse en los bancos de los parques bajo un chopo o un sauce superllorón.

 

Hace poco estuve en urgencias con mi madre y comprobé la utilidad de un carrito de libros solidarios que había allí. Vi cómo algunos niños jugaban con los libros y yo amortigué la espera leyendo también algunos de esos volúmenes. ¿Por qué no hacerlo? Sería algo único con lo que Toledo, tan vinculada al mundo del libro, se convertiría en una ciudad pionera. Hago un llamamiento a las autoridades políticas para que se planteen de verdad esa idea de que la cultura, en especial los libros, son escuelas de sabiduría y felicidad y por eso hay que sacarlos a los parques.

 

El coste sería mínimo, porque sería fácil conseguir esas estanterías y también los libros. Éstos no nos vuelven locos, como le pasó a don Quijote. Pero nos hacen la vida mejor, más emocionante, más justa (bendita locura la que le empuja a don Quijote a hacer justicia por el mundo). Yo creo más en la fuerza transformadora de los libros que en la de la política. Pero si ésta tiene que ver con la difusión de los libros la cosa cambia… Suelo comprar mis libros en la librería Taiga, fundada y conducida por Alberto Sánchez, que está acompañado de un grupo genial de chicas que a veces me asesoran en las lecturas. Es mucho más que una librería porque tiene una vida cultural acojonante, ya que en torno a ella se reúnen muchas personas y se organizan actividades muy dispares.

 

Y mi sitio favorito en la Facultad de san Pedro es en la librería universitaria, en la que están mis amigos entrañables Paco Muñoz y María Jesús García Andrade, con los que tengo una especial complicidad. Paso más tiempo en esta librería que en mi despacho. Con Paco, que es un toledanista empedernido del que aprendo mucho, he escrito varios artículos, que están publicados.

 

Y con María Jesús publiqué un cuento para niños titulado El Greco y el amarillo gruñón que ella me ilustró de forma genial (sería más justo decir que yo puse texto, porque son más valiosas sus ilustraciones que mis textos). María Jesús tiene buena mano para pintar y por eso sus dibujos figuran en algunas portadas de mis libros. En estas dos librerías me siento como en mi casa y cada vez que entro es como si estuviera ante un tesoro maravilloso, como le sucedió a Alí Babá cuando dijo aquel célebre abretesésamoooooo.

 

Me gustaría mucho que en Toledo se diese el paso de convertir un rinconcito de todos los parques en una minibiblioteca, un lugar donde abandonar, rescatar e intercambiar libros, donde conversar con lectores y organizar encuentros sobre todo en verano. Yo creo en el carácter transformador de la educación y su principal suelo reside en los libros. Aprovecho para decir que la Real Academia toledana hará su mercadillo solidario (con libros de temática toledana, de literatura, obras de arte, música, películas…) los días 21 y 22 de abril en su sede. Nos vemos por allí.

 

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Santiago Sastre
Santiago Sastre

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