Ingenuidades, las menos

Es verdad que el día a día nos devora, nos agobia y nos impide reflexionar sobre lo verdaderamente importante para nuestras vidas, aceptando que las prioridades van a ser distintas para cada uno.

 

Ello hace que nos confiemos, aceptemos como buenas las opiniones de otros, y sobre todo, las opiniones en el seno de nuestro club. Todos somos socios, voluntaria o involuntariamente, de determinados grupos de afinidad, en política, cultura, sociedad, religión, deporte, etc.

 

Estamos cómodos, aceptamos por anticipado sus planteamientos, y no dudaríamos en firmar en blanco en apoyo de sus demandas, pero creo que es una postura demasiado cómoda, ingenua y peligrosa. Es justamente por esa rendija de ingenuidad por donde se nos cuela el enemigo. Contra el enemigo de cara tenemos la defensa presta, pero el enemigo en casa es el verdaderamente peligroso.

 

La puñalada trapera te la asestan de abajo hacia arriba, en la corta distancia y casi como si fueran a darnos un abrazo, en este caso mortal. Es cierto que el ser humano es social por naturaleza, pero ello no debe significar el ser gregario. Y gregarios nos hace el fútbol, pero no el tenis; la militancia en un partido político, pero no el ser socio de la Cruz Roja, por ejemplo; ser follower de cualquier grupo musical de moda, pero no el tocar la guitarra; o ser un extremista radical religioso pero no el ser, sencillamente, una buena persona.

 

El arma para luchar contra el “aborregamiento” debería ser la educación, de cara a desarrollar los valores de libertad del ser humano, pero, por otra parte, existe siempre la tentación de utilizar esa misma educación con mensajes subliminales o más explícitos, que la transforman en una educación sectaria que abusa, justamente, de la ingenuidad de la infancia o la juventud para inculcarles valores, que nada tienen que ver con la verdadera esencia del ser humano: su universalidad.

 

Una educación que a veces nos hace más pequeños, más dependientes y más débiles y que va envenenando a la sociedad. No pasa nada por tener la certeza de que detrás de cualquier grupo social hay una fuerza de poder o ideología determinada, lo más grave es pensar que no la hay, y que, como en el cuento, a veces el lobo se viste de cordero, y ése es el más peligroso: movimientos sociales muy loables pueden esconder unos buenos colmillos “para comerte mejor, Caperucita”.

 

La acción política debe vivir con el baldón de corrupción que corroe los partidos políticos y que seguro camufla la labor desinteresada de un buen número de ciudadanos que emplean, parte de su tiempo, en favor de sus vecinos, pero hay lo que hay y lo sabemos todos.

 

Sin embargo el daño en la confianza que puede producir un caso de corrupción en una ONG puede ser laminador para todo el movimiento solidario, por no hablar de casos de abusos o irregularidades en el ámbito del deporte, la religión o la cultura. Siempre hay que estar alerta, no pecar de ingenuos y tener una razonable duda vital sobre nosotros mismos y lo que nos rodea.

 

De hecho yo creo que el ser humano se desarrolla y evoluciona a fuerza de replantearse todo o casi todo: “y por qué papá”, repetía continuamente mi hija cuando era pequeña, como fórmula que el niño ha utilizado siempre para crecer y madurar. Desgraciadamente, llega un momento en que pensamos que lo sabemos todo, tomamos partido por unas ideas y, lo que es peor, rechazamos por sistema las de los demás. Y, creyéndonos muy listos y muy fuertes nos hacemos muy ingenuos o muy incautos, pero ya se sabe que el ser humano es débil por naturaleza.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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