Gracias, Navidad

En las presentaciones de los libros es natural que el escritor dé las gracias a los que le ayudan en la realización del acto y a los asistentes, que en teoría deben apoyarle comprando algún ejemplar (¡Qué importante es que apoyemos a nuestros escritores comprando sus libros!) Así lo hice el pasado mes de noviembre cuando presenté mi última novela negra, Tijeras cortadas, y así lo haré el próximo 12 de diciembre en el claustro del convento de los carmelitas descalzos de Toledo donde presentaré una pequeña obra de teatro titulada Ni temeré las fieras, sobre la prisión y la fuga de Juan de la Cruz en Toledo. Al final del acto tomaremos un vino y desde aquí invito a mis lectores a que se acerquen si les apetece.

 

Digo todo esto porque quiero reflexionar sobre la palabra gracias, que es mi palabra favorita del diccionario. Gratus en latín significa gracia, belleza, bondad, favor y más cosas, de modo que es una palabra con mucha miga. Dar las gracias no cuesta dinero, es gratis. Para hacerlo no hacen falta conocimientos previos. Yo estoy convencido de que si dijéramos gracias más a menudo todo nos iría mejor. No me extraña que Pablo Neruda afirmara que la palabra gracias tiene tanta fuerza que es capaz de derretir la nieve o el hierro. ¿Es fácil dar las gracias? En principio sí, pero es un acto que requiere cierta dosis de humildad (no es apto para soberbios o los que tienen un ego que se lo pisan) y de reconocimiento hacia los demás.

 

Pero no quiero referirme solo al acto concreto de dar las gracias a alguien, sino a algo más profundo: vivir con una actitud de gratitud, no sólo hacia personas que conocemos sino incluso también hacia desconocidos. ¿Qué quiero decir con esto? Yo necesito mi ropa, mi ordenador, mis libros, mi comida, mi casa… Son cosas que hacen que mi vida sea más dichosa y, sin embargo, yo no he participado en nada en todo eso.

 

De modo que esa actitud de gratitud supone reconocer mi interdependencia, es decir, que no soy autosuficiente sino que dependo de la actuación de los demás. Así, en lo que sé, en lo que soy, en lo que tengo… en todo (¡pero todo!) han intervenido otras personas. Por eso debo tener una actitud de agradecimiento. Incluso no sólo hacia personas, sino hacia todo lo que nos agrada (como la naturaleza, como el hecho de respirar, como me pasa a mí desde que hago yoga.)

 

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Santiago Sastre

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