Los muchachos de doña Gregoria

No sé vosotros, pero yo no puedo verlos sufrir así. ¡Qué no joder! ¡Qué no!, que yo tengo mi corazoncito. Cuando les miro me suben los taninos del páncreas, los sulfitos de las napias y la crianza de la próstata ojiplática. Sufro viendo a los troncos genoveses del Ala Norte de Ronda de Buenavista olisqueando entre los cubos de Sufi en busca del mirlo blanco que pueda mirar al careto a “Emi El Campeador” sin que le baje la tensión;

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