«Hay que creer a un niño que cuenta un abuso sexual»

Uno de cada cinco niños es víctima de violencia sexual en Europa. Hace unas semanas una de estas niñas contó ante un tribunal de Toledo la brutal pesadilla que sufrió durante siete años en su propia casa. Desde 2010 la Junta de Castilla La Mancha presta atención especializada a los menores víctimas de estos abusos y agresiones.

Cristian C.L. fue juzgado el 21 y 22 de septiembre en la Audiencia provincial de Toledo por abusar durante siete años de su hijastra.

Cristian C.L. fue juzgado el 21 y 22 de septiembre en la Audiencia provincial de Toledo por abusar durante siete años de su hijastra.

 

 

El relato de una joven que ahora tiene 21 años en la Audiencia provincial de Toledo el pasado mes de septiembre es aterrador. Con cierta entereza que a veces perdía y la dejaba en silencio, la chica contó con detalle durante casi una hora cómo el marido de su madre presuntamente (no había sentencia al cierre de esta edición) abuso sexualmente de ella de forma continuada durante siete años, desde que solo tenía 11 y él 34.

 

Con esa edad su madre, a la que no veía desde los cinco años, la trajo a vivir a España, junto a su hermana pequeña. Las engañó asegurándolas que solo venían de vacaciones y pronto regresarían a Colombia con su abuela, que las había cuidado todos esos años. No fue así y al desarraigo, la soledad y la tristeza por no poder volver con su abuela y a los problemas de adaptación en la escuela se sumaron los abusos sexuales a los que el marido de su madre, Cristian C.L., comenzó a someterla apenas unos meses después de instalarse en España, según ella misma explicó ante el tribunal.

 

“Es muy importante que si un niño nos lo cuenta, le creamos y le insistamos en que haya pasado lo que haya pasado no es culpa suya. Tenemos que expresarle afecto y confianza en que vamos a ayudarle”

 

Una noche se despertó y notó que tenía bajados los pantalones del pijama, mientras veía como él se iba de la habitación con una linterna. Fue el inicio de la pesadilla. Muy poco después la cambiaron de habitación, sola. Y él, siempre según la versión de la chica, empezó a tocarla. Primero sobre la ropa, después por dentro, hasta que un día la inmovilizó e intentó llegar a más. “Lloraba porque me dolía mucho y tenía sangre y entonces lo intentó por detrás”, contó en el juicio.

 

Siguió intentándolo en días sucesivos, hasta que lo consiguió y se convirtió en una violenta rutina con todo tipo de abusos y agresiones sexuales. “Me aplastaba la cabeza y me agarraba de la cara para besarme”. Siempre aprovechando los momentos que la madre no estaba en casa ni sus dos hermanas (su madre había tenido una tercera hija con el acusado). “Mi madre estaba todo el día trabajando, no la conocía prácticamente, no tenía ninguna confianza con ella, siempre se ponía de parte de él y yo estaba enfadada porque no me dejaba volver con mi abuela”, contó para explicar por qué nunca le dijo a su madre lo que le ocurría. Ni a ella ni a nadie.

 

 

Tampoco al médico al que la llevaron varias veces (la primera pocos días después de la primera penetración) porque “me dolía mucho la tripa”. El presunto agresor siempre acudía con ella a la consulta y ella nunca se atrevió a responder afirmativamente al médico cuando este le preguntaba si había tenido relaciones sexuales. Tenía 12 años. Avanzado el tiempo, comenzó a llevarla también en coche a un descampado e incluso cuando ambos estaban dentro de la vivienda familiar él le enviaba mensajes con el móvil para que acudiera a su habitación, una vez que el matrimonio decidió instalarse en dormitorios separados.

 

“Cada vez era más violento, a veces terminaba con un chichón de darme contra el suelo. Le pedía que por favor me dejara ya, que quería ser como cualquier otra chica, pero a él le daba igual. Yo no sabía qué hacer, me sentía muy sola, había puesto hasta a mis hermanas contra mí. Estaba todo el tiempo pendiente de mí, me miraba el móvil, sabía mis contraseñas de Facebook, tenía que ir con él a todas partes y me decía que si contaba algo, él con una llamada a Colombia lo arreglaba todo”.

 

En seis años la consejería de Bienestar Social, a través de Amformad, ha prestado atención psicológica y jurídica a 816 menores. La gran mayoría eran víctimas de abusos; una minoría, agresores.

 

Y a ella le aterrorizaba pensar que a su abuela pudiera sucederle algo. En diciembre de 2013, cuando ya había cumplido los 18, intentó suicidarse tomando pastillas. La madre, que en el juicio respaldó la versión de su hija, explicó cómo el acusado trató de demorar la llamada a urgencias recomendando que le dieran agua con azúcar. Tampoco en el hospital la chica se atrevió a contar a la psicóloga lo que le estaba ocurriendo; su padrastro también estaba delante.

 

Pero para entonces ya había conocido a un amigo que empezaba a preocuparse por ella, a mostrarle afecto y a sospechar. Y fue él quien unos días después del intento de suicidio empezó a indagar y logró sonsacarle la pesadilla, quien la animó y la acompañó a contárselo ese mismo día a su madre y a denunciarlo al siguiente acompañada por los dos. “Le costó mucho contármelo, me decía que ni yo ni nadie podía ya ayudarla”, explicó este chico, que ahora es su novio, durante el juicio.

 

“La demanda habitual de los padres es que los niños olviden todo, pero eso no es posible. El objetivo es enseñarles a convivir con esa vivencia que han tenido para que deje de hacerles daño”

 

Los forenses que examinaron a la adolescente tras la denuncia le diagnosticaron una depresión reactiva grave que relacionan con su terrible relato, que para ellos es creíble. Durante la vista oral explicaron que muy probablemente la menor terminó adaptándose a la situación porque no veía salida y para evitar algo peor, “para sobrevivir a unas circunstancias que la sobrepasaban y no podía controlar”. El acusado negó en el juicio haber abusado de esta niña, aunque según su versión sí había mantenido con ella una relación sexual “consentida” de cinco años (entre los 13 y los 18); es más, señaló que había sido ella quien había comenzado a insinuársele.

 

Para probarlo, su abogado llevó como testigos a varios de sus amigos que contaron cómo en varias ocasiones los dos habían estado con ellos en Madrid, los horarios de los trabajos que en aquella época tenía el procesado o fotos en las que aparece con esta niña. El fiscal ha pedido que le condenen a 10 años de cárcel por estos hechos; la abogada de la familia, de la asociación Themis, a 11. Cristian C. L. no ha estado en prisión provisional por estos hechos.

 

diptico-corte-1

 

 

SALIR DE UNA PESADILLA de abusos y agresiones sexuales es muy complicado para un niño, sobre todo si la violencia se produce en casa o en el entorno más cercano, como ocurre en casi la mitad de los casos. “Ese momento de la revelación es muy duro para cualquier persona. Es muy importante que si un niño nos lo cuenta, le creamos. Tenemos tendencia a minimizar, a pensar que los niños fantasean con este tipo de cosas. Hay que atenderle de forma inmediata, no cuestionarle e insistirle en que haya pasado lo que haya pasado no es culpa suya, porque los niños tienden a culpabilizarse. No puede notarnos enfadados porque nos lo está contando, muchas veces tienen miedo a que nos enfademos por señalar a un familiar o a una persona cercana. Tenemos que expresarle afecto y confianza en que vamos a ayudarle, además de cuidar que no haya cercanía con el presunto agresor”.

 

Quien lo explica es Antonio Fernández, el coordinador del programa Revelas-m para menores víctimas de violencia sexual y para agresores sexuales con menos de 18 años que en 2010 puso en marcha en Castilla La Mancha la consejería de Bienestar Social. En estos seis años han prestado apoyo psicológico y jurídico a 816 menores. La gran mayoría eran víctimas y de ellas muchas más niñas que niños. “Creemos que puede haber un mayor número de casos ocultos en niños porque suelen ser más retraídos para hablar de esto y porque se suma la vergüenza a que se asocie a una conducta homosexual”, aclara el coordinador.

 

Casi todos fueron violentados por hombres, pero en algunos casos las agresoras fueron mujeres. La atención a estos menores se presta de forma gratuita a través de la organización Amformad, que cuenta con cinco equipos multidisciplinares, con psicólogos y abogados especializados, ubicados en las cinco capitales de provincia. “Lo primero que hacemos es una evaluación en profundidad del caso para decidir cómo les podemos ayudar: ver si hay secuelas, valorar el apoyo que tienen en su medio social y familiar y ver la pertinencia de la intervención. Hay niños que vienen con un trastorno de estrés postraumático, con problemas de ansiedad, con un retraimiento social grande o con una conducta sexual exacerbada que les provoca problemas de relación en el colegio”.

 

“Hay que dejar de pensar que una niña de 12 años que mantiene una relación con un señor de 30 es una Lolita, deshacernos de esa imagen que convierte en víctimas a los agresores. Y tenemos que dejar de tener miedo a comunicar una sospecha”

 

El objetivo, señala el coordinador regional, con 20 años de experiencia en la atención a estos niños, “es enseñarles a convivir con esa vivencia que han tenido, y que no se puede olvidar, para que deje de hacerles daño. La demanda habitual de los padres es que los niños olviden todo, pero eso no es posible. Tenemos que explicarles que siempre les quedará el recuerdo, pero no el sufrimiento”.

 

El programa ofrece además asesoramiento jurídico a las familias para personarse en los procedimientos judiciales como acusación particular. Antonio Fernández valora muy positivamente los cambios jurídicos realizados en los últimos años. Desde 2011 los delitos sexuales contra menores empiezan a prescribir cuando estos cumplen 18 años. “Esto es muy importante. Un menor que sufre abusos en su entorno familiar mientras siga dentro lo tiene muy complicado para denunciar”.

 

Y, además, desde el año pasado la edad legal para considerar que un menor ha prestado su consentimiento para mantener relaciones sexuales ha pasado de 13 a 16 años. “Teníamos una de las edades más bajas de Europa y cuando íbamos a poner una denuncia teníamos que demostrar que el niño no había prestado su consentimiento de forma voluntaria”. Cada vez se denuncia más. “Antes nos costaba mucho más que la familia denunciara y ahora ya están mucho más concienciados de esta necesidad”, explica el coordinador del programa regional; pero aún falta concienciación social sobre este problema.

 

Antonio Fernández advierte de conductas no castigadas legalmente pero que también suponen violencia hacia el menor, como consumir pornografía delante de un niño de corta edad

 

“Hay un gran desconocimiento y es más cómodo mirar a otro lado. Iniciar un procedimiento judicial es muy duro y hay gente que quiere obviarlo y gente que cree que si lo comunica se está metiendo en un problema. Hay que dejar de pensar que una niña de 12 años que mantiene una relación con un señor de 30 es una Lolita, deshacernos de esa imagen que convierte en víctimas a los agresores, dejar de tener miedo a comunicar la sospecha de que un menor pueda estar siendo víctima de algún tipo de maltrato o acabar con esa creencia de que los menores son propiedad de la familia y que lo que pase en una casa debe quedar dentro. Esas cosas poco a poco van cambiando, pero todavía queda algo de que si lo están haciendo por algo será o si el niño llora será por algo en lo que no nos tenemos que meter”.

 

Antonio Fernández advierte que hay conductas no castigadas legalmente que también suponen violencia sexual hacia los menores y siguen siendo aceptadas en algunos entornos, por ejemplo que los adultos no tengan ningún cuidado al consumir pornografía delante de un niño de corta edad, “porque le están exponiendo a unas imágenes que le van a impactar y no puede entender”. Otro ejemplo: “que el niño esté presente cuando mantenemos relaciones íntimas. Son cosas de sentido común pero hay entornos en los que no se tiene en cuenta”.

 

 

QUÉ PUEDE HACERNOS SOSPECHAR QUE UN NIÑO ESTÁ SIENDO VÍCTIMA

 

Cualquier cambio en la conducta de un niño que no asociemos a una causa clara debe preocuparnos y llevarnos a indagar qué le puede estar ocurriendo. Los cambios pueden responder a múltiples motivos, pero la violencia sexual debe ser una de las hipótesis a tener en cuenta “porque si no, nunca lo vamos a detectar si está pasando”, señala Antonio Fernández, coordinador del programa regional para atender a los menores víctimas. Estos son algunos indicadores que pueden hacernos sospechar:

  1. 1.- Dolor en la zona genital.
  2. 2.- Pesadillas nocturnas y otros trastornos del sueño y la alimentación.
  3. 3.- Un niño que se encoge defensiva- mente cuando le tocan.
  4. 4.- Miedo desorbitado a quedarse con alguien con quien antes mostraba cercanía.
  5. 5.- Juegos sexualizados inapropiados para la edad.
  6. 6.- Un niño que muestra conductas seductoras hacia un adulto.
  7. 7.- Una bajada significativa del rendimiento escolar.
  8. 8.- Volver a no controlar los esfínteres (sobre todo a partir de 6 años).
  9. 9.- Miedo a entrar a un lugar pese a sufrir consecuencias negativas por ello. “Tuvimos el caso de un niño que llegaba a casa todos los días con pis porque no quería entrar en el baño del colegio. Luego supimos que allí estaban pasando determinadas cosas”, cuentan desde Amformad.

 

 

APOYO, TAMBIÉN, A LOS MENORES AGRESORES

 

A los menores que han cometido una agresión sexual, a otro menor o a un adulto, también se les ofrece tratamiento psicológico a través del Programa Revelas-m. Todos han sido chicos hasta ahora y suelen llegar derivados del Juzgado de Menores.

 

“Son tratamientos más complejos pero que por ahora están siendo efectivos. Hay más dificultades con los chicos que vienen con problemas más generalizados de delincuencia y que necesitarían un tratamiento más integral”, señala Antonio Fernández. “Lo que buscamos es encontrar y analizar las causas de la conducta abusiva y tratar de impedir que se vuelvan a desencadenar los factores que determinaron esa agresión”.

 

 

DÓNDE ACUDIR

 

Amformad es la organización a la que la consejería de Bienestar Social de Castilla La Mancha ha encargado la atención psicológica y jurídica gratuita a los niños víctimas de violencia sexual. A ellos se puede recurrir directamente llamando al teléfono móvil: 656 929 924

 

Desde ese teléfono se deriva el caso a los profesionales de cada provincia. Se puede llamar también para buscar asesoramiento. “Muchas veces cuando se detecta un caso o se tiene alguna sospecha no se sabe qué hacer ni a quién recurrir. Y a estas personas nosotros también podemos orientarles”, señala el coordinador regional del programa Antonio Fernández.

 

Este profesional defiende la necesidad de implantar protocolos claros para que todos los profesionales que trabajen con niños, en la escuela, en los servicios sanitarios, en asociaciones o clubes deportivos… sepan cómo actuar. “Es muy importante que sepan afrontar ese primer momento de la revelación sobre lo que está pasando y que sean capaces de acompañar al niño”.

 

Amformad recibe también casos derivados de los servicios sociales, de los sanitarios, de colegios e institutos, centros de la mujer y de la guardia civil y de la policía. Ambos cuerpos de seguridad disponen desde hace años de unidades específicas, con profesionales especializados, para atender las denuncias de estos niños e informar a sus tutores de la atención que pueden recibir; así como de la investigación de los hechos que relatan.

 

LA UVASI.

Castilla La Mancha cuenta con una unidad de valoración del abuso sexual infantil, creada en marzo de 2012 en el hospital de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), donde pediatras, una ginecóloga, psicólogos y trabajadores sociales realizan una valoración integral del niño víctima de este tipo de violencia. Es la única de este tipo en la región y está sirviendo de referencia para toda la Comunidad.

Seguir leyendo… »