LA CAZA, OTRA HISTORIA DE CRISIS

La caza mueve unos 600 millones de euros de negocio al año en Castilla-La Mancha, pero pierde afición.

 

Castilla-La Mancha ha dejado de ser un paraíso para los cazadores. Pese a que más del 90% de su territorio sigue siendo un gran coto de caza y cada temporada se abaten más de cinco millones de animales, la actividad cinegética pierde peso en la economía pero, sobre todo, en la sociedad. Ecologistas y animalistas no dan tregua al sector, que se enfrenta, además, a un creciente desinterés entre los jóvenes por practicar la caza como actividad deportiva o de ocio.

 

Es una mañana fría y soleada de noviembre. La atmósfera está transparente, unos disparos resuenan en el monte, los perros ladran… Así comienzan muchas jornadas de caza a lo largo y ancho de Castilla-La Mancha, una región en la que 7.125.102 hectáreas están declaradas de uso cinegético y en la que es posible cazar durante casi cinco meses al año (del 8 de octubre al 21 de febrero para caza mayor y del 8 de octubre al 8 de febrero, con variaciones según las especies cazables, para caza menor).

 

Esta temporada cinegética se iniciaba con “grandes expectativas” para los aproximadamente 105.000 cazadores que tienen licencia en Castilla-La Mancha. Las lluvias de primavera y un verano sin temperaturas extremas han propiciado una buena cría de las especies cinegéticas y los productores de caza y propietarios de cotos anunciaban una buena temporada en “cantidad y calidad”, tanto en caza mayor como en caza menor. Estas buenas expectativas significan que la temporada podrá finalizar, al menos, con el mismo nivel de capturas que en 2016, año en el que se abatieron en la región más de cinco millones de animales (150.621 de caza mayor -ciervos, jabalíes, gamos, muflones, corzos y cabras montés- y 5.054.461 de caza menor -perdices, codornices, liebres, tórtolas, palomas torcaz, etc.)

 

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