La cosa está que echa fuego

Parece que fue ayer cuando iniciábamos un nuevo año 2019, lleno de buenos propósitos y deseos de paz y prosperidad. Pero lo cierto es que la realidad tozuda no hace más que sobresaltarnos y llenarnos de inquietud. Como si estuviéramos en una película norteamericana de catástrofes, hemos pasado a def-con 4.

 

A nivel global, del ya inquietante cambio climático hemos pasado a emergencia climática, donde parece que se está vislumbrando un punto sin retorno para el futuro de nuestra especie humana. Y aunque hay innumerables científicos y organizaciones que llevan estudiando el tema desde hace tiempo y las últimas conferencias en Kioto y París apuntaban en la misma dirección y sentido, este año en la reciente cumbre de Madrid se ha producido un hecho singular: ha llegado en el Polar Express una jovencita sueca de 16 añitos que se ha convertido en el Pepito Grillo de nuestras conciencias consumistas.

 

En este mundo de influencers, no podía faltar un rostro juvenil que, al margen de cualquier cualificación y experiencia, parece tener más crédito que todo el mundo científico y político juntos. De hecho, la presencia de Greta en la reciente cumbre sobre el clima ha eclipsado la ausencia de algunos de los políticos mundiales de mayor postín. Sus palabras, sin duda llenas de sensatez, son capaces de hacernos reflexionar sobre algunas verdades evidentes.

 

Pero no deja de sorprenderme que, al frente de una reivindicación de semejante calado, con unas implicaciones político-económicas difíciles de poder evaluar y que nos va a obligar, a la mayoría de los ciudadanos de este mundo, a un cambio drástico en nuestra forma de vida, nuestros abanderados sean unos muy voluntariosos pero perfectos ignorantes en la materia. De la misma manera que vivimos en una sociedad en la que muchas veces parece que se da el mismo crédito a los comentarios de un desconocido en YouTube que al profesional experto en la materia, tampoco me debería extrañar tanto que la opinión de unos outsiders sobre la contaminación de nuestro planeta, fuera tan determinante. A tal punto ha llegado nuestro grado de desconfianza en lo políticamente correcto y en la ortodoxia académica, que cualquiera puede decir lo que quiera, colgarlo en YouTube y esperar a que cientos, miles o millones de incautos pececillos muerdan ese anzuelo.

 

Y siguiendo con esa sarta de barbarismos que ya forman parte de nuestro léxico diario, el youtuber, aupado a la categoría de influencer mundial, necesita inexorablemente una legión de followers que le encumbren al estrellato. Pero el def-con 4 aparece cuando el poder ejecutivo, con el presupuesto público, asume como propio esa enorme ola de espuma y nos lo impone en nuestras vidas con inusitada premura. Lo que durante tanto tiempo no era sino un tema más en una lista interminable de tareas pendientes, ahora pasa a ser una prioridad absoluta, y como gritábamos en el colegio: “yo primer”.

 

Realmente tengo que confesar que me asusta el vértigo. Intento nunca llegar al borde del acantilado, porque no sé si, en ese momento, una fuerza irracional puede empujarte y hacerte saltar al abismo. Seguro que tenemos in mente varios ejemplos de grupos sociales que, como en el cuento del Flautista de Hamelín, se dirigen risueños e ilusionados hacia el precipicio e incluso se atreven a hacernos un guiño para ir todos juntos de la mano al desastre. En un escenario de cierto caos internacional, guerra comercial, populismos descontrolados y falta de solidaridad, estaría más vigente que nunca la frase de San Ignacio de Loyola, “en momentos de tribulación no hacer mudanza”.

 

Pero ya es tarde y urge tomar medidas, y si me preguntaran por la mía se reduciría sencillamente a cómo vivir con un 20% más de austeridad: semana laboral de cuatro días para ahorrar transportes innecesarios, pasar un poco más de frío en invierno y calor en verano en nuestras casas, menos luz en las calles, andar más, arreglar antes de tirar, etc. ¿Hay alguien que me lo compre?; seguro que no, ni siquiera Greta, o a lo mejor sí, quién sabe.

    

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
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