LA IMPORTANCIA DE DAR TRIGO

TODO ESTO, TENGA SU ORIGEN EN LA FE O EN LA IDEOLOGÍA O EN LA RAZÓN QUE SEA, ES VALIOSO PARA LA SOCIEDAD, ¡QUE IMPORTANTES SON LOS EJEMPLOS QUE NOS HUMANIZAN!

Recientemente el papa Francisco ha declarado venerable al sacerdote toledano José Rivera. Este paso previo a la canonización ha sido muy comentado en los medios, tanto a nivel local como nacional. Venerable significa que este sacerdote ha vivido las virtudes cristianas de forma heroica, de modo que puede proponerse como un ejemplo a imitar.

Son muchos los toledanos que lo conocieron. Nació en la plaza de santa Isabel en 1925 (su hermano mayor fue Antonio, conocido como el Ángel del Alcázar) y murió en Toledo en 1991; sus restos reposan en la iglesia de san Bartolomé. Yo no llegué a conocerlo, pero he leído casi todos sus libros y sí soy amigo de muchos sacerdotes riverianos, que lo tuvieron como director espiritual o que son seguidores de su estilo sacerdotal.

 

¿Qué es el estilo riveriano? Es difícil resumirlo, pero supone vivir la fe evangélica de forma auténtica, sin medias tintas, con un par, combinando la oración intensa con la entrega a los demás. Un cura no puede vivir resguardándose en la comodidad de la parroquia o pendiente del escalafón, o anclado en la mediocridad, sino desgastarse en la oración y el estudio y también en la caridad, en el servicio a los demás. Pero este mensaje no es sólo para los curas, sino para todos los cristianos, en el caso de que lo sean de verdad y no sólo de boquilla. José Rivera destacó por sus prácticas ascéticas y por su pobreza, entregándose y entregando lo que tenía a los pobres, en especial a sus queridos gitanos. Es verdad que la santidad cae del cielo, pero también hay que currársela.

 

Personas así, sean creyentes o no, son faros que iluminan y siembran horizontes en la sociedad. Todos necesitamos modelos a los que seguir. Estas personas que han destacado por su compromiso con valores morales (como la abnegación, la capacidad de dialogar, el esfuerzo, la caridad o la solidaridad) brillan con luz propia en un mundo afeado por tantos problemas.

 

Es preciso reivindicar el ejemplo como categoría moral. Este es un tema sobre el que ha profundizado mucho el filósofo Javier Gomá. Los niños construyen su moral mirando y aprendiendo del ejemplo que les dan los que les rodean, de ahí la importancia de nuestro comportamiento. Pero no sólo hacia ellos: el ejemplo puede tener un efecto dominó y una fuerza educativa en todas las personas.

 

En las tareas cotidianas que hacemos (desde cumplir nuestro horario laboral hasta el respeto de las normas de tráfico cuando conducimos) encendemos una cerilla que puede iluminar a los que nos ven. Dice un proverbio hindú que el ejemplo es un viento capaz de atravesar muchos vientos, es decir, que es una semilla que puede llegar muy lejos. No es lo mismo predicar que dar trigo. Y la verdadera educación sólo se consigue dando trigo.

 

Son muchas las personas que son incongruentes (defienden unas ideas y luego hacen otra o la contraria), que son adalides de una ideología que luego no tiene nada que ver con su estilo de vida (su solidaridad sólo es de piquillo, como los pimientos). Otro peligro es el de las personas que solo se preocupan de su vida particular, que les importa un güito todo lo que vaya más allá de su familia y sus amigos.

 

Tanto la incoherencia (sobre todo en aquellos que deberían darnos ejemplo por la posición que ocupan en la sociedad, como los políticos) como el individualismo (en el que cada uno va a su bola) son negativos porque producen un efecto desintegrador en la sociedad, porque no se fomenta el valor de la coherencia con los principios y la relevancia de la vida social, en la que unos debemos preocuparnos por los otros (especialmente por los más débiles, aunque no sean nuestros parientes).

 

Ser coherente e íntegro no es fácil, porque debemos contar con la debilidad de voluntad, que nos muestra nuestras limitaciones. Pero en medio de la oscuridad muchas personas levantan su voz y se comprometen con parados, desahuciados, personas con enfermedades raras, refugiados, mujeres maltratadas, alcohólicos, ancianos desvalidos, personas sin recursos; en definitiva, con personas que necesitan una mano o las dos.

 

Hace poco me llamaba el escritor Gerardo López Laguna, porque recaudaba fondos y material porque se va a acercar con una furgoneta (él, su hijo mayor y un amigo) a llevar ayuda a los refugiados que están atascados en Eslovenia. También he vivido de cerca lo que más amigos están haciendo para acoger en Toledo a algunas familias sirias.

 

Todo esto, tenga su origen en la fe o en la ideología o en la razón que sea, es valioso para la sociedad. ¡Qué importantes son los ejemplos que nos humanizan y nos hacen mejores personas! Pensaba en todo esto al hilo de la venerabilidad del padre Rivera, al que profeso gran admiración y devoción. Aquí lo que está en juego es que la sociedad está necesitada de personas que luchen por un mundo más justo, no sólo con sus ideas, sino sobre todo con su vida.

 

Firmado:

SANTIAGO SASTRE

    

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