Hablando de agravios

Nunca he creído en el patriotismo del que bandera en ristre lo exhibe y lo cuantifica por el rechazo a otros. Yo no soy descendiente de conquistadores. Creo en el patriotismo de quienes aplican todos sus esfuerzos en unir convenciendo, acordando. No será mi rechazo nunca la excusa para que se vayan. Tampoco lo será su rechazo para irme yo. Estoy de acuerdo con que voten, siempre y cuando estén de acuerdo en que también votemos los demás. No quiero independizarme de Cataluña y si alguien plantea esa cuestión me considero con derecho a votar. No me gustan los independentistas y menos aún quienes no se hartan de hablar mal de Cataluña y de los catalanes y exigen la unidad de España.

 

En este asunto los errores no son de la policía ni de la guardia civil, viene de antiguo y todos hemos contribuido. Enrocarse en el nacionalismo da votos y hace que se olviden las miserias propias. Cuanto más agobiado está el político de turno, o el presidente de un club como el Barcelona con su moción de censura, más se envuelven en la bandera. Cuando nada tienen que ofrecer sacan la bandera a pasear y a dar vivas a las fuerzas de orden público. Pero cuando se necesita el voto de los que ahora se denigra se es capaz de llegar a acuerdos.

 

Es probable que en la política castellano-manchega asistamos a un duro intercambio de declaraciones en torno a la cuestión catalana y que sea esta la que centre el debate político en Castilla-La Mancha. En realidad ya se inició antes del 1 de octubre. El pleno de las Cortes regionales debatía sobre el inicio del curso escolar, de eso iba el debate, pero el PP, a través de su parlamentaria Claudia Alonso, quería hablar de Cataluña a cuenta de que el vicepresidente segundo del gobierno y secretario regional de Podemos, José García Molina, se iba a entrevistar con Ada Colau y con Oriol Junqueras. A partir de ahí todo ha sido pedir a Emiliano García Page el cese de García Molina.

 

No era Claudia Alonso la única centrada en Cataluña en ese momento en que se debatía sobre el curso escolar en Castilla-La Mancha, el parlamentario de Podemos, David Llorente, móvil en mano se mostraba pendiente de las redes a tenor del tuit que él mismo mandó mientras se desarrollaba el debate y en contestación a otro en el que se quejaban de que no se permitiera el voto en Cataluña el día 1 de octubre. “Sols el poble salva al poble”, decía David Llorente, quien, al igual que García Molina nació en Cataluña, aunque no es algo que suela poner en su curriculum político en Castilla-La Mancha.

 

El hecho por fuerza les dota de una sensibilidad especial y puede que distinta sobre el problema que las de sus compañeros parlamentarios. Pero se estaba hablando de la educación en la región y en las Cortes de Castilla-La Mancha.

 

La convivencia no es algo fácil, no lo es en el trabajo, ni en la familia, ni por supuesto en una sociedad tan compleja como es un país. Pero quienes se postulan para dirigir la sociedad y son elegidos para ello tienen entre sus obligaciones la de templar las relaciones y aunar, no dividir. Lo que llevamos viendo mucho tiempo es lo contrario, dirigentes que aprovechan esos sentimientos disgregadores en su beneficio y para ello los potencian.

 

Es como esos vídeos que de vez en cuando corren por las redes sociales en los que dos jovencitos se están pegando mientras otros los jalean para que lo hagan y otros, claro, lo filman y lo exhiben en su red para conseguir ‘me gustas’. Los moderados, a los que no les va el rollo, no se atreven a manifestarlo y quien sí lo hace es rápidamente apartado y abucheado.

 

La cuestión es que para agravios históricos de los que quejarse difícilmente puedan ganar a una región como Castilla-La Mancha. Tenemos mucho corte sobre los que trabajar. Sería bueno que el nivel de exigencia que unos y otros plantean en las Cortes regionales, en sentidos distintos y a veces opuestos sobre asuntos como el de Cataluña, se manifieste de igual forma en algo tan evidente y tan sangrante como la política del agua con la que desde hace décadas los gobiernos centrales y algunos autonómicos golpean a esta región. No digo que no se hable, debata y se saquen los colores sobre Cataluña; pero no puede ser más intenso en ese foro como el chuleo que se traen con el Tajo. Por poner un ejemplo muy claro.