Lecciones del 26-J

Habrá que convenir que el riesgo de amnistiar al partido en el gobierno es hoy más cierto, ya que el elemento más destacado de la jornada electoral del 26-J ha sido la victoria del PP, que ha mejorado sensiblemente sus resultados respecto al 20 de diciembre. Es decir, la repetición de las elecciones ha tenido un único beneficiario, Mariano Rajoy y su partido que han salido fortalecidos.

 

Del análisis de los datos conviene extraer algunas lecciones más allá del análisis político que, en términos partidarios, se está produciendo estos días: en estas elecciones han votado 1.189.000 personas menos que en diciembre pasado, muy mayoritariamente votantes de izquierdas. Así, en el 20-D la suma de votos de la izquierda (PSOE, IU y Podemos) fue de 11,6 millones de votos frente a los 10,7 de la derecha (PP y Ciudadanos), es decir, cerca de un millón más, mientras que el 26-J la derecha alcanzó 11,1 millones de votos, medio millón más que la izquierda que obtuvo 10,4 millones.

 

 

Estos resultados suponen, por tanto, un claro desplazamiento de los votantes a la derecha, seguramente motivado por la desafección política de una parte importante de los votantes de la izquierda. Con relación a ésta: Unidos Podemos ha perdido más de un millón de votos respecto a la suma de Podemos e Izquierda Unida en diciembre y ha mantenido el mismo número de escaños (71), mientras el PSOE ha perdido cien mil y cinco escaños, quedándose en 85.

 

 

Las formaciones de la izquierda no pueden estar satisfechas de los resultados obtenidos. A la vista de las consecuencias de la repetición de las elecciones es evidente que se desperdició una ocasión que los ciudadanos habían puesto en sus manos para abrir un proceso de cambio con el consiguiente relevo en el gobierno de España. Sin duda, el fracaso de las negociaciones para la investidura ha tenido mucho que ver con este resultado electoral con independencia de la cuota de responsabilidad que a cada cual se atribuya en el mismo.

 

La pretensión, no declarada pero puesta en evidencia, por parte de Podemos de situar el sorpasso al PSOE como principal objetivo formó siempre parte de su estrategia tras la absorción de Izquierda Unida en la coalición Unidos Podemos. Una coalición que no ha funcionado a pesar de los espejismos demoscópicos de algunos y que abrió más aún la brecha por la competencia y el liderazgo en la izquierda, en lugar de ensayar nuevos espacios de colaboración desde el respeto a la pluralidad. Por su parte el PSOE, aunque ha resistido el envite, está muy lejos de poder liderar en solitario una alternativa aún manteniendo el liderazgo en la izquierda.

 

Un escenario, pues, lleno de incertidumbres que abre necesariamente un nuevo tiempo en el que la reconstrucción de los proyectos políticos junto con su expresión parlamentaria pondrá a prueba tanto la necesaria “reconexión social” de unos, como los límites del “realismo político” en otros.

 

Sin embargo, Mariano Rajoy el Renacido y el PP no deben olvidar que, a pesar de las apariencias y de las debilidades de sus adversarios, han perdido cerca de 3 millones de votos y 49 escaños respecto al 2011 y cuentan con una precaria mayoría de 137 diputados, solo un 33% de los votos, frente a más de dos tercios de ciudadanos que han optado por otras opciones.

 

Rajoy tendrá que fajarse y abordar su particular travesía del desierto para conseguir tanto la investidura como la gobernabilidad del país sin responsabilizar a otros de su falta de apoyos. Tendrá en definitiva que introducir cambios imprescindibles en su política y en su gobierno.

 

Pasaron los tiempos de la mayoría absoluta y, por tanto, de la impunidad parlamentaria. Ya no puede esgrimir la necesaria gobernabilidad en abstracto, tiene la obligación de concretar qué está dispuesto a modificar, en qué leyes, con qué presupuestos, en qué medidas para abordar la endémica corrupción en su partido.

 

En definitiva, el país necesita un gobierno, unas terceras elecciones no son una opción, pero el país necesita también cambios muy profundos tanto en las políticas como en la forma de ejercer el gobierno.

 

Debe intentarlo y tiene la legitimidad para hacerlo, pero si no está dispuesto o no puede debe dejar paso a que otro candidato lo intente.

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Juan Jose Gonzalez
Juan Jose Gonzalez

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