Las lágrimas de san Vicente

¿Pobre criatura! Qué triste espectáculo ver al miguelete, cómo una bendita Magdalena, derramando por sus molletes faciales lágrimas como puños, que de haberlo sabido podríamos haberlas canalizado vía Seur a la huerta murciana, aliada de María de los Dolores de Cospedal, para regar los hoyos de los campos donde los pelotaris hortelanos pegan unos pelotazos (entiéndase, también, por golpear con un palo una pelota de golf) que a Pedro Sánchez, amo de la compuerta de Entrepeñas, le trasladan a “Alicia en el país del agua y de las lechugas” .

 

¡Pobre hombre! ¡Qué manera de llorar! ¡Qué manera de sufrir! ¡Qué manera de hacerse el haraquiri!

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