LA ‘ESTAFA’ DEL CONCIERTO DE U2 SE HIZO DESDE GÁLVEZ

Es una ‘estafa’ rocambolesca. Por cómo se hizo, por las dimensiones que ha alcanzado (con más de un centenar de víctimas de todo el país que ya han denunciado) y por cómo todas ellas supieron al no poder acceder al concierto quién les había engañado: tenían fotocopia de su dni real, su teléfono y su mail. En unas horas se habían organizado por las redes sociales, mientras el presunto estafador, con un intenso historial de engaños en su pueblo, Gálvez, pedía disculpas y prometía devolver el dinero a los primeros que le exigieron explicaciones. Así ocurrió todo.

 

Concierto de U2 en Madrid el pasado 21 de septiembre

 

De entre más de un centenar de personas de toda España presuntamente estafadas por Leandro Usero Villanueva, un galveño de 33 años que revendió decenas de veces copias de las dos mismas entradas para ver a U2 el 21 de septiembre en Madrid, hay una con una historia llamativa y que da buena cuenta de la pasmosa desfachatez y atrevimiento con los que actuó este chico, que pudo haberse embolsado hasta 15.000€ revendiendo copias de esas dos entradas originales que habían costado oficialmente 168€.

 

Esa historia es la de Belén, una maestra de Bargas que además fue una de las primeras que se percató de la estafa y la primera que, un día antes del concierto, puso una denuncia en el cuartel de la guardia civil de su pueblo y alertó por internet de lo que podía estar ocurriendo. Su advertencia y hasta su teléfono personal circularon de mano en mano horas antes del concierto por la interminable fila de quienes esperaban para entrar en el WiZink Center.

 

Leandro Usero, según su familia, está en tratamiento psicológico. Distintos  juzgados de Toledo y de Madrid le están investigando por más causas relacionadas con delitos económicos.

 

Algunos se enteraron ahí de que no iban a poder acceder porque sus entradas eran una mera copia de dos originales con las que ya se había entrado al recinto a las 18:58. A todos ellos les había vendido la entrada un chico que se identificó como Leandro Usero, que les dio fotocopia de su dni real como supuesta prueba de veracidad y que les contó la misma historia que también contó a Belén.

 

Belén fue una de las miles de personas que pese a estar pendiente en el mismo segundo que se ponían oficialmente a la venta las entradas para ese concierto en varias plataformas digitales, el pasado mes enero, se quedaron sin ellas. Hasta el entonces ministro de Cultura llegó a mostrar sus sospechas y pidió una investigación que aclarara cómo las entradas se habían agotado en minutos.

 

Hubo hasta quien le pagó 190€ por entrada. Son víctimas de toda España: Ciudad Real, Cádiz, Coruña, Murcia, Barcelona.. “Gente muy enfadada” que reclama también daños morales y por el desplazamiento a Madrid

 

Por eso ella, fan incondicional de la banda irlandesa, se buscó la vida para conseguir su entrada y la de su amiga de otro modo. El 3 de junio encontró una oportunidad en el portal Milanuncios y contactó con la persona que vendía dos entradas. Primero por mail y luego por teléfono. El vendedor se identificó como Leandro Usero. Le contó que tenía que venderlas porque iba a ir con su novia y habían roto, y ya ninguno de los dos es taba interesado en el concierto. “Me dijo entonces que no quería hacer negocio, que solo quería deshacerse de ellas”.

 

Quedaron en verse para cerrar la venta y se encontraron una semana después en un bar del barrio de Santa Teresa, en Toledo. Y allí se presentó Leandro, con una fotocopia de su dni real impreso en un folio en blanco, dispuesto a redactar a boli, sobre la marcha, un contrato de compra-venta. Incluso se comprometió a devolverles el dinero si tenían algún problema para acceder al concierto. “Es más, nos dijo que ese día él estaría con nosotras en la puerta por si había algún problema. Lo firmamos los tres y todo perfecto”. Ninguna sospecha entonces.

 

A ellas les pareció “un chico formal, bien vestido, que se expresaba bien. Incluso nos mandó un pdf para que también pudiéramos acceder con el móvil y nos dijo que no nos preocupáramos que ese mismo día retiraba el anuncio de las entradas. Todo parecía muy creíble”. Solo regatearon el precio. Por una entrada que oficialmente costó 84 €, él les pedía 200. Ellas dijeron que no y él terminó aceptando 270 por las dos porque su ex novia, les contó (y le escribió a Belén en un whatsapp), no aceptaba menos de 150€ por su entrada. “La metía siempre por medio en la conversación”, re cuerda Belén. Esa misma excusa de la ruptura sentimental para vender las entradas fue la que empleó con la mayoría de las víctimas.

 

Belén, que guardaba su supuesta entrada como oro en paño, tuvo el primer sobresalto apenas unas semanas después de ese encuentro en Toledo. Casualmente vio una advertencia anónima en internet que citaba a Leandro Usero como alguien que podría estar vendiendo entradas falsas para el concierto de U2 en Madrid, “utilizando la misma historia que nos había contado a nosotras”.

 

Le llamó inmediatamente y él le cogió el teléfono con normalidad. “Me dijo que cómo podía pensar eso de él, que no era verdad, que había sido cosa de su exnovia por despecho”. Belén exigió volver a verle, pero Leandro empezó ya a darle largas. “Un día le dije que no esperaba más: que tal día y a tal hora concreta nos veíamos”. Pero horas antes de la cita recibió en el móvil tres fotos suyas: una en la que se le veía tumbado en la cama de un hospital y dos de su supuesto coche destrozado por un accidente. “Y encima yo apiadándome de él. Le dije que ya nos veríamos cuando se recuperara”.

 

 

El 2 de septiembre la bargueña volvió a contactar con él. “Me dijo que no me preocupara, que iba a estar en Madrid el día del concierto con nosotras. Hasta entonces siempre contestaba las llamadas y los mensajes casi al momento”. Hasta entonces, porque cuando Belén y su amiga, animadas desde un grupo de WhatsApp, comprobaron en distintos lectores QR que las entradas no llevaban a ningún sitio y volvieron a requerirle, ya no contestó. “Veíamos que había leído los mensajes y no respondía y mi amiga empezó a pensar ya que nos la había colado”.

 

El jueves 20 de septiembre, un día antes del concierto, las dos se presentaron en el cuartel de la guardia civil de Bargas. “Primero nos aconsejaron que esperáramos a ver qué pasaba para poner la denuncia, pero les pedimos que comprobaran si Leandro tenía antecedentes y cuando lo revisaron ellos mismos nos animaron a ponerla en ese momento”. Belén escribió esa misma tarde una advertencia en el portal Milanuncios contando lo que les había ocurrido.

 

Y su teléfono no dejó de sonar los días siguientes. Incluso recibió una llamada desde Madrid en la que el interlocutor le contó cómo alguien con el mismo nombre y dni que Leandro le había estafado haciéndose pasar por su propio padre. “Era una llamada tras otra, sin parar. Gente que me contaba unos dramas tremendos, gente superindignada. La decepción fue horrorosa”.

 

Una de las fotos que Leandro mandó a Belén para cancelar una cita. Le dijo que había tenido un accidente. La misma estrategia utilizó con otras personas a las que presuntamente había estafado con anterioridad.

 

Belén es una de las administradoras de un grupo de afectados en WhatsApp que en los tres primeros días registró a casi un centenar de víctimas. Todas con la misma historia. Hubo hasta quienes le pagaron 190 € por entrada. De toda España: de Granada, de Barcelona, de Coruña, de Ciudad Real, de Murcia, de Cádiz… Gente “muy enfadada” y que o bien puso la denuncia en la comisaría del barrio de Salamanca, en Madrid, esa misma tarde, o la puso luego en sus ciudades de origen.

 

Y no solo reclamando el dinero de la entrada, también los costes del desplazamiento y alojamiento en Madrid y el “daño moral” que les supuso el sentirse engañados y, sobre todo, el no poder acceder a un concierto que llevaban meses esperando y años deseando. A todos les pareció creíble la historia de la venta por la ruptura sentimental, la fotocopia del dni como prueba, las conversaciones a través de los dos números de teléfono que utilizaba para vender las entradas o las que algunos tuvieron presencialmente con él para recogerlas.

 

Leandro contó a Belén y a su amiga que tenía que vender las entradas porque iba a ir con su novia y habían roto; y ya ninguno estaba interesado en el concierto. La misma excusa para la mayoría de las víctimas

 

Belén consiguió hablar con él un día después del concierto. Usero le devolvió la llamada. “Le dije directamente que me devolviera mi dinero, que no sabía el daño que había hecho y él me dijo que le perdonase, que no imaginaba la trascendencia de lo que había hecho y me preguntó que cuántos había como nosotras. Tú lo sabrás, le contesté”. Leandro Usero se comprometió a devolverles el dinero, al igual que hizo con todos los que lograron hablar con él hasta dos días después del concierto (desde entonces ninguno de sus tres teléfonos está operativo o contesta llamadas). A todos les pidió un par de días para poder reintegrarlo, pero 11 días después se había esfumado.

 

Nadie había vuelto a saber nada de él. Con ese desparpajo con el que había actuado, no dudo en mandar dos audios al teléfono de Belén el sábado 22 de septiembre, como ella le exigió. En uno se comprometía a estar el miércoles 26 en el cuartel de la guardia civil de Bargas. No fue. Probablemente Usero nunca imaginó que a través de las redes sociales las víctimas se iban a reunir en cuestión de horas para hacer frente común. Al cierre de esta edición la policía ultimaba en Madrid la recopilación de datos para entregar la investigación en el juzgado.

 

LA FAMILIA USERO PIDE PERDÓN Y BUSCA CÓMO PAGAR LA DEUDA

 

“Estamos destrozados, no podemos más”, comentaba a esta revista la hermana de Leandro Usero una semana después del concierto. Llevaba cinco días pidiendo perdón y contestando a afectados que habían conseguido su teléfono y le pedían explicaciones a ella, incluso después de que el martes 25 de septiembre mandara un audio identificándose como “la hermana de Leandro” al grupo de víctimas de WhatsApp, en el que ella misma calificaba “de gran estafa” e “increíble” lo ocurrido.

 

“Sentimos mucho por todo lo que estáis pasando”, les decía llorando. “Estamos intentando movernos lo más rápido posible para intentar solucionarlo, ya hemos hablado con varios bancos”, aseguraba. ¿Por qué dio la cara ante estos afectados cuando su hermano dejo de hacerlo? “Por mis padres, que están destrozados”, nos explicaba por teléfono.

 

Su abogada volvió a mandar al grupo un comunicado el viernes 28 en el que reiteraba la voluntad de la familia de devolver el dinero “en la medida en la que les sea posible, pues se trata de una familia obrera y con unos ingresos modestos”. En ese texto se recordaba que la familia Usero “es absolutamente inocente y desconocía por completo” lo que en el mismo comunicado se calificaba como “venta fraudulenta de entradas”.

 

Pedían a cada víctima que concretara las cantidades que le habían pagado y un número de cuenta bancaria. Algunos de los afectados estaban dispuestos a negociar con la familia, pero también había quien desconfiaba del ofrecimiento y, al cierre de esta edición, prefería seguir solo la vía judicial. Leandro Usero, según su familia, está en tratamiento psicológico; ya lo estaba antes de esta presunta estafa. En Gálvez le conoce todo el mundo y no precisamente para bien. Cuentan allí una tras otra historia de supuestos engaños, incluido a sus propios amigos.

 

Leandro Usero podría haber conseguido más de 15.000€ revendiendo una y otra vez copias de dos entradas originales del concierto de U2 en Madrid que oficialmente habían costado 168€

 

Una abogada que lleva el caso de unos clientes que también han denunciado a Usero por otra cuestión económica confirma que este chico tiene más causas judiciales abiertas por supuestos hechos delictivos anteriores a la venta de entradas del concierto de U2; tanto en juzgados de Toledo como de Madrid, donde le están investigando, al menos, por estafa, por falsificación documental y por usurpación de identidad.

 

Todas sus víctimas creyeron sus palabras y confiaron en él. A algunas, anteriores a la presunta estafa del concierto de U2, también llegó a mandarles la foto que envió a Belén (en la que se le ve tumbado en la cama de un hospital) para evitar citas o explicaciones cuando ya comenzaban a sospechar de él. Y así iba repitiendo estrategias.

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