José Manuel Montero representa a Mime en la ópera de Kiel

José Manuel Montero. Foto gentileza de la Fundación Juan March.

 

El gran tenor toledano, José Manuel Montero, después de 25 años en los escenarios, debuta en el papel de Mime de Siegfrido, el próximo 11 de marzo, en una producción de la Ópera de Kiel, bajo la dirección musical de Georg Fritzsch y la dirección escénica de Daniel Karasek. Será la primera vez que un tenor español canta este papel en un teatro alemán.

 

Siegfrido es la tercera obra de la tetralogía “El anillo del Nibelungo”, de R. Wagner. Uno de los personajes emblemáticos es Mime, que ya había aparecido en “El oro del Rhin”, y que en esta obra se constituye en co-protagonista, dando lugar a uno de los papeles más extensos del repertorio de carácter, que requiere de unas dotes vocales e interpretativas muy específicas.

 

La preparación de esta obra le ha llevado a trabajar con Richard Trimborn, asistente musical de algunos directores emblemáticos como Karl Böhm, Herbert von Karajan, o Wolfgang Sawallisch, en varios de los principales teatros alemanes. Su relación con el maestro le induce a abordar nuevos papeles de este repertorio tan característico, que requiere una gran experiencia escénica y un dominio completo de la lengua alemana, y en el que apenas aparecen nombres de intérpretes españoles a lo largo de la historia. Entre estos papeles, el de Herodes, en la “Salomé” de Richard Strauss.

 

Durante estas últimas temporadas, Jose Manuel Montero se ha ido introduciendo cada vez más en el repertorio de la ópera alemana de finales del XIX y principios del XX con sus colaboraciones en obras como “Eine Florentinische Tragödie” y “Der König Kandaules”, de Alexander Zemlinsky, “Salome” y “Der fliegender Holländer” y “Tannhäuser” de Richard Wagner. En total serán 7 las representaciones de Siegfrido en la ópera de Kiel que tendrán a José Manuel como protagonista de Mime: 11 y 25 de marzo, 9 y 16 de abril, 25 de mayo y 3 y 30 de junio.

 

José Manuel Montero, que ha tenido como profesores entre otros a Alfredo Kraus, L. Baumann, M. Olivero, L. M. Cioni, J. King, D. Chryst, B. Fassbaender y E. Lloris, ha cantado junto a Plácido Domingo y con los más afamados directores, se plantea este reto con una gran ilusión, como si fuera la primera vez que se sube al escenario y, conocedor de la dificultad, con una gran responsabilidad y trabajo que le hace viajar con frecuencia a Alemania para su preparación y ensayos.

 

AQUÍ: ¿Cómo llega un chico de Ocaña a interesarse primero por el canto y luego a ser un destacado tenor?

JMM: Pues es una afición que nace en la niñez, porque he cantado desde los cuatro años…y luego, pasito a pasito, y, curiosamente, sin pretenderlo, terminé como cantante lírico.

 

AQUÍ: ¿Quién le introdujo en esa afición y en ese mundo?

JMM: El gusanito me lo metió el practicante de Noblejas, en esa época vivíamos todavía allí. Me fui a Ocaña poco antes de cumplir los 7 años. Don Pedro, a quien tenía que visitar semanalmente porque de niño no comía mucho, tenía en su consulta un tocadiscos en el que recuerdo que siempre sonaban zarzuelas, muchas interpretadas por Alfredo Kraus. Y yo terminé aprendiéndome un buen puñado de romanzas que cantaba a todas horas. Luego comenzaron los estudios musicales.

 

AQUÍ: Además de la actividad artística, usted se dedica a la docencia musical. ¿Qué dificultades entraña?

JMM: En primer lugar, desde el punto de vista académico, en España es casi imposible compaginar una carrera activa con la enseñanza reglada, por las limitaciones de horario en los centros educativos. Eso te lleva a la docencia privada, que te permite una libertad mucho mayor, también a la hora de elegir la manera de trabajar con tus alumnos, elegir el repertorio… al no tener que “cumplir” un programa. Luego, como profesor, el canto te exige un esfuerzo de comunicación, de empatía, de psicología muy grande, porque no tienes un instrumento para ponerlo en manos del alumno y decir “así se toca”. Es todo un intangible. Se basa en sensaciones que hay que ir transformando en método. Hace falta crear una relación de confianza muy sólida, pero es enormemente enriquecedor.

 

“Cuando hay el minimo problema, lo primero que se recorta es el presupuesto de cultura que, por otra parte, es ridículo”

 

AQUÍ: Tiene usted un proyecto muy interesante en Noblejas, que pasa por dificultades. Háblenos de él.

JMM: El proyecto consistía en la construcción de una sala de cámara, con unas especificaciones acústicas muy determinadas, con dos objetivos: uno, centralizar los cursos, seminarios, clases magistrales, etc que llevo a cabo en distintos lugares, así como atraer los que imparten solistas europeos en España, sobre todo en verano, que se ven obligados a compartir aulas y horarios en centros académicos; el otro es la realización de conciertos de cámara. No existen apenas locales de gestión privada con unas características similares. Además estas actividades estarían abiertas a los alumnos de las escuelas municipales de la zona, de manera que revirtiesen en el enriquecimiento formativo de los mismos. Por desgracia, el entendimiento con el ayuntamiento no ha sido el que en un principio parecía, después de varias conversaciones, y el proyecto está paralizado. Me temo que no se ha valorado la importancia del proyecto cultural, que se hubiese convertido en un polo de atracción, dada su cercanía con Madrid, y el interés mostrado por muchos colegas de profesión, dada la variedad de actividades que tenían cabida en dicha sala. Iniciativas como el traslado de los cursos de la Asociación Española de Arpa de Daroca a Noblejas, la grabación de La Bella Molinera (die schöne Müllerin) de Schubert, con el guitarrista Manuel Dapena, la fundación de las “Schubertiadas” en Castilla La Mancha, son algunos de los proyectos concretos que se han quedado en la cuneta.

 

AQUÍ: ¿La ópera es elitista? ¿Es un producto caro?

JMM: No, no lo creo. Tiene un aura de minoritaria, eso sí, pero si lo fue, hoy en día es un espectáculo de cultura general. Cuando vives en un país centroeuropeo, te das cuenta de que la música, la ópera incluida, forma parte de la cultura general de la sociedad. En España ha sido diferente, por tradición, pero eso está cambiando, o estaba, porque con la crisis hemos visto reducidas el número de temporadas, de orquestas estables, etc… Caro, pues sí, pero hay que tener en cuenta la cantidad de gente y de medios que conlleva una producción: el teatro, la orquesta, el coro, los solistas, técnicos, vestuario… Sí, es caro, pero siempre depende del valor que le demos. Es una manifestación artística muy completa. Teniendo en cuenta lo que cobran algunos jugadores de fútbol, yo diría que no es caro, antes bien al contrario.

 

AQUÍ: ¿En la ópera, como en la música en general, padecen el “pirateo” ? ¿Es esa una batalla perdida?

JMM: Quizá menos, dado el nivel menor de difusión. Además, los amantes del género gustan de tener sus grabaciones, sus colecciones de discos, con solistas emblemáticos. Claro que a la hora de escuchar una obra para conocerla, a veces hay gente que se lo baja sin más, pero no creo que sea a un nivel comparable al que se padece en el mundo del cine o de la música pop.

 

AQUÍ: ¿En cuántas grabaciones discográficas ha participado? Dígame tres de las que se sienta satisfecho.

JMM: En nueve, en concreto. Las que tienen un especial significado… la de la obra Das Schloss (El castillo) de Reimann, grabada en directo en la Staatsoper de Baviera, que fue la primera, aunque ya había grabado antes un disco con canciones populares, en España. La grabación, también en vivo, del concierto de Voces para la Paz en la que participé, en el Teatro Monumental de Madrid, por lo emotivo del concierto. Y la grabación que hice del ciclo Die Winterreise, de F. Schubert, que significó mucho para mí. El Lied alemán es una de mis pasiones como intérprete.

 

AQUÍ: Es un dicho que nadie es profeta en su tierra. ¿A usted también le ha pasado que ha tenido que irse con la música a otra parte?

JMM: En mi caso sucedió que me fui por otros motivos y me encontré con el canto a nivel profesional. Ha sido al volver, después de quince años de carrera en Alemania y otros muchos lugares, cuando me he topado con esa terca realidad. No puedes dejar de tener un pie fuera, es triste, pero es así.

 

El tenor toledano está convencido de que “España tiene voces maravillosas”. Hoy en día, dice, “la opera es ya un espectáculo de cultura general”.

 

AQUÍ: Ha vivido y se ha preparado en diversos lugares del mundo, ha recorrido otros muchos más con sus actuaciones. ¿Qué diferencias encuentra con España en esos lugares a la hora de abordar las cuestiones culturales y entre ellas la música?

JMM: Mi experiencia fundamental es centroeuropea y, lamentablemente, la sensación es desoladora. Yo suelo decir que en España la cultura no le interesa a casi nadie, pero la música, en concreto, solo le interesa a los músicos. Posiblemente es injusto, lo reconozco, pero lo que quiero expresar es la absoluta falta de interés por parte de los poderes públicos hacia la música. Cuando hay el más mínimo problema económico, lo primero que se recorta es el presupuesto de cultura, que es ridículo, por otra parte. Eso lo dice todo. Es muy triste. Y luego somos un país de eventos: aquí se trae al cantante más famoso, a la orquesta más afamada y se le paga más que en ningún otro sitio, pero no hay 100 euros para un violín en una escuela de música.

 

AQUÍ: ¿Cómo describiría el panorama musical del país? ¿Y el de Castilla la Mancha?

JMM: Creo que me ganaría muchos enemigos si hablase (sonríe). Creo que lo que he expuesto anteriormente da una idea de lo que pienso. Sinceramente, la planificación de los estudios musicales es bastante estéril, hay poca conexión entre los conservatorios y la interpretación musical, las salidas profesionales son escasas, e insisto en que no hay ninguna voluntad por parte de los poderes públicos en que eso cambie. Aquí las prioridades son otras. La música no da votos.

 

AQUÍ: ¿Qué opina del programa de televisión española para divulgar la ópera?

JMM: Me parece muy bueno, muy divulgativo y con gancho. Tengo que resaltar la labor de Radio Clásica durante todos los años en que la he escuchado, porque esa emisora sí que ha estado a un nivel excelente, siempre.

 

CREO QUE ME GANARÍA MUCHOS ENEMIGOS SI HABLASE

 

AQUÍ: España es el país de dos de los Tres Tenores. Si esto hubiera sido como el fútbol o el tenis tendríamos a todos los niños cantando y en las televisiones conciertos un día sí y otro también. ¿Por qué en la música no?

JMM: España es un país de voces maravillosas, lo ha sido siempre. Los tres tenores es un fenómeno televisivo, de marketing. La tradición no se improvisa con un gancho comercial, aunque haya sido una manera de divulgar la lírica muy efectista. En España las cadenas de radio, yo soy oyente de radio de siempre, interrumpen sus programas y los cambian cada vez que hay partido un miércoles, un jueves, la copa, la recopa, la requetecopa…En fin…

 

El tenor de Ocaña, José Manuel Montero, debuta en la ópera de Kiel.

 

AQUÍ: Además de la ópera, ¿qué otras aficiones musicales tiene?

JMM: Comencé estudiando guitarra y aunque solo hice el grado medio, no he dejado de tocar nunca. Luego vino el piano, otros instrumentos de cuerda como la bandurria, el laúd. Curiosamente, lo último que empecé a estudiar fue el canto.

 

AQUÍ: Y además de la música, ¿qué otras aficiones?

JMM: Uff, demasiadas, me temo. Soy muy vital y me apasionan muchas cosas: la filosofía, la historia, la astronomía, la filatelia, las carreras de fondo, el ecologismo, la agricultura, la ebanistería…

 

AQUÍ: ¿Cómo es su vida cotidiana?

JMM: Movida (vuelve a reir). Si estoy fuera de casa en una producción, digamos que se asemeja a la del resto de mis compañeros, aunque sin las fobias del cantante, en eso soy muy, muy normal. Si estoy en casa, desde las siete y media u ocho, hora en que me levanto, hasta las dos de la madrugada, hora de ‘fenecer’, la sucesión de actividad es frenética: desayuno alemán, despacho del correo y correspondencia profesional, muchos días me voy a mis labores agrícolas hasta la hora de comer, procuro comer en casa con la familia y, si puedo, cocino. La sobremesa es para el campo, de nuevo, o me marcho a Madrid, a ensayar con el pianista las obras que estoy preparando. Regreso a casa para vocalizar a última hora de la tarde, después de lo cual toca carrera con los fieles compañeros, ducha, preparo la cena para toda la familia, cenamos, llega la hora del estudio, y antes de dormir procuro leer un rato.

 

AQUÍ: ¿Sigue viviendo en Noblejas?

JMM: Sí, aunque no creo que por mucho tiempo. Después del parón con el proyecto de la sala de cámara, estamos buscando otro sitio para intentar poder llevarlo a cabo.