LA FOTOGRFÍA SEGÚN IVAN FERRERO

Londres fue el particular Damasco en Iván Ferrero. Un palentino que lleva en Toledo viviendo 11 de sus 41 años, su primer y único destino como policía. Un viaje en 2014 a esa ciudad le cambió radicalmente la manera de enfrentarse a la fotografía.  En solo tres años ha conseguido numerosos premios, el último lo recibió en Austria, la Medalla de Oro del Trieremberg Super Circuit en el tema de Montaña. Con él también recibió el torrijeño Jesús M. García la Medalla de Oro en la modalidad de Fotografía Digital y Diapositiva de Viaje en Color y allí se encontraron a Pedro Jarque Krebs, recibiendo otro de los principales galardones por su fotografía “Sorpresa”. No es fácil que ningún otro territorio del mundo pueda presumir de haber situado a la vez a tres de sus vecinos entre los más altos galardones en un certamen de las características del Trieremberg Super Circuit.

 

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La importancia de este concurso se desprende del hecho de que se analizan más de 90.000 fotografías y que cada fotógrafo para presentarse necesita pagar, como mínimo, 20 euros. Nadie paga por presentar una fotografía que considere que no es de gran calidad. Iván Ferrero es, fundamentalmente, fotógrafo de paisajes, con ellos ha ganado sus principales premios, pero se muestra abierto a otros estilos. “Me gusta la variedad, creo que no hay que limitarse aunque obviamente uno estará más especializado en unas cosas que en otras. La fotografía social me encanta y me gustaría practicarla, hago mucho retrato, fotografía de noche y diurna; pero por ahora el paisaje seguirá siendo mi principal campo de batalla”, dice. En muy poco tiempo ha conseguido una fotografía con personalidad. “Lo que es mi estilo fotográfico está bastante definido, aunque por supuesto todo tiene una evolución. Centrado en la fotografía de paisaje, una foto oscura, dramática”.

 

 

 

Para ello se apoya sin complejos en el procesado. “Sí, pertenezco a esa corriente, que no es más que querer llevar la fotografía un poquito más allá de lo que veías al tomarla. Darle una impronta personal, ese estilo que comentaba antes dramático, otros serán luminosos; pero el tuyo característico. No se trata de inventar pero sí de dotarlas de una personalidad”.

 

“La Fotografía me ha cambiado la manera de contemplar la vida y los valores. Estoy muy contento de haber tomado este camino aunque, por desgracia, ha sido tarde”

 

Y es que para Iván Ferrero el objetivo es “intentar que a la persona que vea la fotografía le impacte igual que te lo hizo a ti cuando estabas en ese sitio y la tomaste”. Conseguirlo requiere no dejar nada a la improvisación; pero no solo eso. “La planificación es fundamental, por dónde va a salir el sol, por dónde se va a poner, dónde va a incidir la luz; pero luego también está la suerte y la observación. Un Toledo que es el que más me gusta de los que he hecho fue estando en casa viendo una tarde como se estaba poniendo el cielo. En cuanto llegó mi mujer, Sara, a las 20,45, salí corriendo para pillar el momento. A veces es también estar en el momento adecuado en el lugar adecuado”. Y es que, asegura, “no me planteo que la fotografía muestre la realidad, pero hay veces que sí, como el Toledo que decía antes que es muy fiel al momento de luz dramático en que se tomó”.

 

 

 

 

Para Iván la fotografía ya es una forma de vida: “ha fogatizado el resto de mis aficiones. La báscula es lo primero que se ha resentido, el tiempo que antes dedicaba a ir al gimnasio ya no lo dedico, fines de semanas que tenía libres y en los que a lo mejor iba a ver a un amigo de toda la vida, pues tampoco porque ahora voy a algún otro lugar a fotografiar. Me ha cambiado la manera de contemplar la vida, antes era una persona más de ciudad y ahora busco la naturaleza, también la manera de tomarme la vida, los valores, y creo que ha sido para bien porque es una afición fantástica que permite expresarte. Estoy muy contento de haber tomado este camino aunque, por desgracia, ha sido tarde”.

 

 

 

No es la única vez que durante la entrevista se lamenta de no haber empezado antes con la fotografía. “Yo siempre fui de ciencias y dibujo casi como un niño de siete años, pero a veces cuando menos te lo espera encuentras algo que dices ‘esto es lo mío’. Es increíble como el tiempo te dice lo que te gusta en la vida, lo que ocurre es que te lo da tarde”, señala con un cierto pesar. Y, por poner una razón que le llevó a este tipo de expresión artística explica: “entre los fotógrafos hay muchos aficionados informáticos. Yo también los soy. Quizá estar mucho tiempo frente al ordenador nos conduce a trabajar la fotografía”. Iván dedica mucho tiempo al procesado. “Menos de 20 minutos o media hora es difícil que me lleve tratar una fotografía. Con alguna me puedo estar horas. Una media podría ser de 3/4 de hora a una hora”.

 

 

 

No se trata de inventar; sino de dotarlas de personalidad. No me planteo que muestren la realidad. Quiero que impacten al que las vea.

 

El tiempo le ha enseñado a ser selectivo a la hora de elegir una imagen entre las cientos que puede realizar. El tiempo y ver y analizar el trabajo de muchos otros. “El fotógrafo que dice que no se inspira en otros o no está diciendo la verdad o es un auténtico privilegiado tocado por la mano de Dios. Yo miro continuamente, todos los días. Aunque no quisiera, solo con entrar en las redes ya estoy pendiente del trabajo de otros. En paisajes sigo a muchos españoles, Jesús María García, Javier de la Torre, he trabajado con José, Antonio Prado, Juan Pablo de Miguel y otros muchos. Si no hubiera visto el trabajo de otros no estaría aquí, no tendría forjado este estilo. Bebo de muchas fuentes”.

 

 

 

 

Para Iván Ferrero “el mundo de la fotografía, incluso a nivel de aficionado, es tremendamente competitivo; pero también la colaboración es fundamental, cuando a través de las redes o en la página web alguien me pregunta por alguna foto siempre obtienen respuesta. Es enriquecedor compartir cosas, colaborar al máximo”. Sobre Toledo opina que “da mucho juego fotográfico; pero probablemente sea difícil sorprender ya. En general es difícil sorprender con la fotografía hoy en día. Los sitios bonitos están muy explotados, cada vez hay más aficionados. Por eso decía que intentamos dar ese tono diferenciador con el procesado; pero también es muy importante buscar el momento”. Y todavía este fotógrafo joven, aunque considere que ha llegado tarde, y que va a velocidad de vértigo en su desarrollo como fotógrafo, recuerda con enorme satisfacción la gala de Trieremberg en la que le entregaron la Medalla de Oro por una fotografía del Teide. “Fue una oportunidad fantástica compartir cena con fotógrafos que admiras. Tuve la suerte de que me seleccionaron para hablar, me entrevistaron en el escenario, mientras mis fotografías aparecían en una pantalla, fue una experiencia muy bonita que saboreé al máximo”.

 

 

 

MEDALLA DE ORO EN TRIEREMBERG

Mayo 2016, un viaje a Tenerife en época de vías lácteas, el reclamo principal era un faro y por supuesto el Teide y allí hacer una fotografía de atardecer en el cual emergiera de ese clásico mar de nubes que generalmente está allí. Llegamos un poco justos de tiempo a la zona. Sabíamos dónde iba a estar el sol y las condiciones atmosféricas; pero lo que no sabíamos eran las condiciones del suelo, que plantas habría. No quería perder la luz que bañaba las nubes y que era muy importante porque daban ese aspecto suave y onírico y tuve que correr por la ladera abajo para buscar algunas plantas, algunas raíces que quedaran bien y me rellenaran el Teide, las nubes y me hicieran ese triángulo que era el que buscaba. Al final tuve suerte y encontré unas raíces muy fotogénicas. Es una foto que tuve que hacer con varios focos, un bracketing de foco porque tenía la planta en muy primer plano y tuve que tomar varios focos diferentes para poder fundirlos luego en el procesado. Utilicé una Nikon 800 que era la máquina que tenía entonces. Un objetivo Tamron 15-30, un gran angular, y por supuesto en esta fotografía un diafragma muy cerrado para conseguir la mayor profundidad de campo, y un iso bajo.

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