La olla a presión

Es curioso el impacto que están teniendo los programas de cocina. Los que apenas sabíamos hacer un huevo frito, estamos descubriendo que ese mundo es divertido e incluso relajante. Sin embargo, una pieza clave que todos aún tenemos, es la olla express. Ese sonidillo de máquina de tren de vapor en nuestras casas, dejando un tufillo a cocido, o carne con patatas, lo tengo metido en mi pituitaria desde niño.

 

La olla a presión era ese instrumento de laboratorio que nos enseñaba un poco de física: la temperatura de ebullición del agua aumentaba con un aumento de la presión, lo que aceleraba el proceso de cocción, ahorrando tiempo y energía. No obstante, cuando entraba en la cocina y ese dispositivo estaba chiflando como loco, tenía la sensación de estar en serio peligro de explosión inminente. Mientras tanto, mi madre deambulaba tranquilamente como si tal cosa, confiando plenamente en la válvula de escape que, en las ollas de entonces, giraba alocadamente con un ruido considerable y que es la que mantiene la presión interior constante y, por ende, la temperatura de ebullición.

 

Esa válvula de escape era la clave de todo, la fina frontera que se separaba el jugoso cocido de la explosión devastadora. Lo cierto es que, vivimos dentro de una olla a presión. Rodeados de tantos problemas, conflictos, luchas y sinsabores, que necesitamos una válvula de escape que nos libere. La Roma imperial se dio cuenta que la “plebe” no se rebelaría si tenía “pan y circo”.

 

Si bien es cierto que todo ello entraña una estrategia mezquina y peyorativa, lo cierto es que funciona. Es más, creen que podríamos resistir la primera parte de todo telediario, que no es sino un recuento de desastres e injusticias, si no le siguiera luego la sección de deportes. Incluso, y por si no fuera suficiente, el tiempo nos ayuda a olvidarnos por unos momentos del porcentaje de inquina que haya podido resistir al último regate de Messi o al resultado de la F1 o la moto GP. Todo es un juego de acción y reacción, aceleración y frenado, yin y yang.

 

Hemos acabado por crear un mundo dual y antagónico, en definitiva, digital: 1 ó 0. Pero lo cierto es que la realidad es mucho más analógica que digital. El término medio, el equilibrio, la ponderación es mucho más eficiente. No sé si han probado a ir bajando el nivel de potencia de la placa de la vitrocerámica, hasta conseguir que no salga casi vapor por la válvula de la olla express. Se darán cuenta que apenas con un mínimo de gasto se tiene el mismo resultado.

 

Pero nos gusta el exceso, la confrontación y el ruido. Por si fuera poco y, probablemente por desidia de todos, se ha puesto al volante lo mejor de cada casa. Nuestra sociedad, la casa de todos, la dirigen individuos que a duras penas hubieran resistido la más sencilla selección de personal. Recuerdo como si fuera ayer muchos comentarios de mi padre, pero sobre todo uno “hijo, que nunca avergüences a tus padres”. ¿Pero es que nuestros políticos no tienen padres? : yo siento vergüenza ajena escuchando a la mayoría.

 

Afortunadamente y como le comentaba a mi amigo Javier Ruiz, la gente normal, la de la calle, nos ofrece muchas válvulas de escape que nos reconcilian con nuestra especie y, si no, les animo a ver unos minutos alguna retransmisión de los Juegos paralímpicos, por ejemplo, para corroborar lo que les digo. Es como si a Yahvé se le hubiera olvidado alguna plaga bíblica para castigar al antiguo Egipto y ahora nos hubiera caído una lluvia de incompetentes, que encima no se van de vacaciones.

 

Lo dicho, no hay nada más peligroso que un tonto con ganas de trabajar. Bueno voy a apagar la olla express, no se me pasen los garbanzos, con las cosas de comer no se juega. Eso también los decía mi padre, pero como los políticos no tienen padres, a lo mejor no lo saben. .

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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