La sociedad del ocio

Si algo viene caracterizando a nuestra sociedad, desde hace varias décadas, es la importancia, social y económica, del ocio, como una parte de lo que se ha dado en llamar el Estado del Bienestar, o Welfare State que estableció el mariscal Otto von Bismarck en Alemania, en el siglo XIX y que ha inspirado las políticas sociales en el seno de la Unión Europea desde su creación.

 

Puede que el lector piense que soy demasiado superficial y que el desarrollo de un país o una zona geográfica debe sustentarse en algo más sólido, que se pueda ver y tocar. Pero lo cierto es que en una sociedad desarrollada, postindustrial, el mundo de lo intangible es el que genera un mayor valor añadido y una creciente demanda por parte del ciudadano.

 

En economía se conocen los denominados bienes superiores, cuya demanda crece más que proporcionalmente, cuando crece nuestra renta. Entre esos bienes superiores está el ocio, que engloba multitud de sectores de los que viven infinidad de empresas, que son generadoras de empleo y, sobre todo, de empleo de futuro: turismo, cultura, gastronomía, todo tipo de servicios relacionados con la salud, etc.

 

El ocio es, en sí mismo, una pujante industria creadora de riqueza, que necesita de un entorno favorable y, que tiene además, una fuerte componente de generación de imagen país. Es justamente esa estrecha relación entre ocio y marca país, lo que suscita, cada vez más, el interés por parte de las autoridades económicas, que ven en su potenciación, un fuerte reclamo hacia clientes y ciudadanos extranjeros. “Contamínate, mézclate conmigo” reza la conocida canción de Pedro Guerra. La facilidad de comunicación entre países y ciudadanos, ha roto barreras y expande las posibilidades de ocio dentro y fuera de nuestras fronteras. Turismo y Ocio forman, así, un binomio de enorme potencia e interés económico.

 

Qué decir, por ejemplo, del deporte, que utiliza un idioma universal que no se expresa con palabras, arrastrando con él, un gran movimiento de personas, perfectamente complementario del turismo de sol y playa o de índole cultural. Los grandes o pequeños eventos deportivos pueden llenar nuestros hoteles o restaurantes, potenciando las áreas de consumo de nuestras ciudades y, lo más importante, sin importar el origen, nacionalidad o credo de los visitantes.

 

La industria literaria, musical y cinematográfica proyecta la imagen de un país en el mundo y lo hace a una velocidad de vértigo. De igual manera que los virus informáticos navegan por la red, así lo hacen los archivos musicales o los videoclips, contándose por millones las visitas o descargas desde cualquier parte del globo, rompiendo todo tipo de barreras. La propagación de información por internet o a través de las redes sociales está cambiando las estrategias de comercialización y disfrute de bienes y servicios y en gran medida, los que se dirigen a satisfacer las demandas de ocio de la población.

 

En otro ámbito, aún queda un gran trecho para que nuestra sociedad adapte sus esquemas productivos, a veces muy rígidos, a una población que está rompiendo los obstáculos geográficos, temporales o administrativos, a toque de ordenador, tableta o smartphone. La conciliación laboral, la vida personal y el ocio, deberían estar más empastados, como si de una orquesta se tratase. Cómo gestionar las 24 horas del día, de manera equilibrada, económicamente eficiente y humanamente aceptable, es el gran reto que tenemos por delante. Saber encontrar las oportunidades de negocio y prosperidad, compatibles con una demanda creciente de bienestar, no debería tildarse de superficial, sino todo lo contrario. Al final, la vida de una persona debe recoger y satisfacer, razonablemente, todos los prismas que dan forma a nuestra existencia.

 

Es cierto que no todas las sociedades están en el mismo nivel de desarrollo y, por tanto, difieren en el orden de sus prioridades, pero seguro que todas tienen los mismos deseos de prosperidad y bienestar. Ojala el ocio, en todas sus vertientes, nos hiciera comprender que la búsqueda de la felicidad pasa más por conocernos mejor y compartir nuestros gustos y nuestras diferencias, que por el ansia desmedida de poseer, olvidándonos del sentido común.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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