Igualdad entre sexos

Entre los muchos temas que acaparan la actualidad, que provoca ríos de tinta y que, a pesar de todo, parece que nuestra moderna sociedad no consigue avanzar en exceso, se encuentra la controvertida discusión sobre la igualdad entre sexos. Es como hablar de la paz y la defensa de la naturaleza; quién se puede oponer a ello. Sin embargo, del dicho al hecho, hay un gigantesco trecho.

 

La inmensa polémica política y social que genera, podría resumirse en el antigua baile de la yenka; ”izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un dos tres”, o para los que nos gusta el latino, “un pasito pa`lante, María, un pasito pa`trás”. A todos se nos llena la boca de igualdad; está de moda, es cool, da votos, pero qué pocos responsables políticos, económicos o sociales, o nosotros mismos, pasaríamos la prueba del algodón. Pero para diagnosticar la situación, no hace falta solicitar al CIS que haga una macroencuesta, ni tampoco rescatar de la papelera los compromisos preelectorales de nuestros maltrechos partidos políticos; ni tan siquiera analizar lo que cada uno de nosotros puede comentar en una acalorada discusión en la barra de un bar.

 

Es mucho más fácil, tan sencillo como responder a una encuesta de la siguiente guisa: en casa, quién pone o quita la lavadora, el lavavajillas, plancha, va al mercado, cocina, mejor o peor, lleva o recoge a los niños del colegio, les lleva al médico, va a los festivales escolares de Navidad o fin de curso, quien se pidió la baja por “paternidad”, etc., etc. Es decir, cómo nos repartimos las pequeñas y las importantes tareas de la vida, en nuestro hogar. Y, aún, no he salido a la calle y no me he metido en temas socio laborales, retributivos o de responsabilidad profesional. Y no lo he hecho porque si en la república independiente de nuestra casa no hay un razonable equilibrio e igualdad de oportunidades, derechos y obligaciones entre hombres y mujeres, por qué va a tener que haberlo fuera.

 

Si, cuando llega la hora de la verdad y donde tenemos capacidad de decisión, nos ponemos de canto, porqué vamos a exigir que los demás sí sean escrupulosos en la defensa de nuestros derechos y de su reparto equitativo. Todos tenemos tendencia a preocuparnos de la paja en el ojo ajeno, sin percatarnos de que en el propio tenemos el verdadero problema, lo cual no es sino un ejemplo más de hipocresía y no tanto de la sociedad, sino de cada uno de nosotros.

 

Quizás todo parta del descrédito paulatino que amenaza a la célula clave de la sociedad como es la familia: falta de diálogo y ausencia de autoridad –vamos a hablar claro por una vez-. Ante ello los padres damos una “patada a seguir” a la pelota de rugby de nuestros hijo, para que el tema lo lidien en el colegio o en el instituto, sin darnos cuenta que allí, la falta de diálogo y autoridad es todavía mucho mayor; y la bola de nieve sigue creciendo y creciendo. Repito que no voy a meter el dedo en la cara del poliedro más noticiable del tema: la brecha salarial entre hombres y mujeres, las cuotas de la mujer en los cuadros directivos y de responsabilidad en empresas e instituciones: económicas, sociales y religiosas, – este último caso, y no oculto mi credo, me duele especialmente, lo siento -. Pero, por ser importantes todos estos escenarios, creo que en las cuatro paredes de nuestras casas se encuentra el origen del problema de la desigualdad entre hombres y mujeres. El machismo se viste muchas veces con falda y el feminismo, a veces esperpéntico, banaliza el grave problema que atañe a la mitad de la población de la tierra, reduciéndolo a tener que repetir cualquier sustantivo en masculino y femenino.

 

No encontramos el quid de la cuestión, la forma de afrontar el problema y atisbar la solución. Y Dios nos libre de aquellos que optan por la sobreprotección de la mujer, son capaces de llevar a la absoluta realidad el titulo de aquella desenfadada cancioncilla de “antes muerta que sencilla”. Porque, la derivada, y no la enésima sino la primera, es que situaciones tan lacerantes como la violencia de género, el acoso escolar y laboral, etc., se nutren del mismo problema. A pesar del paso del tiempo, Eva sigue siendo la responsable del pecado original y sigue penando por ello.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

Últimas publicaciones de Pedro Antonio Morejón (Ver todas)