Las barbas del vecino

El turismo puede caer sobre un territorio como maná o como plaga. La diferencia entre ambos extremos suele estar en la cantidad. Rebasados ya los límites de lo soportable, en algunas zonas de España comienza a hablarse de ‘turismofobia’, una palabra incómoda que define un fenómeno inquietante, sobre el que deberían empezar a reflexionar las ciudades más turísticas.

 

Toledo, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, está en la fase de recibir el turismo como maná, a pesar de las escenas tumultuosas que ya se ven frecuentemente de turistas atascando las escaleras mecánicas que suben al Casco Histórico o invadiendo sus estrechas calles; a pesar de la transformación comercial del centro histórico, que ha perdido prácticamente todo su comercio local de abastecimiento a la vecindad en favor de los comercios de souvenir, de regalos, de moda de bajo coste, etc.

 

Sin embargo, el criterio generalizado sigue siendo aplaudir los picos de récords de visitantes que tiene la ciudad, enfatizar los crecimientos que se registran en los meses buenos y buscar eventos que atraigan, si puede ser, multitudes. Es entendible. El turismo está siendo la puerta de salida de la crisis económica que tan duramente ha golpeado (y aún lo hace) a nuestra Comunidad, en general, y a la provincia de Toledo en particular. La hostelería recupera resuello y el empleo crece en todas las actividades relacionadas con el turismo (otra historia es la calidad de ese empleo).

 

No sabemos con certeza o veracidad cuántos turistas recibe Toledo cada año, porque una gran parte de ellos no pernocta, aprovecha la cercanía de Madrid para ser visitante de ida y vuelta en un día (el AVE, que ha sido una bendición para la ciudad, también ha aumentado el número de viajeros de paso). En 2014, año que marcó un antes y un después en la historia reciente del turismo en Toledo gracias a la conmemoración del IV Centenario de la muerte de El Greco, se dio la cifra oficial de 3.500.000 de turistas.

 

A grosso modo se calculan, dependiendo del año y del optimismo de la fuente, entre 1.000.000 y 2.000.000 de turistas anuales. ¿Dónde poner los límites para evitar la plaga y mantener el maná? Ecologistas en Acción ha abierto la espita de un debate incómodo al criticar abiertamente el gran proyecto turístico y de ocio que se ha presentado en Toledo hace unos meses: el futuro parque temático de Puy du Fou, que recreará la historia de España a través de grandes espectáculos. El proyecto, que trae bajo el brazo promesa de fuertes inversiones y creación de más de 1.000 empleos, ha concitado el apoyo incondicional de todas las administraciones -Gobierno regional, Ayuntamiento y Diputación-. El presidente, García-Page, ha llegado a pedir “altura de miras” para no boicotear este proyecto, asegurando que “no es un pelotazo”. Pero los ecologistas ponen el dedo en dos llagas: la escasez de agua disponible en el Tajo para atender las necesidades de este macro-parque y la masificación turística que puede generar. Piden que se analicen con seriedad estos impactos.

Prado López Galán
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