La lucha contra las máquinas

Los niños que hemos crecido con las novelas de Julio Verne y que hemos visto pasar de la televisión en blanco y negro a la Smart TV 4K y de las conferencias a través de una centralita de Telefónica a las llamadas gratuitas a cualquier parte del mundo por Whatsapp, no nos sorprendemos ya de casi nada.

 

No somos nativos digitales, pero tampoco ignorantes supinos sobre estos temas como en el fondo piensan nuestros hijos. A poco análisis deductivo que le apliquemos al futuro que se nos avecina, nos vamos a encontrar con una capacidad de computación y desarrollo lógico de sistemas informáticos que van a dejar a películas como “Yo Robot” o “Inteligencia Artificial” a la altura de unas alpargatas.

 

El conocimiento puede que no lo hayan desarrollado las máquinas hasta la fecha, pero, desde luego, lo van a atesorar, gestionar y, por qué no, incrementar a una velocidad de vértigo. En consecuencia, cuál va a ser el papel del ser humano en las próximas décadas, viendo el ritmo al que se está desarrollando la sociedad del conocimiento. De hecho, dónde va a radicar el conocimiento de nuestra sociedad, ¿en las mentes privilegiadas o en los sistemas informáticos que dichas mentes están desarrollando? Si Calderón de la Barca tuviera que repartir los papeles en su Gran Teatro del Mundo, cuáles tendría reservado para la especie humana y cuáles para las máquinas que van a ir poblando nuestras ciudades; “éramos pocos y parió la burra”.

 

El móvil, ese pequeño dispositivo que todos llevamos cogido de la mano como si fuera nuestra pareja de viaje, no solo sabe ya mucho de nosotros, de nuestros gustos y costumbres; no solo acumula una enorme cantidad de información vital para nuestras vidas, sino que es capaz de difundirla, sin nuestro consentimiento, a quién sabe quién y con qué objetivos ocultos. Entre eso y el Gran Hermano que nos supervisa o el Ojo de Mordor que tiene la tentación de esclavizarnos, hay ya solo un sutil paso, moralmente indeseable, pero técnicamente posible.

 

Personalmente creo que la batalla del conocimiento está casi perdida, a duras penas la mente humana y nuestro libre albedrío pueden establecer los límites del campo de juego, pero quien decide que la pelota ha sido mala o buena es el ojo de halcón, casi infalible y contra el que no cabe recurso. Sin embargo, donde no cabe un progreso equivalente de la inteligencia artificial, de las mentes de hojalata, respecto a la mente humana, es justamente en el mundo del espíritu. Creo que el ser humano tiene una brutal ventaja comparativa en todas aquellas facultades relacionados con el arte, la creación, la imaginación, la moral, el bien social y personal, la felicidad en último término.

 

Junto con la sobrevalorada sociedad de la información, convive la sociedad del ocio, en cierta forma vilipendiada, pero que aglutina todos esos elementos etéreos a los que me refiero y que son los que justifican el que el ser humano fuera creado a imagen y semejanza de Dios. Bueno no quiero en absoluto plantear aquí una cuestión de fe o de religión, es un mero intento de centrar al ser humano en los valores superiores que le diferencian de la mera materia. Como dijo Albert Einsteinexplicar lo que sentimos por la persona a la queremos, en términos de la química del amor, es restarle magia”.

 

En todas aquellas capacidades donde prevalezca la fuerza bruta o el conocimiento medido en toneladas de bits, no tenemos nada que hacer. Nunca seremos ni tan fuertes, ni tan rápidos como una máquina. Pero si jugamos a ser Dios, perdón por el atrevimiento, es decir, si nos centramos en desarrollar todo lo que tiene de mágico la vida, en pro del bienestar del prójimo, puede que no vivamos más tiempo, ni seamos más ricos, pero sin duda seremos más felices, desde luego mucho más que nuestro móvil súper-mega plus, que por cierto ya nace con obsolescencia programada, por si las moscas.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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