LA VIDA EN EL LIMBO DE LOS MENAS

Todos juntos no llenarían un pequeño instituto de bachillerato de provincias. Apenas 150 inmigrantes menores de edad y solos (conocidos como ‘menas’) viven en Castilla-La Mancha, tutelados por la Junta de Comunidades y bajo la guarda de diferentes organizaciones sociales. Son pocos y están repartidos en pequeños grupos por todo el territorio regional. Viven atrapados entre una política de inclusión que pierde recursos y una sociedad cada vez más excluyente.

 

 

Salen del infierno, buscan llegar al paraíso y se quedan a medio camino, atrapados en un limbo, cuando no en un purgatorio en el que expiar pecados que no han cometido. Aún no han cumplido los 18 años y ya arrastran duras historias, empezando por haber dejado atrás a su familias y su país de origen para emprender un viaje peligroso y alcanzar un destino incierto.

 

El Registro de Menores Extranjeros no Acompañados del Ministerio de Interior contabilizaba el pasado mes de julio 12.262 menas en España, de los que 154 están en Castilla-La Mancha, según los datos facilitados por la Delegación del Gobierno en la región (la Junta de Comunidades cifra en 149 los menores extranjeros no acompañados que tutela en la actualidad). Andalucía, Ceuta, Melilla, Cataluña y Euskadi concentran más del 70% de estos menores, que proceden del Magreb y del África subsahariana mayoritariamente.

 

¿Es suficientemente solidaria Castilla-La Mancha con los niños y adolescentes inmigrantes que recalan solos en España? ¿Se podría hacer más? ¿Qué recursos se destinan a su adaptación e integración? Ni a éstas, ni a otras cuestiones relacionadas con el plan de acogida a estos menores ha querido contestar la consejería de Bienestar Social, por considerarlo “un tema controvertido al que no hay que dar publicidad”, en palabras de la directora general de Infancia y Familia, María Ger.

 

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