«Hemos sentido impotencia al ver la evolución de la crisis en España pese a la experiencia china»

Entrevista con la periodista talaverana afincada en China Nerea Hernández

Nerea Hernández y su marido Diego. Ella trabaja en la televisión pública de Pekín y él entrena un equipo de fútbol.

 

Nerea Hernández, hija de padres talaveranos, y su marido Diego llegaron a China en el año 2018, cuando a él, entrenador de porteros de fútbol, le ficharon para entrenar a un club de fútbol de Naijing (ciudad de más de 6 millones de habitantes, al este de China, cercana a Shanghai). Nerea comenzó a trabajar como profesora de español en una de las universidades de Nanjing. En septiembre de 2019 se trasladaron a la capital de China, Beijing (Pekín) y desde entonces Nerea trabaja como editora en la  televisión pública china, CCTV. Allí les ha pillado de lleno la crisis sanitaria del coronavirus y tras dos largos meses de confinamiento, cuando ya China parece salir de esta pesadilla, viven con angustia lo que ocurre en España.

 

«El coronavirus entró en nuestra vida el 23 de enero y ahora, más que nunca, lo sufrimos, cuando en China se acerca la primavera tras la tormenta. La incertidumbre y el riesgo por la extrema situación de los profesionales sanitarios en España es lo que más nos duele desde la distancia. Y la inseguridad por nuestras familias, que esperamos cumplan la única medida que puede frenar esto: quedarse en casa», nos cuenta Nerea desde Beijing, en una larga entrevista que es un valioso testimonio  de las lecciones aprendidas en China y que nos pueden servir ahora a nosotros.

 

 

Vivistéis desde el primer momento el desencadenamiento de esta crisis sanitaria mundial. ¿En qué momento te percataste del alcance de esta situación? ¿Hay para ti un día clave, una situación específica que te hiciera pensar en lo que se avecinaba?

 

Puedo reconocer que las primeras noticias preocupantes me llegaban desde España. Familiares míos estaban preocupados por algunas noticias que llegaban sobre un virus desconocido en una ciudad llamada Wuhan que, hasta ese momento, desconocía. Realmente, fuimos conscientes de la gravedad de la situación epidémica desde el día 20 de enero, que empezaron a distribuir mascarillas en el trabajo. Después, el 23 de enero se anunció el cierre de esta ciudad, con 11 millones de habitantes. Un día después, día 24, previo a la celebración del Año Nuevo Lunar chino, la máxima festividad para los chinos, me tocaba trabajar en la televisión. El ambiente era raro, muchos compañeros chinos cenarían solos en su casa porque su familia estaba fuera de Beijing y recomendaron no viajar. Todos trabajábamos ya con mascarillas en la sala de redacción. Esa noche se celebró una gala televisada donde los presentadores dedicaron palabras de emoción y de apoyo a los profesionales médicos en primera línea de batalla contra lo que llamaban aún neumonía provocada por el nuevo coronavirus.

 

El día 26 de enero fue un día clave para entender que la situación planteaba una amenaza real.  Comenzaron a cerrar las comunidades residenciales estableciendo controles de temperatura e identidad en los accesos. En los pocos establecimientos que quedaron abiertos, como supermercados y farmacias, controlaban el acceso de los clientes a su interior y la temperatura. Las calles de la capital se vaciaron, pero era un vacío inquietante.

 

¿Cuándo comenzó el confinamiento para vosotros,  qué medidas tuvisteis que cumplir y cuánto ha durado?

 

El confinamiento en Pekín comenzó el día 25, coincidiendo con la celebración del Año Nuevo Chino. El día 25 se declaró el estado de alerta sanitaria en toda China. Se recomendó a los ciudadanos permanecer en sus casas, solo salir para lo meramente imprescindible, y hacerlo con mascarilla. También se cerraron todos los sitios turísticos de Pekín. Y se cancelaron todos los eventos que estaban organizados durante las fiestas del Año Nuevo. Sin embargo, las medidas más firmes llegarían la semana siguiente, el 30 de enero. En ese momento, las comunidades de vecinos no permitían acceder a personas externas a la comunidad, se cancelaron las entregas a domicilio, se alargaron las fechas festivas del Año Nuevo Chino para evitar el movimiento masivo de personas. Se anunció que la reanudación del trabajo en muchas de las empresas se dilataría una semana más. Y también informaron que se retrasaría la reapertura del curso escolar hasta nueva orden. Muchas compañías aéreas comenzaron a modificar o cancelar vuelos. El uso de mascarillas se decretó obligatorio en la calle. Todas estas medidas se realizaron dentro del plan de prevención y control de la crisis epidémica.

 

Durante tres semanas desde la declaración del estado de alerta, yo estuve acudiendo a las oficinas de la televisión pública china para realizar mi trabajo profesional como editora. Durante estas tres semanas, la empresa nos facilitó un servicio de taxi con conductores que garantizaban ir con mascarillas y desinfectar el auto después de cada viaje. También instalaron controles de medición de temperatura en las entradas al edificio y a la oficina. Repartían la comida en cajas individuales y nos organizábamos para no coincidir en la sala de descanso. Y, por supuesto, trabajábamos todo el tiempo con la mascarilla puesta.

 

Sin embargo, el 28 de febrero parte de la plantilla de editores, comenzamos a trabajar desde casa. A pesar de que la situación de emergencia comenzaba a mejorar y ya se había superado el esperado “pico” de la epidemia, el temor a un regreso masivo de los residentes en Pekín, que habían abandonado la capital antes del Año Nuevo Chino para pasar las fiestas con sus familiares, determinó que todas aquellas personas que podíamos trabajar desde casa, practicásemos una cuarentena voluntaria.

Mi pareja, por el contrario, ha estado en casa desde el día 23 de enero, ya que trabaja en el medio educativo como entrenador de fútbol y todo su trabajo se paralizó radicalmente desde el comienzo de la crisis.

Durante casi 60 días hemos estado confinados en casa, limitando las salidas a la calle y utilizando las mascarillas cuando estábamos fuera de casa.

 

 

¿Cómo ha sido vuestra vida cotidiana en la etapa más dura de confinamiento?

 

Hemos intentado establecer rutinas para mantenernos activos y con una actitud positiva. Sobre todo, mi pareja, cuya actividad laboral ha sufrido un grave impacto por la epidemia. En mi caso, muchos días tenía tanto trabajo como antes, cuando debía ir a la oficina, por lo que mi rutina se ha resentido en menor medida, aunque el agobio y la situación de carga emocional ha sido muy alta.Nos ha ayudado el ponernos unos horarios, dedicar más tiempo a la cocina, y buscar algunas actividades que nos motivasen durante este tiempo de encierro, como estudiar o leer.

Y, para superar esos momentos en los que el día no te llena y te cargas de energía negativa, el hablar. Hablar con quien tienes en frente, en un ejercicio de diálogo más abierto y con más tiempo al que estamos acostumbrados.

 

La etapa más dura, sin embargo, podríamos garantizar que es ahora, cuando, tras pasar 60 días en casa y tras haber vivido esta experiencia lejos de los tuyos, tus familiares y amigos comienzan su particular batalla contra el virus, lejos de tí. Este es el momento de mayor desasosiego y angustia, porque sientes que, desde lejos, poco puedes hacer para ayudar. Aunque te esfuerzas por dar consejos y advertir de la virulencia que la situación puede alcanzar si no se siguen las recomendaciones de forma responsable y solidaria.

 

El coronavirus entró en nuestra vida el 23 de enero y ahora, más que nunca, lo sufrimos, cuando en China se acerca la primavera tras la tormenta. La incertidumbre y el riesgo por la extrema situación de los profesionales sanitarios en España es lo que más nos duele desde la distancia. Y la inseguridad por nuestras familias, que esperamos cumplan la única medida que puede frenar esto: quedarse en casa.

 

para superar esos momentos en los que el día no te llena y te cargas de energía negativa, el hablar. Hablar con quien tienes en frente, en un ejercicio de diálogo más abierto y con más tiempo al que estamos acostumbrado

 

¿Cómo valoras las medidas impuestas por el Gobierno chino con la perspectiva que ya da dado el devenir de los acontecimientos?

 

Desde el primer momento nos parecieron unas medidas valientes y contundentes. El cierre de una ciudad de 11 millones de habitantes, el confinamiento de toda la población a lo largo y ancho de China, el cierre de todas las empresas que no sean imprescindibles para combatir la epidemia, la construcción a contrarreloj de dos hospitales temporales en Wuhan, son todas medidas determinantes que han resultado ser efectivas. Aunque podemos convenir que la alerta y la reacción del gobierno chino podría haberse hecho antes, las medidas implementadas han evitado una mayor propagación del virus y nos han dejado una experiencia muy valiosa para aprender.

 

Creo que el gobierno chino ha situado en el primer lugar la seguridad y la salud de las personas, movilizando todos sus medios y recursos en la lucha contra el coronavirus.

 

¿Cómo has visto el comportamiento de la ciudadanía china? Vecinos, compañeros de trabajo, trabajadores…

 

La ciudadanía china se ha comportado de forma ejemplar. En nuestra experiencia, vecinos y compañeros de trabajo chinos, se han comportado de forma disciplinada y responsable. Han seguido obedientemente las recomendaciones de confinamiento, limpieza y mascarilla. Hasta hace dos semanas, era raro ver a personas paseando por las calles o disfrutando al aire libre. En las comunidades residenciales, los agentes de seguridad y voluntarios se han esforzado por trasladar a todos los vecinos las informaciones oportunas, así como realizar un control del estado de salud de quienes allí vivimos.

 

Las imágenes de personas cantando desde los balcones ¡Vamos, Wuhan! ¡Vamos, China!, nos conmovía. Aunque no tanto como los homenajes diarios a la tarde que la ciudadanía española destina a los profesionales médicos que se juegan la vida en primera línea contra el COVID-19.

 

¿Como extranjeros os habéis sentido tratado de diferente manera?

 

Durante los momentos más complicados de la crisis epidémica en China, hemos ido recibiendo información puntualmente a través de varias vías (embajada, redes sociales, trabajo…) y nos hemos sentido parte orgullosa de este pueblo que ha decidido plantar cara al virus quedándose en casa.

 

En estos últimos momentos, cuando China parece superar ya la epidemia, pero la pandemia llega y se ceba en lugares como Italia, España, Estados Unidos…, el gobierno chino toma una decisión firme de negar el acceso a los extranjeros. Esta medida responde al incremento durante las últimas semanas de casos importados de personas infectadas por COVID-19. Ahora, sentimos que algunas personas evitan subir en el ascensor con nosotros, o que en el metro, evitan ponerse a tu lado.

 

Las imágenes de personas cantando desde los balcones ¡Vamos, Wuhan! ¡Vamos, China!, nos conmovía. Aunque no tanto como los homenajes diarios a la tarde que la ciudadanía española destina a los profesionales médicos que se juegan la vida en primera línea contra el COVID-19.

 

¿Cómo está la situación a día de hoy en China, en general, y en Beijing en particular?

 

En China, la situación empieza a normalizarse. Los trabajos se han reanudado, las tiendas, restaurantes y lugares turísticos empiezan a funcionar, los medios de transporte empiezan a sentir de nuevo las horas puntas. China sale del túnel de la epidemia y se reactiva con fuerza.

 

En Pekín, en concreto, se siguen manteniendo todas las medidas recomendadas, como controles de temperaturas, el uso obligatorio de mascarillas o el acceso restringido a las comunidades. También se han puesto en marcha otras medidas adaptándose a la actual situación que reactiva el comercio y la hostelería, como limitación de comensales, distancia de 1 metro entre clientes o el requerimiento de mostrar tu código de salud en el móvil que garantizas que no estás infectado ni eres contacto cercano a una persona infectada.

 

¿Has sentido cierta impotencia al ir viendo como evolucionaba la crisis del coronavirus en España? ¿Cómo lo veis desde China con vuestra experiencia previa?

 

Sí, nos hemos sentido impotentes por cómo se han ido evolucionando la crisis y la falta de previsión, teniendo en cuenta los antecedentes en China y, después, en Italia. Consideramos que se ha tardado en aplicar algunas medidas que considerábamos imprescindibles, como el confinamiento, el triaje de las personas infectadas y contactos cercanos, la paralización de todo tipo de actividad que no sea imprescindible en el momento actual. También hemos sentido angustia porque desde China percibimos que se ha subestimado la importancia de esta epidemia. Quienes hemos vivido esta epidemia en China y vivimos ahora, desde la distancia pero muy involucrados, la epidemia en España, nos sentimos angustiados y enfadados porque no se han implementado medidas más firmes. Bien es cierto, que este virus es nuevo, nos enfrenta a una situación nunca antes vivida y en cada territorio, las condiciones y recursos son diferentes. Pero, también es cierto, que la experiencia previa de China era muy reciente y sus medidas fueron alabadas internacionalmente y, lo más importante, nos iluminan en pensar que, de seguir el mismo ejemplo, podemos ver la luz al final del túnel.

 

Quienes hemos vivido esta epidemia en China y vivimos ahora, desde la distancia pero muy involucrados, la epidemia en España, nos sentimos angustiados y enfadados porque no se han implementado medidas más firmes.

 

¿Algunos consejos que dar a los que estamos ahora confinados?

 

Lo más importante es sentir que quedarnos en casa y cuidarnos es nuestra mejor manera de combatir el virus. Rompiendo la cadena de transmisión y no generando trabajo a nuestros ya desfallecidos profesionales sanitarios.

 

Hay que limitar las salidas al máximo. Si podemos salir a comprar una vez a la semana, mejor que cada dos días. Para cuando tengamos que salir, seguid bien las instrucciones de limpiar los productos que vienen de fuera, cambiarse la ropa de calle y los zapatos, dejándolos, si es posible, en un lugar ventilado. Y, por nuestra experiencia personal, recomendamos el uso de mascarilla o, a falta de ella, de pañuelos o cualquier tela que pueda cubrir tu boca y nariz. Y, ante todo, no tocarse los ojos, boca o nariz con las manos sucias. Extremar la limpieza de las manos antes y después de llegar a casa.

 

Para llevar lo mejor posible el confinamiento, es importante mantener una rutina, dedicar tiempo a cocinar alimentos ricos y equilibrados, ya que nuestro sistema inmunológico debe estar fuerte, practicar algún tipo de ejercicio físico, desde yoga, estiramientos, cardio. Hoy en día, internet nos pone al alcance muchos recursos para mantener nuestro cuerpo activo en una situación de encierro.

 

También recomendaría desconectar todos los días durante un buen rato del móvil, radio o televisión. Dedicar tiempo a un buen libro, a escuchar música, puede ayudarte a descansar y levantar el ánimo.

 

Participas en la iniciativa solidaria  Masks 4, que está recaudando dinero entre los españoles residentes en China para comprar material sanitario y enviarlo a España. Danos más detalles de este proyecto solidario y de quienes participáis en él.

 

La iniciativa popular de Masks4Spain surge de un grupo de amigos españoles residentes en el sur de China a mediados de marzo. Vieron la necesidad de movilizarse para ayudar a los sanitarios en España que se enfrentan todos los días contra el virus con una grave escasez de materiales de protección. Varios llevaban muchos años trabajando en China en el sector de la logística. Tras un trabajo de investigación y comprobación de los certificados, dieron con un fabricante de mascarillas KN95, de las más requeridas en los hospitales, que cumplía con todos los requisitos necesarios para la exportación.

 

La iniciativa consiste en promover la donación para la compra de mascarillas y después, a través de la Embajada en Pekín o el Consulado en Cantón, enviar por valija diplomática a España, donde el Ministerio de Sanidad se encarga de distribuir donde más necesiten. En esta iniciativa hemos participado personas de a pie que, a título individual, queremos aportar nuestro granito de arena. Hasta el momento se han conseguido algo más de 42.000 euros (336.000 RMB), con las que se han podido comprar 26.000 mascarillas y otras 10.000 que están en trámites con el proveedor. De esta cantidad, 10.000 mascarillas llegaron ya a España y otras 16.000 serán entregadas en la Embajada de Pekín este lunes.

 

La iniciativa en estos 10 días de existencia se ha replicado por cuatro ciudades importantes de China, Cantón, donde está el grupo que inició el proyecto y que gestionan los proveedores, Pekín, Shanghai y Xiamen. Yo pertenezco al grupo dinamizador de la iniciativa en Pekín y, en tan solo seis días, hemos conseguido movilizar a muchas personas que han aportado dinero, iniciativas y tiempo para difundir la idea y permitir que llegue a más personas. Actualmente hay 740 personas que formamos parte de Masks4Spain, los cuales estamos organizados en grupos de la aplicación china Wechat (similar al Whatsapp).

 

La solidaridad une a los pueblos en los momentos de dificultad y las donaciones son el reflejo de esto. Muchas personas chinas, algunas con vínculo con España, pero otras no, han participado y donado. Y han sido muchos los españoles que se han movilizado, muchos de los cuales han estudiado o trabajado en China.

 

De igual modo, los comercios de españoles en Pekín, a través de la difusión de esta iniciativa hecha por la Cámara de Comercio de España, se han involucrado enviando mascarillas donadas directamente a la Embajada.

 

Aquí estamos viendo en la comunidad china que reside en nuestras ciudades un comportamiento muy responsable (han cerrado todos sus negocios) y solidario (reparten mascarillas y material gratis, incluso a título personal). ¿Crees que esta solidaridad es parte de la cultura china o ha surgido tras esta crisis? ¿Encuentras mucha diferencia de carácter entre los chinos y los españoles?

 

Creo que la solidaridad surge en los momentos difíciles. Pero, especialmente, la comunidad china es más social. Está más disciplinada a trabajar como un todo. Creo que entienden el colectivo mejor que nosotros, los españoles. Y, en esta crisis epidémica, el pueblo chino ha actuado con solidaridad y responsabilidad. Todo el mundo sabe bien lo que debe hacer. Los ejemplos de personas voluntarias en las comunidades, aguantando situaciones climáticas muy duras, como las de este invierno en Pekín, con cerca de 10 grados bajo cero, es algo ejemplar.  Creo que podemos aprender mucho de ellos.

 

Creo que tu compañero y tú tenías previsto venir de vacaciones a España en febrero. ¿Cuándo crees que podrá ser una opción real recuperar los viajes y abrir fronteras?

 

Teníamos pensado tomar vacaciones y viajar a  España en febrero, pero los vuelos se cancelaron y, debido al riesgo de contagios potenciales decidimos de forma responsable quedarnos en Pekín y aguantar la crisis aquí. En ese momento pensamos que abril sería una buena fecha para que la situación en China se hubiese normalizado. No nos equivocábamos, pero, sin embargo, la epidemia se convirtió en pandemia y, lo que menos imaginábamos en ese momento es que España presentase el escenario actual.

 

Ahora, hemos vuelto a cambiar los vuelos para agosto. Confiamos en que la situación pueda resolverse antes de esta fecha pero también sabemos que la normalidad tarda en regresar, sobre todo cuando estamos ante algo que ha provocado tanto daño. Esperamos con todo nuestro corazón que esta batalla la ganemos cuanto antes.

 

¿Tenéis previsto quedaros más tiempo trabajando en China o tenías ya pensado un regreso definitivo a corto plazo?

 

Nuestros planes eran quedarnos un tiempo en China. Desde el plano de vista profesional estamos contentos, y, aunque ahora la situación, sobre todo en el plano educativo, no sea el más óptimo, pensamos que todo puede remontar, sobre todo a partir del próximo curso escolar.

 

Sin embargo, estos son nuestros planes iniciales. Ahora, tras vivir esta experiencia con el COVID-19 y estar tan lejos de los tuyos en momentos tan complicados, te hace reflexionar mucho sobre las prioridades. Desde luego, después de esto, todas y todos habremos cambiado. Deseando que este cambio sea para mejor. Espero que esta crisis nos ayude a ser más respetuosos con nuestro entorno, con el mundo y las personas con las que vivimos, que aprendamos a valorar la fuerza de la cooperación y de la solidaridad activa.

 

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