Manchegos en Cataluña

Hasta 250.000 castellano-manchegos han llegado a contar los censos en Cataluña. La mayoría de los que emigraron en los años ‘50 y ‘60 se quedaron a vivir y hoy se sienten tan manchegos como catalanes. Entramos en la Casa de Castilla-La Mancha en Barcelona para ver cómo viven estos tiempos difíciles.

Socios de la Casa de Castilla-La Mancha en Barcelona durante la celebración de Semana Cultural.

 

Fiel a la tradición que mantiene desde hace 31 años, la Casa de Castilla-La Mancha en Barcelona celebraba entre el 18 y el 26 de noviembre su Semana Cultural, la actividad más destacada del año junto a la celebración del Día de Castilla-La Mancha (31 de mayo).

 

La Semana Cultural ha contado con la colaboración de la Junta de Castilla-La Mancha, la Generalitat de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y la Diputación de Barcelona. Con la que está cayendo, ¿la vida sigue igual para la comunidad manchega en Barcelona?

 

No, no. Las cosas están cambiando mucho, dentro y fuera de la Casa, nos contesta Enrique Ballesteros, nacido en Paterna del Madera (Albacete), afincado en Barcelona desde hace más de tres décadas y presidente de la Casa de Castilla-La Mancha en la capital catalana. Los socios nos vamos haciendo mayores (yo soy el más joven y tengo 68 años), date cuenta de que somos emigrantes de los años ’60 y ’70, y la juventud no se ha enganchado a esto de las casas regionales y no vemos posibilidad de que esto cambie. Somos unas 200 familias, en mayor proporción de Ciudad Real y Albacete, que fuimos los que más salimos hacia Barcelona en aquellos años, pero estamos representadas todas las provincias de la región. La verdad es que en estos momentos con quien más nos relacionamos es con nuestra misma generación de las otras 21 casas regionales de España en Barcelona, con quienes tenemos una gran amistad y compartimos muchas cosas”.

 

“En cuanto a la relación que mantenemos con las distintas instituciones, unas veces han sido buenas y otras no. Depende de la época, y ésta no está siendo buena”. Y Enrique Ballesteros entra en materia: “Con la Generalitat no coincidimos, asisten a nuestros actos, siempre mandan algún representante, pero no nos apoyan económicamente porque nuestras propuestas no encajan dentro de sus intereses, de sus órdenes de subvenciones. Apoyan una cultura muy catalana y nosotros no renunciamos a nuestro idioma, a nuestras costumbres, etc. Nos respetan, sí, pero apoyo económico ninguno. La Diputación de Barcelona sí nos da algo, 500 euros. Y con el ayuntamiento de Barcelona estamos en excelentes relaciones y nos subvencionan con 2.500 euros”.

 

¿Y con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha? “Cada vez estamos más distantes, por temas económicos. La crisis que tienen no la han sabido administrar y en lo que a nosotros respecta canalizan las subvenciones a través de las Federaciones de Casas Regionales, y no somos lo mismo. A los centros y casas no nos dan nada, hasta el punto de que la convocatoria de subvenciones de 2017 de la Junta de Castilla-La Mancha la tenemos impugnada ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, por la Casa de Castilla-La Mancha de Barcelona. Pensamos que tanto para la Junta como para la Generalitat somos un incordio porque siempre estamos pidiendo, pero no les votamos; estamos en malas relaciones”.

 

A la derecha, Enrique Ballesteros, presidente de la Casa de Castilla-La Mancha en Barcelona.

 

EL DISGUSTO CON LAS ADMINISTRACIONES autonómicas catalana y castellano-manchega es tal que han decidido desheredarlas. “Nosotros compramos en 1997 la sede que tenemos actualmente, una casa de 900 metros y dos plantas, tasada en 2’5 millones de euros. Los estatutos de la Casa de Castilla-La Mancha dicen que en caso de disolución de la Asociación el 50% de la casa pasaría a la Generalitat y el otro 50% a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pero esto lo vamos a cambiar, evidentemente, y ni para una ni para otra va a ser nuestro patrimonio. Vamos a modificar los estatutos para que pueda pasar al Hospital de Parapléjicos, a Cáritas, Cruz Roja, o similar; no va a ir a parar nuestro patrimonio a instituciones que tan mal se están portando con nosotros”.

 

La Casa de Castilla-La Mancha en Barcelona ya ganó un pleito contra la antigua Caja de Castilla-La Mancha, Liberbank, “por la cláusula suelo de la hipoteca de la Casa. Hemos recuperado 100.000 euros”, afirma Ballesteros.

 

EL CONFLICTO CATALÁN

Todas las semanas hay actividades culturales y de ocio en la Casa, punto de encuentro de muchos paisanos de la región. “Hablamos mucho pero no nos metemos en política. Se está pasando mal, de hecho en las últimas semanas han regresado varias familias a sus pueblos de La Mancha, reconoce Ballesteros. Y no se van más porque los precios de la vivienda se han estancado por los problemas políticos y no es fácil vender bien la vivienda. Ahora mismo la sociedad catalana está dividida en dos: la mitad son independentistas y la otra mitad constitucionalistas; hemos llegado a un punto en el que no nos relacionamos con la otra parte, si se está entre amigos se habla de todo menos de eso. Tampoco en las familias nuestras; los hijos ya no quieren saber nada del pueblo, con la educación en las escuelas les han ido inculcando otras ideas, ya no tienen el sentimiento de su origen”.

 

Felipa Contreras Añover (Quintanar de la orden, 1938):

“Yo soy manchega, catalana y española, como manda la ley”

Felipa Contreras y su hija Chuss.

 

Felipa Contreras Añover no ha olvidado los días felices de su infancia y adolescencia en Quintanar de la Orden, donde nació un día de abril de 1938 y de donde partió apenas con 16 años hacia Cataluña en busca de un buen futuro. Y lo encontró.

 

La hija de Vedrines, como apodaban a su padre en Quintanar, recaló en Valls (Tarragona), donde además de trabajo encontró al amor de su vida, “un cordobés, una bella persona con la que tuve 30 años de matrimonio feliz”, nos cuenta Felipa por teléfono desde su casa de Valls, donde, jubilada y viuda, sigue residiendo. Porque Felipa no se cansa de decir que “en Cataluña he sido muy feliz. Desde que llegué con 16 años me he sentido muy bien acogida, la convivencia siempre ha sido buena con el pueblo catalán. Soy catalana y manchega, ambas cosas, y sobre todo española, como manda la ley”.

 

Felipa ha hecho en los últimos tiempos un buen ejercicio de memoria y reflexión, ya que ha escrito y publicado un libro sobre su vida, ‘Volando al Viento’, en el que narra todas las peripecias como emigrante, su vida fuera de su tierra natal y sus experiencias vitales. “Los recuerdos más lejanos que tengo de mi infancia en Quintanar son muy bonitos. Iba con mi padre a vender melones en un carro con mulas, bueno vendíamos de todo. El pueblo era un lugar muy tranquilo, de gente amable y cariñosa. Recuerdo las ferias, los circos que por entonces venían mucho, la alegría de los veranos...”

 

Pero su vida dio un giro inesperado con 16 años, cuando una amiga de su hermana de visita en el pueblo le habló de Barcelona. “Yo había ido a ayudar a la posada de mi tía María, que estaba en el centro de Quintanar, en la calle Grande, y allí me dijo esta amiga que buscaba chicas para servir en una casa en Valls. Convencimos a mi padre y al día siguiente cogí una maleta de madera y me vine para acá”.

 

“Nada más llegar empecé a aprender catalán y ya casada y con mis tres hijos siempre hemos hablado castellano dentro de casa y catalán fuera. Los niños lo aprendieron en cuanto fueron al colegio. Hablar los dos idiomas lo hemos vivido con naturalidad”, asegura Felipa.

 

A Felipa nunca le ha faltado trabajo en Cataluña durante toda su vida laboral. “Siempre me ha gustado trabajar y mi marido me respetó esa decisión. La verdad es que la integración ha sido total, y hemos participado activamente en la vida ciudadana. Por supuesto siempre he ido a votar y lo volveré a hacer el 21 de diciembre. No había necesidad de que pasara todo esto que ha pasado, no se han hecho las cosas bien. Claro que conocemos a muchos independentistas, hay que respetarlos (a algunos les quiero porque están muy cerca de mi familia), pero tienen que respetar la ley. Ahora soy más optimista, veo que las cosas se están tranquilizando”, nos dice Felipa.

 

Chuss Leiva, catalana hija de manchega y cordobés:

“Para qué tener un amor si puedes tener dos”

Chuss Leiva, actriz catalana, es hija de madre manchega (Felipa Contreras) y padre andaluz, y está casada con un inglés. Así, habla en castellano, en catalán o en inglés según el contexto, “y no veo ningún problema en ello, hay que aprovechar la gran riqueza cultural que podemos tener y disfrutarlo, nos cuenta Chuss. Mis padres llegaron a Cataluña con una cultura muy diferente y se adaptaron rápidamente, sin perder sus raíces. Nada de esto se puede perder”.

 

Leiva reconoce que los hijos y nietos de aquellos inmigrantes no tienen tan presentes sus raíces, aún así, dice “por qué tener un amor si se pueden tener dos”. Nacida en Valls, “un pueblo muy catalán”, dice Chuss Leiva, ha vivido temporadas fuera de España y ve la situación actual de Cataluña con gran preocupación. “Han cambiado bastante las cosas, lo más duro es el enfrentamiento que hay entre quienes son independentistas y los que no lo son. Lo peor de todo lo que ha sucedido es que se ha enfrentado a unas personas contra otras. En muchas familias hay tristeza y confusión”.

 

Leiva reconoce que “el sueño independentista estaba en muchas cabezas, pero era eso, un sueño. Ahora, llegado a este punto, sólo cabe sentarse y dialogar, espero que las elecciones del día 21 de diciembre sirvan para volver a la unión y no la confrontación. Hay mucha movilización, en ambas partes”.

 

Chuss, integrada en la Asociación de Actores y Directores Catalanes, acaba de participar en Madrid en el rodaje de la última película del director iraní Asghar Farhadi, “Todos lo saben”, con actores como Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín y Eduard Fernández.Curiosamente la película trata de una hija de familia española casada con un catalán, que tiene que volver a su pueblo y allí empieza a pasar de todo…”.

 

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