José Luis de las Heras, premio Miguel de Cervantes de Artesanía

Nacer en Puente del Arzobispo y ser nieto e hijo de artesanos hizo inevitable el destino de José Luis de las Heras. Ceramista por tradición y, sobre todo, por vocación, recibió el Premio de Artesanía Miguel de Cervantes en 2016.

José Luis de las Heras, ceramista de Puente del Arzobispo.

 

Un plato hondo, un plato llano, un vaso y un cuenco. Cuatro piezas básicas a la mesa convertidas en objeto de arte y artesanía por obra y gracia de un ceramista, José Luis de las Heras, y una diseñadora, Elisa Crespo, creadores a dúo de “Don Quijote a la Mesa”, obra con la que ganaron el pasado año el Premio de Artesanía “Miguel de Cervantes”.

 

Con 25 años de oficio a sus espadas, De las Heras se siente feliz: “Trabajo en lo que me gusta y vivo de ello. Sí, lo mío es vocación y cada día me gusta más”. Parecía el destino inevitable de quien nació en 1967 en Puente del Arzobispo, en el seno de una familia de artesanos. “Eran tiempos buenos para la cerámica, que indiscutiblemente era el pilar económico de Puente del Arzobispo y ha seguido siéndolo al menos hasta finales de los años ‘80, recuerda José Luis. Llegó a haber más de 80 talleres, y ahora quedarán unos 15, todos pequeños”.

 

Él empezó a conocer el oficio trabajando en el taller de su padre, el maestro artesano Andrés de las Heras, pero no renunció a tener su propia carrera. “Me fui a la universidad a estudiar Matemáticas, pero luego me pasé a Empresariales. Mi idea siempre fue volverme al taller, que era lo que me gustaba, pero desde luego me ha sido muy útil la carrera para el día a día de mi actividad”.

 

Este ceramista ha ido haciendo pequeñas revoluciones que le han permitido adaptarse a los grandes cambios que han traído los nuevos tiempos, aunque matiza que “hay cosas que, francamente, no han cambiado nada, como el proceso de elaboración en la cerámica, y el producto en sí”. “Un cambio sustancial es que ahora primero tienes que vender y luego fabricar. Antes se producía y después se ponía a la venta, dice desde su faceta de emprendedor. De nada te sirve fabricar mucho si no lo vas a saber vender”.

 

Y puede predicar con el ejemplo. Prácticamente la totalidad de piezas que hace en su taller de Puente del Arzobispo viajan para Estados Unidos, actualmente su principal punto de venta. “Al principio tuve malas experiencias con la exportación, porque la cerámica es muy delicada y mandar piezas de manera unitaria es muy arriesgado. No tiene sentido mandar un botijo a Canadá porque es muy probable que llegue roto. Pero luego contacté con intermediarios que trabajan para tiendas en EEUU, que valoran muy bien la cerámica española, y ahora mando todas las piezas en palés. En España ya vendo poco”.

 

Para vivir de la artesanía hay que ser un poco Quijote y un poco Sancho. También lo son los que la compran, que valoran lo artístico pero quieren lo práctico

 

Pese a su experiencia exportadora, y a que ha constatado que “en España, en general, y en Toledo, en particular, se vende cada vez menos cerámica artística”, considera que el trabajo artesanal se valora más cuanto más cerca se tiene. “Se ama más lo que se conoce, por eso la gente que vive en los grandes centros productores de artesanía, como Valencia, Castilla-La Mancha o Extremadura compra y lo valora más”.

 

La cercanía y el nivel cultural medio-alto determinan el perfil del cliente actual. “El poder adquisitivo es importante, porque si es artesanía es más caro que lo hecho en serie y hay que saber valorarlo para hacer un gasto mayor. Tenemos pocos compradores entre los jóvenes, pero yo creo que cuando esos jóvenes tengan 50 años ya conocerán más la artesanía y la valorarán. Es una cuestión de madurez”.

 

Un arte nacido del barro Las piezas que salen del taller de José Luis de las Heras están inspiradas en seis siglos de tradición ceramista en su Puente del Arzobispo natal. “Desde que se funda el pueblo en 1383 aparece la cerámica, porque el barro está aquí. ¿Cuál es el estilo que la define? La decoración ahora mismo es muy variada y personalizada, es multicolor. En realidad no se puede encasillar, porque ha ido mimetizándose con los tiempos. Se dice que el XIX el verde cobre era el color dominante; en el XVI se hacía el mismo azul en todo el mundo, desde China a Holanda y también en Puente del Arzobispo”.

 

¿Qué ha aportado él al oficio? “Sobre todo ideas nuevas de cómo hacer las cosas, de cómo relacionarse con los clientes, de cómo dar un aire nuevo a los productos…” También ha tenido inquietudes gremiales. Fue el fundador de la Asociación de Ceramistas de Puente del Arzobispo y alcalde del municipio.

 

Ha participado muchos años en la Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha, Farcama, a la que dedica grandes elogios. “Farcama ha servido para impulsar las ventas de los pequeños artesanos y ha sido y es un importante evento cultural, tendría que haber más iniciativas como Farcama”. Este mes de octubre no estará como artesano en Farcama porque ya tiene otros canales de venta, pero no faltará a su cita con la feria, “como comprador, porque los compañeros tienen que seguir viviendo de la artesanía”.