Los buenos modales al volante

 

El ritmo acelerado en nuestras ciudades, las prisas, los atascos, el estrés…conlleva que, hasta las personas más educadas, pierdan los buenos modales al conducir, llegando incluso a adoptar conductas poco recomendables. Nuestra vida (y la de los demás) sería mucho más civilizada y tranquila si fuéramos capaces de controlar estas conductas. Tenemos que admitir, que una conducción responsable, sensata y prudente evita disgustos innecesarios, llegado el caso. Sin mencionar que, a veces, no viajamos solos en el coche. En este caso (especialmente, con niños), deberemos tener más cuidado con las cosas que decimos y las conductas que adoptamos.

 

Hay que tratar de dar un buen ejemplo, pero no sólo a los que nos acompañan, sino también a los que nos observan desde fuera del coche (y no sabemos si nos pueden conocer…). La gestión de los sentimientos, atemperando las emociones con sensatez (antes, durante y después de la conducción), se convierte en la asignatura pendiente para muchos conductores, llegando a poner de manifiesto algunas conductas relacionadas con problemas de personalidad y madurez. Molestarnos que otro vehículo nos adelante o creernos superiores a los demás (por ejemplo), no son problemas de circulación; como tampoco lo son los estados de humor derivados de problemas laborales, familiares, etc., que nos llevan a volcar toda la rabia y frustración en los demás. En consecuencia, debemos tener siempre presente que, con nuestra forma de conducir y comportamiento, estamos dejando patente otras muchas circunstancias personales.

 

Por todo ello, intentaremos hacer algunas sugerencias para mejorar nuestros modales al volante y no perder los nervios ante las “microdecisiones” que debemos tomar al conducir y, así, evitar el inicio de alguna situación desagradable. Entre las más importantes: respetar todas las normas de circulación, especialmente, los aparcamientos destinados a personas con capacidades diferentes; practicar la paciencia y la educación, evitando los insultos y los gestos groseros ante situaciones molestas (alguien tarda demasiado en aparcar o lo ha hecho en doble fila y no podemos salir…); hacer un uso moderado del claxon del coche para no aturdir al resto de peatones (poco se arregla insistiendo en un atasco, por ejemplo); disculparnos si cometemos alguna incorrección (nos agradecerán el detalle); ser generosos con nuestra amabilidad y cortesía (tanto con los demás coches como con los peatones).

 

La gestión de los sentimientos, atemperando las emociones con sensatez, se convierte en la asignatura pendiente para muchos conductores

 

Tampoco debemos olvidar el descansar cada cierto tiempo, en viajes largos, ni la cortesía con nuestros pasajeros. Es curioso saber que los asientos del coche están protocolizados, es decir, tienen más importancia los puestos de detrás y, de éstos, el de la derecha (mirando el coche desde detrás) con respecto al de la izquierda, y éste con respecto al del centro. De modo que, si vamos acompañados de otro matrimonio, por ejemplo, lo correcto sería que fueran detrás las señoras (a la derecha, la invitada y a la izquierda, la anfitriona) y delante los caballeros (conduciendo el anfitrión y a su derecha el invitado). Los caballeros subirían los últimos y bajarían los primeros para, de esta forma, poder cerrar y abrir las puertas de las señoras, respectivamente.

 

También el protocolo nos indica varias normas a la hora de respetar las precedencias al subir y bajar de un vehículo oficial, atendiendo a la ubicación dentro de él y a la importancia o jerarquía de los pasajeros (bien por su rango, méritos o criterio de mayor a menor edad). ¿Cómo hacerlo de forma correcta? Entra primero la persona de mayor rango-autoridad-edad por la puerta trasera-derecha (mirando desde la parte trasera del coche), para situarse en la posición de la ventanilla posterior-derecha (sitio de honor, igualmente, si va sola en el coche). Después, el siguiente en importancia, por la puerta posterior-izquierda (para colocarse en la posición de la ventanilla posterior-izquierda).

 

Si fuera una tercera persona en importancia (poco probable en actos oficiales), ocuparía la parte trasera-central y entraría antes que la segunda, por la izquierda. Delante, junto al conductor, irá una persona de seguridad o del servicio de protocolo, que abriría y cerraría las puertas como signo de cortesía; por este motivo, subirá el último y bajará el primero. A la hora de bajar del coche, el orden es el inverso (la persona de mayor rango baja la última). Se debe tener en cuenta también que cualquier movimiento que se desarrolle alrededor del coche, siempre se hará por su parte posterior y nunca por delante. Hay que destacar que en circunstancias cotidianas, si va un chófer con una autoridad, pueden darse excepciones (incluso ir acompañando al chófer en la parte delantera). Como siempre, el protocolo, aplicado con sentido común, ayuda. En este caso, a disfrutar de nuestra conducción y a ponerlo en valor ante nuestros pasajeros.

 

Mercedes Lobón