LA ALCAZABA DE TALAVERA

La mandó construir en el año 936 Abderraman III, fue luego fortaleza real cristiana, palacio arzobispal, cantera para nuevas edificaciones cuando quedó abandonada, terminó sepultada por los escombros y, más tarde, por un próspero huerto que se cultivó sobre ella. En 2010 sacaron a la luz casi el 20% de lo que quedaba de aquel complejo palaciego y seis años después, desde este mes, por fin es posible visitarlo. Es uno de los yacimientos urbanos más importantes de Castilla-La Mancha. Por varias razones.

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Muy cerca del Tajo, tras las imponentes murallas árabes que se mantienen en pie del primero de los tres recintos amurallados que llegó a tener Talavera, en una manzana de 10.000 metros situada entre las calles Carnicerías, Pescaderías y Huerto de San Agustín, se conservan vestigios de casi todas las épocas que han marcado la historia de la ciudad. Ese es uno de sus atractivos.

 

Allí estuvieron los romanos y se han encontrado distintos epígrafes latinos. Algunos de ellos, inscritos en las piedras reutilizadas posteriormente en los muros, se pueden ver durante la visita al recinto que acaba de abrir sus puertas para mostrar lo que se recuperó en 2010, apenas una pequeña parte de todo el yacimiento que ha permanecido sepultado por hasta ocho metros de escombros y un huerto durante varios siglos.

 

 

Fueron los árabes, a mediados del siglo X, los que construyeron en esta ciudad estratégica una alcazaba con fines militares. Cuando Alfonso VI conquistó la ciudad en 1083 el recinto fortificado pasó a ser un alcázar real cristiano que fue reformándose durante los siglos posteriores. Se construyeron las torres albarranas y una barbacana exterior a la muralla para defenderse de las incursiones árabes que seguían produciéndose. Y también, adosada a la muralla, una pequeña capilla mudéjar en el siglo XII, de la que ha quedado parte de la cabecera interior, decorada con arcadas en dos frisos separadas por una cenefa de ladrillo.

 

Es la de San Juan, donde “casi estamos seguros”, cuenta Alberto Moraleda, unos de los arqueólogos que descubrió el yacimiento, lo ha excavado e investigado, se enterró inicialmente en 1351 a Leonor de Guzmán, la concubina de Alfonso XI durante 20 años (hasta la muerte del rey) y madre de Enrique II, el primer Trastámara.

 

Todo el yacimiento desde la torre albarrana colindante.

Todo el yacimiento desde la torre albarrana colindante.

 

Leonor, que tuvo un papel destacado en los asuntos de la Corte, fue detenida cuando acompañaba el cortejo fúnebre de su amante y, a instancias de la reina, encarcelada y degollada en esta fortaleza. En la visita es posible ver los restos de un pequeño habitáculo al sur que podría haber sido su mazmorra, al que se accedía por una arcada desde uno de los patios del recinto ya descubierto.

 

En el espacio intervenido se han recuperado la planta, cimientos y estructuras arquitectónicas de lo que debieron ser dos grandes edificios palaciegos situados al norte y al sur y comunicados por un amplio patio y un adarve

 

La suerte para quienes hagan la visita es que precisamente el arqueólogo Moraleda es el encargado de mostrar el yacimiento, describir lo que se está viendo y las historias que lo rodean. Sabemos, cuenta él durante el recorrido turístico, por el testamento del cardenal Tenorio de 1399, que para entonces el alcázar ya pertenecía a los arzobispos de Toledo, era un importante almacén de artillería y ya resultaba difícil mantenerlo por su mal estado.

 

El arqueólogo Alberto Moraleda durante la visita, junto a una de las conducciones de agua.

El arqueólogo Alberto Moraleda durante la visita, junto a una de las conducciones de agua.

 

En 1604 el último alcaide de la fortaleza pidió ayuda al ayuntamiento para reparar las estructuras que se encontraban en riesgo inminente de derrumbe. Poco después fue abandonada y saqueada. Con sus piedras se construyeron otros edificios de la ciudad y con el tiempo sobre lo que quedó se fueron depositando los escombros que se iban generando.

 

Interesante y eficaz la estructura hidráulica que los agustinos construyeron en el siglo XVII.

 

Hasta que los agustinos, que se habían instalado en unas dependencias próximas, utilizaron esos terrenos como huerto. Construyeron una pequeña casita de labor, recuperada por una escuela taller entre 2003 y 2004, y un sofisticado sistema de riego en el siglo XVII, con una noria, varios depósitos y canalizaciones de cerámica por las que no se perdía “ni una gota”, advierte Moraleda.

 

También es posible verlo durante el recorrido por el yacimiento, que siguió siendo un huerto hasta los años 80, cuando un constructor se interesó por edificar adosados allí. Las catas arqueológicas que se vio obligado a realizar, por la proximidad del solar a las murallas, alertaron del valor patrimonial que podía esconder y se paralizó el proyecto urbanístico.

 

Una moción de Ciudadanos en abril, aprobada en el pleno municipal por unanimidad, instó a limpiar el yacimiento, abrirlo al público y ponerlo en valor

 

 

LA RECUPERACIÓN. En 2007 se realizó una primera intervención. Bajando un metro el nivel del solar, los arqueólogos ya supieron que debajo había “un gran potencial” y en 2010 empezaron las excavaciones. Se invirtieron algo más de dos millones de euros en los trabajos efectuados en cuatro de las doce zonas en que se dividió. En el espacio más próximo a la muralla de la calle Carnicerías se recuperó la planta y la estructura de dos grandes edificios palaciegos situados al norte y al sur, articulados en torno a un amplio patio y un adarve, así como los cimientos y restos de muchos de sus elementos arquitectónicos, además de monedas, cerámicas, pinturas de los muros y otros objetos.

 

Pero el yacimiento no volvió a obtener financiación para continuar con las excavaciones y la documentación en las otros 8 áreas, que previsiblemente guardan también vestigios de gran interés, por ejemplo un largo fortín, como apuntan unas troneras en la zona aún no excavada. Transcurridos 6 años tras la última intervención arqueológica, la próxima debe ser consolidar y restaurar lo ya descubierto, señala Moraleda.

 

“Todos deberíamos asumir que hay que invertir en patrimonio, si no esto se nos va. Si quitamos un poquito de ferias, por ejemplo, podríamos ir avanzando en algo de lo que todos somos responsables, no solo las administraciones. No solamente en esto, ahí tenemos Entretorres”. El arqueólogo reconoce que es muy costoso y se tarda en ver resultados, pero recuerda que las intervenciones arqueológicas “también dan trabajo a mucha gente”.

 

ENTRETORRES. Es otro importante yacimiento urbano talaverano, situado muy cerca de la alcazaba. El Ayuntamiento tiene un proyecto para limpiarlo y prepararlo para las visitas con pasarelas y cartelería, para el que han solicitado una subvención al Ministerio de Cultura (1% Cultural). En Entretorres también se han recuperado muros, restos de unas termas y una estancia que probablemente fue almacén de vino o aceite para los romanos, vestigios de viviendas árabes y de una barbacana ya cristiana que reforzaría la muralla, además de un cementerio y de lo que debieron ser unas tenerías para el procesado de la piel en el siglo XV.

 

 

CON UN PLAN DE EMPLEO

 

Los beneficiarios de un Plan de Empleo impulsado por el ayuntamiento de Talavera han sido los encargados de limpiar el yacimiento abandonado desde finales de 2010, sustituir los deteriorados geotextiles que cubrían las estructuras arqueológicas más dañadas o en riesgo, y acondicionarlo para las visitas.

 

Se da así cumplimiento a una moción presentada por Ciudadanos en abril de este año y aprobada por unanimidad del pleno municipal, en la que se instaba a recuperar el yacimiento, abrirlo al público, promocionarlo y buscar apoyos para continuar con los trabajos de investigación. Unas actuaciones que en noviembre de 2010 el entonces concejal de Patrimonio, Carlos Gil, anunció que se harían en unos meses. Han pasado seis años.

 

“Todos deberíamos asumir que hay que invertir en Patrimonio. Si no esto, se nos va”, advierte Alberto Moraleda, el arqueólogo del yacimiento

 

 

445.000 EUROS PARA 2016

 

Es el presupuesto que el Gobierno de Castilla La Mancha dedica este año a proyectos de investigación arqueológica y paleontológica en la región, un 23% más que el dedicado en el último presupuesto de Cospedal del 2015 (100.000 euros más). Este año la Junta financia hasta el 90% de la intervención en un yacimiento o el estudio de materiales encontrados en estos, con un máximo de 30.000 euros por proyecto.

 

Universidades, fundaciones y organismo públicos relacionados con patrimonio o ayuntamientos pueden participar en esta convocatoria de subvenciones que se publicó el 2 de septiembre en el Diario Oficial de Castilla La Mancha y que se resolverá en las próximas semanas.

 

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