GHONZO

Es un expresionista convencido, un artista que quiere huir de lo fácil y encuentra en el caos “la esencia” de su obra. Este mes presenta su último trabajo en Toledo, en la sala de Espacio Despacio.

Gonzho

Gonzho es el nombre artístico de Francisco González Díez (Marmolejo, Jaén; 1967), un artista plástico que recaló en Toledo por casualidad en 1994. Le gustó tanto que decidió quedarse y la ciudad no ha dejado de ser un tema recurrente en su pintura. Uno de los muchos, porque a él, observador meticuloso, también y mucho “de las cosas que suelen pasar desapercibidas”, le interesa además plasmar lo que está sucediendo: una barcaza atestada de inmigrantes -‘Sin timón’– o una ciudad atenazada por el miedo tras sufrir un duro ataque terrorista -‘Frío en Bruselas’- o reivindicar la independencia y libertad de las mujeres, a quienes ha dedicado un buen número de sus obras. Desnudas, insinuantes, “haciendo lo que les da la gana”. Es, cuenta él, su forma, también, de aliarse contra el machismo que sigue teniendo una presencia fuerte en el mundo del arte.

 

“Me inspira lo que veo y lo que me gustaría ver. Yo no quiero contar nada de mí porque mi vida es muy triste y muy simple. Yo lo que quiero es que quien vea mi obra reconozca algo, presente o futuro, que ha vivido o le gustaría vivir. Yo quiero que mis cuadros hablen del que los mira. En China, en Japón o en Francia. Esa es la universalidad del arte”. Desde aquellas primeras pinturas con un carácter más impresionista -“me tenían pasmado los franceses teorizando sobre la luz y el color”, recuerda- fue adentrándose en el expresionismo, más o menos abstracto, más o menos figurativo, en una búsqueda tenaz y arriesgada que ha ido derivando en un estilo personal: “sincero, hacia lo esencial, hacia lo verdadero, a quitar. Estoy en un proceso de depuración”. Ese proceso se intuye en ‘Lo efímero de la realidad’, la exposición que muestra en Espacio Despacio (Toledo) hasta el 1 de julio.

 

 

 

A-galopar

 

Una colección de obras en pequeño y mediano formato -con los que este artista se siente más cómodo- realizadas en el último año, y en las que juega con colores más ocres, más apagados. Además, un retrato de Woody Allen (Gonzho comenzó pintando retratos), ‘Las Rompeolas’ y una marina -su particular homenaje a Courbet– que anticipa su próximo proyecto: “Quiero pintar olas rompiendo”. Y quiere, además, adentrarse en la escultura. “Es mi asignatura pendiente. Estoy experimentando, en piedra, en bronce”, pendiente de superar las limitaciones de espacio que impone su estudio en Argés.

 

A Gonzho le cuesta hablar de su obra, de su trayectoria. “Me es muy difícil. Puedo hacer una crítica de la de otros, pero no de la mía”. Y ante la insistencia se escabulle en reflexiones sobre el arte, sobre el mercadeo que trafica con la creatividad y la emoción del artista y su obra y, también, sobre la inquietud que le lleva a pintar, a experimentar y buscar constantemente. “Yo pinto desde la deconstrucción. No construyo, deconstruyo. Lo primero que hago es llenar la tabla o el lienzo, lo lleno todo y empiezo a deconstruirlo buscando una imagen, buscando algo. Me pierdo y empiezo a reencontrarme en el cuadro. Me tengo que sentir perdido, descontrolado. ¿Cómo puedo hablar de algo en lo que empiezo perdiéndome?”

 

MUY CRÍTICO con el mundo del arte, opina sobre él: “se ha nutrido siempre de las crisis, pero por primera vez está en crisis. Todavía no he visto ninguna obra que esté resolviendo estilísticamente, trasgresoramente, lo que está pasando en el mundo”. Lamenta, por otra parte, que se haya “impuesto el ojo, lo fácil a todos los niveles. Los galeristas son los culpables de todo esto. Van a vender y saben que el hiperrealismo vende porque lo entiende más gente. Son pocos los que apuestan por una obra expresionista. Ahora la gente ya no se para a encontrarse consigo mismo o a interpretar lo que otro a hecho. Es todo visual, acabaremos siendo ojos. Yo tengo experiencias de ferias de arte, en las que un marchante te saca la pasta, toda la que tengas, y no vendes un cuadro. Este es un mundo muy complicado, sobre todo cuando empiezas y tienes la necesidad de que te valoren. Te encuentras con listillos que se aprovechan de tu ingenuidad y de tus ganas. Yo ya paso de eso”.

 

Biografitis.

Biografitis.

 

Aún así, lo cierto es que Gonzho ha logrado hacerse un hueco desde que hace 14 años se volcó en la pintura. Ha expuesto por media España, incluida la muestra colectiva celebrada en la Cumbre empresarial mundial del Agua y el Desarrollo Sostenible de la Exposición Universal de Zaragoza (2008) y este mismo año ha participado en tres exposiciones colectivas: en el Salón de Invierno Tàndem Art Gallery de Sabadell, en la galería Aires de Córdoba y en la galería Feeding Art de Madrid. También ha mostrado su obra en Alemania (Hamburgo, 2008), en Italia (Agrigento, 2007 y Ferrara, 2008) y en Argentina (en la Muestra Arte sin Fronteras de La Plata, 2007).

 

Además sus pinturas están repartidas en colecciones privadas de Japón, Estados Unidos, Francia o Rusia, entre otros países. Y ha conseguido algo que muy pocos artistas logran: vivir de su obra. “Me he movido mucho, aprendiendo, y he pasado de poner dinero a que me revierta. Cuando no vendes uno, vendes otro. Ahora me dedico solo a pintar”. Varias galerías sí están interesadas en su trabajo y, además, ha descubierto en Internet y en las redes sociales una vía infinita para mostrar sus tablas y sus lienzos que le está resultando bastante efectivas. Gonzho trabajó antes como restaurador y técnico de arquitectura monumental y fue dibujante de dibujos animados, entre otros ‘La factoría ratonil Pérez’.

 

Cuando tenía 17 años acudió al estudio del pintor Matías Ruz, aunque hasta un par de décadas más tarde, cuenta, no volvió a volcarse en el arte. Empezó a asistir entonces a talleres y a clases en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a leer todo lo que caía en sus manos sobre pintura y a aprender de los artistas que tenía al lado y “de la vida, de gestos, de todo”, dice él, que se considera un autodidacta y está convencido de que, sobre todo, “el artista debe formarse en la calle”.

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