“Hay políticos en Castilla-La Mancha que acuden a curanderos para que les protejan”

El antropólogo toledano Pedro Salvador acaba de presentar una tesis doctoral sobre el mal de ojo en la provincia de Toledo que ha logrado la máxima calificación. Cuenta sus conclusiones en esta entrevista.

Pedro Salvador defendiendo su tesis.

Pedro Salvador defendiendo su tesis.

Pedro Salvador se ha pasado los últimos cinco años investigando el mal de ojo en la provincia de Toledo, documentando las prácticas, las oraciones y los amuletos utilizados por curanderos y creyentes en 25 municipios. “Son patrimonio de nuestra cultura. Lo que he hecho ha sido dejar constancia de esas prácticas que existen y de cómo han evolucionado, desde la perspectiva de la antropología médica, que contempla la enfermedad desde una dimensión social y cultural”, señala este investigador que ya obtuvo el Premio Nacional a la Excelencia Académica en sus estudios de antropología.

 

Ahora ha obtenido un sobresaliente Cum Laude, la máxima nota, en la Universidad de Castilla-La Mancha con la tesis doctoral ‘El mal de ojo en Toledo’, en la que recoge sus investigaciones sobre esta creencia. Pedro Salvador ha sido profesor de antropología simbólica en la Universidad regional y actualmente ejerce como antropólogo en la asociación IntermediAcción de Toledo.

 

AQUÍ: ¿Qué es el mal de ojo?

 

 

PS: Es una creencia según la cual una persona por el hecho de mirarte o desearte un mal acaba generándote una enfermedad o algún síntoma: desde un dolor de cabeza, problemas de estómago, pesadez en los ojos, migrañas… a la muerte. O provocarte mala suerte. Es una especie de saco en el que caben muchos síntomas distintos, una enfermedad que los médicos no curan.

 

AQUÍ: Lo denomina enfermedad, ¿por qué?

 

PS: Porque independientemente de su origen, ya sea psicológico o fisiológico o de otra naturaleza, produce unos efectos reales, en la medida en que esas personas que creen en el mal de ojo están viviendo un sufrimiento y necesitan unos especialistas rituales para sanarles. No se puede juzgar desde una perspectiva biomédica porque esta enfermedad no pertenece a ese campo, es un síndrome cultural. Existe en la medida en que afecta, hace sufrir y produce malestar a unas personas que creen en ella.

 

AQUÍ: ¿Qué grado de aceptación de esta creencia ha encontrado?

 

PS: Una de las conclusiones de mi tesis es que el mal de ojo tiene plena vigencia en la provincia de Toledo y en la sociedad actual. Si preguntas, la gente te suele decir: no, no, yo no creo en esto, pero si indagas un poquito empiezan a contarte que su vecina va a una curandera o a su sobrina la llevan para que se lo miren, o te dicen: yo no creo en el mal de ojo, pero esa persona me ha echado una mirada… que me tiene afectado… Y luego está la cantidad de gente que utiliza amuletos como preventivos, como vacunas simbólicas para prevenirse del mal de ojo. Están a la orden del día. En el centro histórico de Toledo acaban de abrir una tienda de amuletos y todas estas cosas.

 

AQUÍ: ¿Se puede definir un perfil del creyente en estas prácticas?

 

PS: Anidan en todas las esferas de la sociedad. He encontrado políticos y diputados en las Cortes de Castilla-La Mancha que cuando llega una campaña electoral creen que les pueden hacer mal de ojo y llaman a sus curanderos, a sus ‘entendidos’, como se les llama en este ámbito, para que les protejan.

 

AQUÍ: ¿Eso lo ha constatado?

 

PS: Eso está documentado y grabado a informantes. También he encontrado jueces que van a que les curen el mal de ojo a la curandera de Polán y arquitectos que van a otros. El mal de ojo se suele asociar al ámbito rural, a clases socioculturales deprimidas, a gente con bajo nivel de alfabetización, pero no es así. Una curandera de El Carpio de Tajo me contaba que ella era analfabeta, pero que unos condes le llevaban a sus caballos cuando enfermaban y a veces a sus sobrinos.

 

AQUÍ: ¿Cómo se explica en un mundo que se supone cada vez más racional y descreído?

 

PS: Es difícil de explicar. Yo lo que analizo es el fenómeno y las consecuencias sociales de esa creencia, no entro a valorar por qué se cree en ello; pero en la explicación pesa mucho la tradición, que se mantiene. Y hay gente que no encuentra en la medicina académica una respuesta, que siente una gran insatisfacción y acude a medicinas alternativas o a la popular de los curanderos por la necesidad de buscar soluciones como sea; y en otras por un convencimiento de que el enfoque de la enfermedad tiene que ser integral, que aborde todas las dimensiones del individuo. Probablemente el mal de ojo ya no es una creencia dominante porque es verdad que nuestro pensamiento se ha hecho más crítico, más científico entre comillas, pero sí que hay una parte significativa de la sociedad, que no sabría decir el porcentaje, que cree en ello. La religión también es una creencia y como tal pertenece al territorio de una fe que depositas en algo. El ser humano necesita buscar explicaciones, respuestas directas y simplificar.

 

El mal de ojo existe en la medida en que la creencia está en la mente de muchas personas y tiene unos efectos en la conducta y fisiológicos

 

AQUÍ: ¿Y cómo lo justifican los creyentes?

 

PS: Desde esa fe, desde la creencia en que el mal existe y el mal de ojo, que por cierto son las dos palabras que aparecen en la denominación del fenómeno en todas las lenguas: en francés, en inglés… se ejerce a través de la mirada o de la envidia, o sea la tristeza ante el bien ajeno. En el Renacimiento hubo un grupo de médicos que lo estudiaron como un fenómeno físico, no como algo que pertenece a la superstición. Pensaban que había una especie de ponzoña que se transmitía a través de los ojos, basándose en la medicina hipocrática.

 

AQUÍ: ¿Hoy se puede relacionar con alguna base científica?

 

PS: Colin Ross, un científico que investiga los campos electromagnéticos, descubrió hace una década que la mirada es el vehículo a través del que salen las ondas electromagnéticas que pueden ser detectadas por otras personas. Por eso puedes sentir que alguien te está mirando sin verlo. Y sabemos que existe el efecto placebo, el efecto nocebo, la somatización, muchas afecciones en el campo de la psicología que se pueden atribuir al mal de ojo, pero yo no entro en la explicación. Todo el mundo me pregunta: pero bueno ¿existe o no? Existe en la medida en que la creencia está en la mente de muchas personas y tiene unos efectos en la conducta y fisiológicos. No somos solo un saco químico o un depósito de órganos, también tenemos una dimensión psicológica, en la que uno puede tener o sentir una afección. Somos siento, pienso y actúo.

 

AQUÍ: ¿También entre los más jóvenes la creencia es fuerte?

 

PS: Sí, la tienen. Otra de las conclusiones de mi tesis es que está garantizado un recambio generacional de especialistas rituales porque hay una transferencia muy importante a jóvenes interesados. Esto se constata en Villasequilla, en Villaseca, en Polán, en Carpio, en Sonseca, en Talavera o en el propio Toledo, donde hay chicas con 20 años que ya saben echar las oraciones porque su madre o su abuela se las han pasado.

 

AQUÍ: ¿Cómo se llega a ser curandero?

 

PS: Son personas a quienes se les atribuye algún tipo de gracia, don o de virtud. Y es curioso porque algunos reconocen que todo esto les da mucho miedo. O por ejemplo en Nambroca una curandera me contaba que había visto signos de gracia en su hija, como que la había oído llorar en su vientre. Sabemos que esto no es posible, no se puede llorar porque las cuerdas vocales requieren para vibrar aire y el líquido amniótico no lo permite; pero estamos hablando de elementos simbólicos, como éste, nacer en Viernes Santo, ser gemelo, tener una cruz en el paladar, haber curado por contacto. Con una de esas gracias, se les transmiten las oraciones que utilizan en los ritos, que por cierto solo se les pueden pasar en Semana Santa.

 

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AQUÍ: La mayoría son mujeres, ¿por qué?

 

PS: Yo creo que porque ha habido una perspectiva de los cuidados y de la atención, sobre todo a niños pequeños, que históricamente ha estado en manos del género femenino. La mujer se ha ido especializando en esas prácticas con las que ellas tenían más relación.

 

AQUÍ: ¿Qué reconocimiento social tienen hoy los curanderos?

 

PS: Algunos siguen teniendo mucho éxito, tienen colas realmente en sus casas porque sanan y respetan un código ético; si fallan, el sistema los elimina. Una entendida de Nambroca me contaba que no le quiere pasar las oraciones a su hija, a quien ha visto esa gracia, porque no quiere que a las dos de la madrugada la molesten padres que llegan angustiados con el niño para que le eche las oraciones. Tienen todo el reconocimiento de la comunidad que cree en ellos. Y en algunos casos son mucha gente. En todos los pueblos, en Toledo y en Talavera, en todos los entornos sociales, hay personas que curan el mal de ojo. En Polán hay 10 u 11. Atienden a quienes les demandan, así que no hay motivo para que alguien ajeno los critique.

 

AQUÍ: ¿En qué consiste ese código ético?

 

PS: Los que perciben que la dolencia no pertenece al campo de su especialidad, por ejemplo que no tienes mal de ojo, si no que necesitas un médico, te derivan a él o a otro curandero especializado en lo que te pasa. Lo hacen el 99%. A lo mejor te frotan aceite en la tripa o te rezan unas oraciones, pero no se meten en más. Y otra cosa: los que tratan el mal de ojo nunca cobran ni aceptan regalos porque creen que si lo hacen pierden la gracia.

 

AQUÍ: Y los médicos, ¿como llevan todo esto?

 

PS: Depende. Algunos son flexibles y si el tratamiento del entendido no afecta a su campo de acción, dejan hacer. Hay médicos que me han contado que ellos van a los curanderos y el otro día una enfermera me decía que había llevado a su hijo a que le quitara un herpes la curandera de Polán. Los itinerarios terapéuticos, los caminos que recorren los pacites para tratar su enfermedad, dependen de sus culturas y de sus creencias: van al médico, se automedican, van al curandero… Y muchas veces a éste porque le conocen y sienten que les calma, que les relaja, que les da confianza y no les puede producir ningún mal. Un curandero en Sonseca me contó el caso de un señor que acudió a su casa con un fuerte dolor de estómago, pensado que tenía un mal de ojo grandísimo. Al hombre le habían pagado mucho dinero por la venta de unas fincas. El curandero le dijo que no era mal de ojo, sino una bola de billetes atascada en el estómago y le curó con un masaje.

 

AQUÍ: Es una creencia con un marcado sentido religioso. ¿Cómo convive con la Iglesia?

 

PS: La Iglesia no reconoce el mal de ojo, pero la religión está permanentemente impregnando toda la creencia. Por ejemplo se utilizan agua bendita y oraciones en el ritual. Y son las monjas las que venden los evangelios, por ejemplo en La Puebla de Montalbán, o los escapularios las Carmelitas de Toledo, para el mal de ojo. Hay municipios donde aún cuando piensan que la cosecha ha sido aojada -le han echado mal de ojo- sacan a San Isidro como elemento protector. En el marco de la Iglesia Católica hay personas que creen que están poseídas y cuando un sacerdote les hace un exorcismo empiezan a sentirse mejor. Es la creencia la que define el sentimiento, la emoción, cómo te encuentras.

 

AQUÍ: ¿Cómo ha evolucionado el fenómeno hasta nuestros días?

 

PS: Se ha ido adaptando a los tiempos. Ahora te pueden mirar por Internet si tienes mal de ojo, a través de chats o de Skype. Los amuletos se hacen con nuevos materiales y formas. El mal de ojo está vivo en nuestra sociedad y lo creamos o no forma parte de nuestra cultura.

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