IGNACIO LLAMAS

A caballo entre la instalación, la escultura y la fotografía, el artista toledano está creando una obra muy personal que le ha reportado las mejores críticas y que ha mostrado ya en 9 países.

Ignacio Llamas en su estudio.

Ignacio Llamas en su estudio.

 

La suya, dice Ignacio Llamas, “es una obra de susurro”. A la que hay que acercarse sin prisas, “en silencio, en soledad. Mi trabajo soporta bastante mal las distracciones”. Y sin prejuicios, “vacío de bagaje para dejar que la obra te hable, para generar ese diálogo que te hará emocionarte o te dejará frío”, advierte él, convencido de que “las virtudes de mi trabajo están en una emoción más contenida, más profunda. No impacta a primera vista”.

 

En su estudio de Bargas, amplio y despejado, donde crea esas instalaciones blancas y evocadoras, a veces inquietantes y siempre sugerentes, Llamas, profesor de plástica de secundaria en los Maristas de Toledo, su ciudad, trabaja ahora en ‘Vacíos’, una nueva serie. “He pasado de una obra más arquitectónica a una mucho más paisajística: con paisajes muy desolados, partiendo de los manchegos, sobrios, con una belleza que hay que descubrir, que son parte de mi forma de ser. He eliminado el color marrón característico, los trabajo en blanco, con la idea de soledad, de desolación, con elementos muy puntuales: alguna casa muy básica, con la idea de cobijo, y donde también están apareciendo elementos que rompen el paisaje como son las vallas, que remiten a mis propios límites. Y una vez más la luz como elemento que construye la pieza”.

 

 

La luz siempre. “Ha pasado a ser mi recurso plástico más importante: una luz que ilumina los vacíos y construye sombras, penumbras, que es donde pasan las cosas. Casi todas mis exposiciones son en salas oscuras, son las piezas las que aportan la luz”. Y otras constantes en una obra fruto de un proceso creativo que él describe como “reflexivo y lento”: el blanco, que “limpia todo, separa de la realidad y me permite trabajar más la idea. No me interesa la silla en concreto, el tipo o su color, sino el concepto de silla”.

 

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“La luz ha pasado a ser mi recurso plástico más importante: una luz que ilumina los vacíos y construye sombras, penumbras, que es donde pasan las cosas”

 

O puertas entreabiertas que invitan al misterio y a la duda, árboles desnudos cuya aportación a la vida pasa desapercibida, maletas que remiten a un viaje interior, al viaje hacia la muerte, cada vez más recurrente en su obra. “Cada vez está más presente el dolor emocional, el sufrimiento, los propios límites, los traumas, las angustias, con una luz que empieza a tener una función regeneradora”.

 

EXPOSICIONES

‘Cobijar el Vacío’ , de Ignacio Llamas se pudo ver hasta marzo en Alicante; ‘Lamentos’ se expone hasta el 24 de mayo en la fundación Antonio Pérez de Cuenca. En verano, parte de su obra se podrá contemplar en Pescara (Italia) y trabaja ya para una nueva exposición en Madrid el año que viene. No tiene ninguna prevista en Toledo. El artista lamenta que la ciudad haya perdido espacios expositivos y que sus instituciones públicas “sean difíciles de lidiar. A veces les he ofertado proyectos y los han rechazado”, aunque está abierto “a iniciativas interesantes”, como ‘Intromisiones’, la intervención artística que en 2006 realizó junto a Fernando Sordo en una vivienda en construcción de Toledo. Este otro reconocido artista toledano es uno de sus referentes. “No solo por su trabajo plástico, también por su forma de entender el arte, su capacidad de apertura y por la honestidad con la que trabaja su obra”.

 

Se muestra también muy interesado por la obra del toledano Santiago Serrano -Premio Nacional de Grabado 1996- y cuenta que Joan Miró ha sido uno de los artistas que más le han marcado: “como referente de cómo afrontar el arte, de cómo entenderlo como algo espiritual, de su crecimiento artístico constante. Su última etapa me parece magnífica. A mí me gustaría crecer así”.

 

El artista toledano ante una de sus instalaciones.

El artista toledano ante una de sus instalaciones.

 

Desde su primera exposición con 19 años, una colectiva en la I Semana de la Juventud de Toledo en 1989, o sus primeras individuales en el Instituto Nacional de Estadística de Madrid en 1991 y un año después en la galería Tolmo de Toledo, Ignacio Llamas ha mostrado su obra por todo el país y, también, en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Taiwan, Portugal, Italia, Bélgica y Alemania.

 

Y en ARCO, en numerosas ediciones. “Gran parte de mi recorrido se debe a mi presencia en esta Feria. Es el gran escaparate del arte contemporáneo. Durante muchos años las colecciones importantes españolas han comprado allí o a raíz de allí. El tener esa presencia te abre muchas puertas”. La crisis ha mermado aún más el exiguo mercado del arte español. “El poco que había ha desaparecido en los últimos años”, explica él. Y por otra parte ha obligado “a que muchos artistas hayan tenido que dejar de trabajar y otros lo estén pasando muy mal. Y también ha habido un proceso de depuración fuerte: gente que había buscado en el mundo del arte dinero fácil o fama y que ha desaparecido. En el fondo, quien tiene necesidad de crear a nivel artístico sigue trabajando, aunque con pocos medios la obra puede correr el riesgo de menguar en intensidad, de que no sea lo que tu querías porque no puedes adquirir los materiales que necesita. Y eso es muy duro”.

 

“El arte está vinculado a los procesos de comunicación, a lo que yo llamo ideas abiertas: lo importante es que siga comunicando cuatro siglos después”

 

Y más para las nuevas generaciones. “Los circuitos artísticos se han reducido, se han cerrado muchas galerías y hay pocas que apuestan por el arte joven. Una de las salidas que están buscando y que me parece muy acertada es la de los colectivos, porque son un revulsivo, un apoyo y abren otras puertas. Los colectivos que están surgiendo son distintos a los de mi generación, ahora tienen una función más de apoyo artístico, de intercambio de ideas. Las nuevas generaciones vienen con otra dinámica de trabajo, más de diálogo, de relación, y están posibilitando otro tipo de acercamiento al arte”.

 

Él perteneció al colectivo Y punto cuando estudiaba en la facultad de Bellas Artes, en la Complutense de Madrid, y ahora forma parte “de un grupo de artistas, en el que también hay teóricos, que me ha permitido profundizar más en la idea de la comunión artística, en ese diálogo profundo en el que el artista se convierte en canal de transmisión. El arte está vinculado a procesos de comunicación, a lo que yo llamo ideas abiertas: lo importante es que una obra siga siendo capaz de comunicarse con el espectador cuatro siglos después, transmitiendo ideas universales. El arte va mucho más allá de lo que el artista quiere contar. Eso es lo realmente hermoso del arte”.

 

Esta entrevista se realizó en mayo de 2015 (número 6 de la Revista AQUÍ). Este año ha triunfado en ARCO, donde ha sido elegido como el mejor artista español vivo.

 

 

IMPRESCINDIBLES

 

De la serie Cercar el Silencio.

De la serie Cercar el Silencio.

 

Refugios del Misterio

(2008-2009)

Cajas blancas con aberturas por las que ver iluminados espacios arquitectónicos con elementos simbólicos.

 

Cercar al silencio

(2009-2014)

Serie de fotografías de gran formato realizadas con tintas pigmentadas sobre papel de algodón. Algunas se instalan sobre estructuras metálicas adquiriendo un componente volumétrico.

 

Incertidumbres

(2010-2014)

Piezas de reducidas dimensiones, construidas a base de metal y papel impreso. Surgen como fruto de la interferencia entre el volumen y la fotografía.

 

Vacíos

(2014-2015)

Aunque concebida como obra en volumen, se caracteriza por una gran planitud y está realizada sobre papel. Trabaja el concepto de paisaje desolado.

 

El sonido interior

(2002 -2004)

Con esta serie, Llamas comienza su inclusión en la escultura, abandonando el dibujo y la pintura. Hay una gran variedad de materiales, a diferencia de trabajos posteriores, aunque la temática principal se centra en el ser humano y por primera vez aparece la idea del viaje interior.

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