“LAS COOPERATIVAS SON LA SOLUCIÓN PARA EL CAMPO”

ÁNGEL VILLAFRANCA, PRESIDENTE DE COOPERATIVAS AGROALIMENTARIAS:

Ángel Villafranca lleva el campo en los genes y en defensa de la agricultura y la ganadería ha hecho del cooperativimo su misión personal y profesional. Líder de la organización nacional de Cooperativas Agroalimentarias, tiene claro el objetivo final del esfuerzo cooperativo: hacer rentable y dignificar el trabajo de los productores.

 

Ángel Villafranca, presidente de Cooperativas Agroalimentarias de España.

 

Manchego nacido en Alcázar de San Juan (1958) y afincado en La Puebla de Almoradiel, Ángel Villafranca no conoce fronteras en su labor de defensa del campo, el vino y el cooperativismo, a los que lleva dedicado toda su vida. Y no ha debido hacerlo mal, al menos eso opina el Gobierno de Francia, que el pasado año le concedía la medalla de caballero de la Orden al Mérito Agrícola, en reconocimiento a su trayectoria dentro del sector agroalimentario y por su papel en la constitución del comité mixto hispano-francés del vino.

 

Preside la organización de Cooperativas Agroalimentarias de España y de Castilla-La Mancha y entre sus diversas responsabilidades directivas están también la presidencia de la Organización Interprofesional del Vino Español y la vicepresidencia de Dcoop, uno de los tres mayores grupos cooperativos de España.

 

AQUÍ: Con tantas responsabilidades, ¿le da tiempo a pisar el campo?

 

ÁNGEL VILLAFRANCA: Me gusta mucho el campo, aunque es cierto que por los muchos cometidos que tengo ya voy poco, casi lo dejo para las vacaciones y los fines de semana. Pero sigo siendo agricultor, por vocación y por tradición; desde mi tatarabuelo, todas las generaciones hemos sido agricultores, y ahora también lo es uno de mis hijos.

 

 

AQUÍ: El campo está en lucha. ¿Es una crisis que hay que llevar a las calles o que hay que resolver en los despachos?

 

A. VILLAFRANCA: Se necesita el respaldo de la sociedad y hay que comunicar bien lo que está pasando para generar un debate necesario. Sería bueno poder resolver todos los problemas en los despachos sin tener que forzar la movilización, pero en la sociedad en la que vivimos no nos queda más remedio que actuar. Las movilizaciones que se han hecho hasta este momento creo que han sido muy positivas para el sector, que está haciendo que trascienda el debate de la España vacía, de la España rural. Que se abra el debate de lo que cuesta producir un kilo de tomates, o un litro de leche. Es bueno poner en primer plano de la actualidad lo que hacemos los agricultores, los ganaderos, las cooperativas… Confío en que las administraciones -empezando por la europea, pasando por la estatal y llegando a la autonómica- sean capaces de tener la sensibilidad de poner en valor lo que representa el mundo rural y la agricultura.

 

AQUÍ: La falta de rentabilidad que denuncian los agricultores españoles en general y los castellano-manchegos en particular, ¿es un problema compartido por todo el sector primario europeo?

 

A.V.: Es un problema europeo, pero con matices. Nosotros sufrimos más la pérdida de rentabilidad que otros países de la Unión Europea porque además tenemos un clima más extremo, que ha provocado que el año pasado hayamos sufrido sequía, tormentas… Hay un sentir general en el mundo rural en el que parece que el discurso ecologista predomina, se quieren poner normas a la agricultura y ganadería sin ser conscientes de que somos los que producimos los alimentos y los primeros interesados en vigilar y cuidar el medio ambiente. Para hacer una agricultura sostenible como nos demanda la Unión Europea y la sociedad no sólo hay que hacerla sostenible medioambientalmente, primero tiene que ser sostenible económicamente y socialmente, tiene que haber renta y personas detrás.

 

AQUÍ: Decía Antonio Machado que “todo necio confunde valor y precio”, ¿es lo que está pasando en el campo, que vale más lo que se produce que lo que se está dispuesto a pagar por ello?

 

A.V.: Efectivamente, los productos valen más de lo que se está pagando por ellos, aunque en algunas ocasiones lo que está pasando es que el consumidor está pagando mucho más de lo que cobra el productor, porque la cadena hasta llegar al consumidor es tan larga, la hemos incrementado tanto que es ahí donde hay que incidir. Hay que apostar claramente por infraestructuras bien dimensionadas, por cooperativas bien integradas, con capacidad fuerte de negociación, que detrás de esas cooperativas haya una masa crítica suficiente que ayude a los agricultores y ganaderos a poner en valor sus productos.

 

En materia de agua no podemos seguir con normas de hace 40 o 50 años cuando todo lo demás ya ha cambiado. Usemos la tecnología para hacer que el agua llegue a nuestras explotaciones. vayamos más allá de una cultura ecologista engañosa, innovemos

 

AQUÍ: El cooperativismo tiene una larga tradición en Castilla-La Mancha, donde prácticamente la mayoría de productores está integrado en sus cooperativas locales. A tenor de las protestas de hoy, no parece que haya servido para mejorar sus precios ni su posición negociadora. ¿Está demasiado fragmentado para ser eficaz el cooperativismo regional?

 

A.V.: Las cooperativas no nacen para tener un buen edificio o buenas instalaciones, su único objetivo es conseguir mayor rentabilidad para sus socios. Hay cooperativas en las que sí se consigue y puede haber otras en las que no. Nuestra apuesta desde la organización de Cooperativas Agroalimentarias es por la integración entre cooperativas, para que se hagan de mayor dimensión, lo suficiente para poder tener una mayor capacidad de negociación y para contar con buenos profesionales. La gran distribución de la alimentación mueve miles de millones de euros, la primera de España (Mercadona) factura casi lo mismo que todas las cooperativas españolas de todos los sectores, lo que da una idea del poder de negociación tan limitado de una cooperativa pequeña o mediana que facture 4 ó 5 millones de euros.

 

AQUÍ: ¿El tamaño es el factor determinante de la rentabilidad o, incluso, de la supervivencia?

 

A.V.: No es sólo el tamaño lo que afecta a la rentabilidad. Hay que conseguir un producto diferenciado, que te lo valore el consumidor. Pero si tu producto lo tienen igual cien cooperativas de tu entorno difícilmente vamos a conseguir subirle el valor. Hay un trabajo por hacer aún de agrupar oferta, no para incrementar los precios al consumidor, sino para tener más fuerza negociadora, en muchas ocasiones con importadores que provienen de otros países. En el caso de nuestro vino, el 50% sale de España, se vende fuera. Necesitamos agrupar, integrar, con muchas fórmulas diferentes pero un único objetivo: que el socio obtenga mejor precio por su producto.

 

AQUÍ: En el sector del vino fue pionera en los años ‘80 del siglo pasado la cooperativa Baco, la primera en agrupar a diversas cooperativas de Castilla-La Mancha para comercializar vino. ¿Qué beneficios ha reportado este proyecto con la perspectiva que dan los más de 30 años de experiencia?

 

A.V.: Baco se constituyó en 1989 pero empezó a trabajar en 1996. Los resultados demuestran que el grupo Baco es hoy una referencia en el mundo del vino internacional, exportamos, según el año, entre un 85 y un 92% de la producción. Nuestros socios obtienen unos productos rentables y, por encima de todo, tenemos un proyecto. Ocasionalmente hay operaciones puntuales con buenos precios, pero los proyectos van más allá de operaciones puntuales, son de largo recorrido. La garantía que da la cooperativa a sus socios es que los precios van a ser lo mejor posible y que van a cobrar en un plazo que les permita no tener tensiones económicas, porque la nómina del agricultor es el pago de las producciones que lleva a la cooperativa y no puede estar meses sin percibir una renta. La cooperativa da una regularidad. Eso es lo que garantizamos desde hace muchos años; en el caso de Baco, cada dos meses los socios perciben su remuneración. Desde hace un año y medio estamos en el mercado de la botella, hemos dado un salto más. Yo creo que en no más de cuatro o cinco años las cooperativas vamos a liderar el mercado del vino.

 

Villafranca con el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.

 

AQUÍ: Baco también ha apostado por saltar fronteras autonómicas y formar parte de una gran empresa cooperativa nacional, Dcoop, una de las tres mayores del país. Como presidente de Baco, ¿satisfecho con la experiencia de integración?

 

A. V.: En el año 2014 entendimos que a pesar de que Baco en el sector del vino era la primera cooperativa en facturación, seguíamos siendo muy pequeños a la hora de abordar ciertos problemas. Seguimos intentando crecer dentro de Castilla-La Mancha, pero no fue posible y decidimos integrarnos en Dcoop, un grupo de cooperativas de Andalucía, Extremadura, País Vasco y Castilla-La Mancha. Dcoop tiene aceite, aceitunas, frutos secos, leche de cabra, piensos compuestos, ganadería de porcino, suministros y nosotros gestionamos la sección del vino, con sede en Alcázar de San Juan. La experiencia es muy positiva, no podemos valorarlo de otra forma. Te abre la visión si es que teníamos alguna duda, y facilita la capacidad de negociación y llegar a nuevos mercados. Dcoop, en función de la capacidad de los productos está entre las tres primeras cooperativas de España, con una facturación de más de mil millones de euros, lo que nos da un peso importante aunque nos queda mucho recorrido para acercarnos a las grandes cooperativas europeas que facturan 5.000 ó 6.000 millones de euros. Dcoop tiene más de 70.000 socios, 8.000 en Castilla-La Mancha. Todo esto hace sentirse orgullosos y tener una responsabilidad muy fuerte.

 

AQUÍ: Cuando explosionó el cooperativismo en el siglo pasado era frecuente que casi cada pueblo de Castilla-La Mancha tuviera su propia cooperativa o incluso dos o más del mismo sector. Se ha avanzado en el proceso de concentración en la última década, pero aún hay 555 cooperativas en la región. ¿Se va demasiado despacio en los procesos de agrupación o integración?

 

A.V.: Queda mucho por hacer, hay que integrar muchas más cooperativas, porque no hay otro camino. Pero también hay que decir que hemos avanzado; dentro de Cooperativas Agroalimentarias de España se hizo hace ocho años un Plan Estratégico en el que entendimos que era necesario fomentar la integración, fuimos capaces de trasladar ese mensaje al Ministerio de Agricultura, entonces con Arias Cañete, que desarrolló una ley de integración cooperativa, la siguió desarrollando el ministro actual, Luis Planas, y creemos que esa ley sigue siendo una de las soluciones a los problemas del campo. La unión cooperativa para ganar capacidad de negociación en este momento es parte de la solución y así lo cree el ministro. Así lo cree también nuestro consejero de Agricultura, Francisco Martínez Arroyo, que lo ha secundado con medidas a nivel regional para fomentar los procesos de integración cooperativa. No son fáciles, porque no se pueden construir de arriba abajo, tiene que nacer del convencimiento de los socios, de la base. Cuando se hace así funciona y es un camino sin retorno. En Baco tenemos integradas cooperativas de vino del País Vasco, de La Rioja y de Jerez, y comercializamos nuestros vinos en común. Los mercados cada día están más globalizados y es más difícil llegar a un comprador, por lo que cuanto más le puedas ofrecer mejor.

 

AQUÍ: ¿Tienen las cooperativas agroalimentarias peso suficiente para negociar con las grandes empresas de la distribución?

 

A.V.: La gran distribución es uno de nuestros retos, tenemos que sentarnos a negociar. Si una parte importante de los consumidores van a estos supermercados tenemos que estar allí, aunque no es fácil. Confiamos en que la garantía que trasladamos al consumidor de la trazabilidad de nuestro producto es una apuesta para tener capacidad de negociar y de llegar a entrar.

 

AQUÍ: Mientras que las organizaciones agrarias denuncian que los agricultores y ganaderos han perdido rentabilidad en los últimos años, Cooperativas Agroalimentarias de Castilla-La Mancha ha presentado un balance muy positivo, con una facturación creciente y una mayor creación de empleo en las cooperativas. ¿Qué se desprende de esta contradicción?

 

A.V.: Nosotros aumentamos la facturación porque cada día hacemos más procesos que dan valor añadido al producto. Nuestras cooperativas han implantado normas de calidad, tienen buenos técnicos, investigan e innovan porque el ciudadano europeo quiere cada vez menos fitosanitarios, menos contaminantes… en ese escenario damos soluciones y obtenemos resultados. Pero estamos asistiendo a un cambio de ciclo económico y social, hay nuevos escenarios geopolíticos, hay preocupaciones en el ciudadano muy distintas a las de hace unos años, hay más concienciación ciudadana en cambio climático, en sostenibilidad, hay más preocupación por la salud… y en este cambio de ciclo, las cooperativas como parte del sector agroalimentario tenemos que dar respuestas a esos retos.

 

AQUÍ: Tenían previsto celebrar en Toledo este mes de marzo el VIII Congreso Nacional de Cooperativas Agroalimentarias, pero se ha pospuesto a causa del temor al coronavirus. Ante las grandes incertidumbres (Brexit, aranceles de EEUU, pandemias…) ¿qué les pide el cuerpo, replegarse hacia casa o hacerse más fuerte en un mercado global?

 

A.V.: España es una potencia agroalimentaria, podemos ser los primeros, segundos o terceros según el producto del que hablemos en exportación a Europa y al resto del planeta, con lo que no podemos dejar de mirar al mundo. Nuestra apuesta es porque las fronteras y los acuerdos comerciales sean cada vez más flexibles, pero no sólo para que los productos de cualquier lugar entren en Europa, sino para que nosotros podamos llegar a otros mercados. Pero es cierto que el mundo en los últimos años parece que cambia al revés, con cierres de fronteras sanitarias, con exigencias de más papeles… pero no se puede dar marcha atrás.

 

AQUÍ: Por muchas que sean las amenazas que vienen de fuera, en nuestra región tenemos la mayor de todas: la escasez de agua. ¿Qué posición tiene ante la negociación de un Pacto por el Agua en Castilla-La Mancha?

 

A.V.: En Cooperativas Agroalimentarias de España hemos constituido una sectorial de agua, porque lo vemos como un reto nacional. El agua es un bien escaso que hay que dosificar pero sin el cual no podemos desarrollar nuestra actividad. Castilla-La Mancha no puede seguir viviendo de espaldas al agua que corre por nuestra tierra y que se va a otras zonas, hay que ver lo que tenemos abajo (instamos a la Administración a que realice un estudio actualizado sobre el potencial de las aguas subterráneas de la región); hay que hacer una política redistributiva del agua que permita que nuestros pueblos no se vacíen y que nuestra industria agroalimentaria se desarrolle. Yo sé que esto es difícil con un bien escaso, pero hay que cambiar cosas, no podemos seguir con normas de hace 40 ó 50 años cuando todo lo demás ya ha cambiado. Pongamos toda la tecnología para hacer que el agua llegue a nuestras explotaciones. No sólo hay que quedarse en una cultura ecologista engañosa, utilicemos el agua depurada, aprendamos a reutilizarla. Siempre en positivo para innovar.

 

AQUÍ: Ha recibido la Medalla al Mérito Agrario del Gobierno de Francia. ¿Es de los que piensan que los galos valoran más a sus agricultores que los españoles a los suyos?

 

A.V.: Fue una sorpresa recibir esta medalla, creo que se ha reconocido en mi persona una labor que ha hecho el sector del vino para llegar a acuerdos importantes entre cooperativas españolas y francesas. Que me lo reconozca un país como Francia es muy de agradecer y tengo que compartirlo con todo el equipo que trabaja todos los días y son los que me dan fuerza. Creo que los franceses valoran mucho a su sector primario, mientras que la sociedad española lo dejó un poco al margen, abandonó su mundo rural a pesar de que una gran mayoría venimos de los pueblos. Algo tendremos de responsabilidad el propio sector agrario y ganadero por no haber sido capaces de poner nuestro trabajo en valor.

 

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