La izquierda del sofá

El actual “cocinero mayor” del reino, José Félix Tezanos, tendrá que zamparse sus “indigestos guisos electorales” sin rechistar, y engullirlos sin pan y sin vino, toda vez que no ha acertado ni una desde que llegó a los “fogones” del CIS procedente de la sede socialista de Ferraz, pero a este catedrático de sociología, que ni se enteró por dónde iban los tiros (y nunca mejor dicho) en Andalucía, tendrán que acompañarle, y merendarse los despojos del banquete demoscópico, el resto de las empresas de opinión tan autistas o más que el Centro de Investigaciones Sociológicas, salvo GAD 3, que casi clavó el resultado de las andaluzas en sendas encuestas publicadas en ABC y la Cope, cuando este gabinete de opinión, liderado por el consultor de cabecera de PP, Ciso Michavila, no suele dar pie con bola. ¿Casualidad? ¿Suerte? Sea como sea, acertó, y es de justicia reconocérselo.

 

Y justo es también que Susana Díaz se eche a un lado, admita la responsabilidad de la debacle (¡ya, ya! la movida catalina también ha sumado) socialista y con su sentido de Estado que dice poseer permita explorar a PSOE y Ciudadanos, con la venía de Teresa Rodríguez y cómo quiera llamarse el galimatías semántico que ha llevado a Podemos a la ruina electoral, nuevos caminos capaces de frenar a la ultraderecha y a sus socios del PP, partido que está dispuesto a pactar con los pescaditos fritos si hace falta con tal de conseguir la presidencia de San Telmo, a pesar de que ha perdido más 300.000 votos y siete escaños y obtenido el peor resultado de su historia en unas elecciones autonómicas de Andalucía.

 

Nadie en España perdonaría a Albert Ribera pactar con Vox, y mucho menos sus socios europeos, que tienen por norma sanitaria e ideológica rechazar los votos de los ultras y las extremas para gobernar en sus respectivos territorios. No quieren al fascismo que, una vez más, llega a España por el sur, mientras que las izquierdas decidieron el domingo quedarse en casa y mimetizarse con su sofá para ver las gilipolleces televisivas de Juan y Medio, frente a sus vecinos y señoritos que acudieron masivamente a las urnas, o emitieron un voto de castigo que paradójicamente se vuelve contra ellos, como muy bien recogían las redes estos días a través de distintas parodias, como esta: “Érase una vez una cigarra que enojada con la hormiga, votó por el insecticida”.

 

Yo que Emiliano García-Page tomaría buena nota de lo sucedido en Andalucía. No porque los ultras de Vox vayan a entrar en el Parlamento castellano-manchego. No, creo que estos señores y señoras se tendrán que conformar con rendir culto a Moscardó y Milans del Bosch en el Alcázar. Hay que dejarse de zarandajas y tontunas de centralidades e ir directamente al encuentro del voto olvidado de izquierdas, máxime si en la actualidad Podemos está hecho un Ecce Homo y sus dirigentes se reparten mutuamente hostias goyescas para ver quién la tiene más larga y cuál de los dos (José García Molina y David Llorente) debe ser el macho alfa que conduzca a la manada al matadero electoral del 26 de mayo de 2019.

 

El presidente debe saber que el voto de la derecha y del centro derecha está ya pillado por PP y Ciudadanos, si bien es cierto que hay un voto personalista, directo, procedente de todos los caladeros electorales, que García-Page ha sabido cultivar con acreditada inteligencia desde el mismo día que llegó al Palacio de Fuensalida, como buen discípulo de Pepe Bono que es. Pero lo que no puede permitirse Page es subestimar el voto de la “izquierda del sofá”, la mayoría de ascendencia socialista con pedigrí, que no entiende cómo su líder natural coquetea con formaciones antagónicas, cuando todo indica que Ciudadanos jamás le entregaría al PP la presidencia de Castilla-La Mancha ni ninguna otra comunidad (salvo Andalucía, ya veremos) en la que los socialistas fueran los más votados por una razón básica: Rivera oposita a presidente del Gobierno y para ello es necesario anular a Pablo Casado y sustituir al PP como opción mayoritaria, creíble y limpia de trigo y paja corrupta del centro derecha.

 

Por eso, Emiliano García-Page necesita nuevas caras, menos encorbatadas, con perfiles de centro izquierda, capaces de sumar y no restar votos para la cita de mayo donde nadie, ni siquiera los pitonisos de GAD 3, se atreven a predecir resultados certeros. De lo que sí debemos aprender del desastre andaluz, es que el 40 por ciento de los votantes de izquierda se quedaron en sus casas y se negaron a ponerse una pinza en la nariz para ir a votar en uno de los peores domingos, si no el peor, de la democracia española.

    

Carlos Iserte

Latest posts by Carlos Iserte (see all)