GABRIEL CRUZ MARCOS SE REINVENTA

El artista toledano se ha reinventado hasta encontrar en la reprografía una vía desde la que canalizar su incesante inquietud creativa. El 1 de abril inaugura nueva exposición.

Gabriel Cruz Marcos con dos autorretratos que forman parte de su nueva exposición. Desde el 1 de abril en el Círculo de Arte de Toledo.

Gabriel Cruz Marcos con dos autorretratos que forman parte de su nueva exposición. Desde el 1 de abril en el Círculo de Arte de Toledo.

 

 

Uno se pierde repasando tantos premios, las obras monumentales repartidas por espacios públicos de toda España o las exposiciones individuales y colectivas en las que Gabriel Cruz Marcos (Nambroca, 1943) ha mostrado su ingente obra desde principios de los setenta. Obra escultórica en su mayor parte, con la que ha ido experimentando y desarrollando nuevos lenguajes y nuevasdimensiones plásticas. Hasta hace un par de años. Hasta que encontró en la reprografía digital otra forma de contar su mundo.

 

En la primavera de 2014, con la exposición ‘El Greco como pretexto’, sorprendió a todos con un giro artístico radical al presentar por primera vez obra utilizando este proceso sobre seda. Y ahora, dos años después, ahonda en esta técnica y la depura. El resultado: ‘Lenguajes visuales’, un trabajo cuidado al detalle en reprografía digital sobre lienzo.

 

 

Un puñado de autorretratos y retratos de amigos y conocidos y de modelos ajenos que en un momento dado, cotidiano o insólito, le sugirieron una obra de arte que captó primero con su cámara y luego desarrolló en su estudio. Distintos formatos llenos de colores puros y limpios. “Son fruto de la intención de búsqueda, de no parar. La mente siempre está en marcha y necesita sacar cosas. Nosotros mismos estamos siempre buscándonos retos y el retrato es un reto, es difícil”.

 

“He cambiado el martillo y el cincel por el ratón del ordenador, que puedo sujetar bien con las dos manos. Estoy agusto trabajando así y lo disfruto”.

 

 

 

No es la primera vez que, en cualquier caso, él los trabaja, aunque sí con esta técnica que empezó a utilizar con unos viejos ordenadores que su hijo Gabriel de la Cruz, también artista, le dejó. “Con ellos aprendí a sacar partido del Photoshop y de otros programas”. La reprografía digital es la vía que Cruz Marcos ha encontrado para seguir creando, con la misma intensidad y con la misma belleza que cuando modelaba el bronce, el hierro o el barro.

 

El artista padece desde hace unos años un temblor esencial que le obliga a utilizar las dos manos para sujetar los objetos y controlar el movimiento. “He cambiado el martillo y el cincel por el ratón del ordenador, que puedo sujetarlo bien con las dos manos y así controlarlo”, explica él. “Estoy agusto trabajando así y lo disfruto. He encontrado un modo importante de satisfacer mi personalidad. Ahora no puedo expresarme en tres dimensiones, pero eso sigue vivo”.

 

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Y así se le ve, satisfecho por el giro que ha dado a su trayectoria artística y por el último trabajo realizado, expectante ante la opinión de quien vea estos lienzos (durante todo el mes de abril en el Círculo de Arte, en Toledo) y con nuevas ideas rondándole la cabeza para embarcarse en otro proyecto más. “Tengo de sobra para tirar para adelante, aunque todo dependerá de cómo se tome la gente esta exposición”, advierte.

 

LA BÚSQUEDA CONSTANTE de lenguajes distintos e innovadores está detrás de la amplísima y variada obra de Gabriel Cruz Marcos. Y no es ésta la primera vez que rompe por completo con lo que estaba haciendo. “En mi época de aprendiz en la Escuela de Arte de Toledo conocí a Vitorio Macho e iba a su casa muy de vez en cuando, a través de mi profesor Máximo Revenga, que le servía a él de ayudante. De alguna forma estaba influenciado por este hombre, pero un día me di cuenta que no era el camino que tenía que seguir por el desengaño que me llevé en la I Bienal del Tajo con una obra en la que yo estaba muy ilusionado y me rechazaron porque era lo de siempre. Entendí que lo que había hecho hasta entonces formaba ya parte del pasado, que tenía que buscar otra manera de hacer obra”.

 

Las fotos de las esculturas de Alberto Sánchez que le mostró otro de sus profesores, Bejar, y una gran exposición en Madrid sobre el artista, también toledano, que Cruz Marcos fue a ver en repetidas ocasiones terminaron de fascinarle. “Por su manera de solucionar los volúmenes y los materiales que empleaba, como mezclaba la chapa, los remaches, los emplastecía…Todo eso cambió totalmente mi manera de hacer escultura”. Cruz Marcos, uno de los artistas más comprometidos con el homenaje a Alberto que se realizó en Toledo en 1995, no cree sin embargo que su obra esté condicionada por la de este escultor toledano. “Según yo no tiene ninguna relación, pero que cada uno piense lo que quiera de mi obra”, señala él.

 

DE AQUELLA PRIMERA ETAPA, que comenzó siendo estudiante en la Escuela de Arte de Toledo, a donde le había mandado su maestro del taller de damasquinado en el que trabajaba para que aprendiera a dibujar, quedan piezas más figurativas: torsos, hombres y mujeres entrelazados, animales. La maternidad, la vida, lo rural, la naturaleza que nunca dejará de estar presente.

 

Y el paisaje, más tarde. “Ya a finales de los 70, antes de irme a Sevilla -donde ejerció como profesor en la Escuela de Artes- empecé a concebir un tipo de escultura que no estaba haciendo nadie y al que nadie se ha enganchado: la escultura de paisaje en tres dimensiones, en el que luego seguí insistiendo”. Un nuevo concepto del volumen que, cuenta él, surgió contemplando las Puertas del Paraíso de Bernini en Florencia.

 

Aldea de Montaña. Escultura de paisaje.

Aldea de Montaña. Escultura de paisaje.

 

De su “entusiasmo” por el modelado del barro, con el que también experimentó “indagando con distintos tipos que mezclaba para conseguir diferentes tonalidades y con los que saqué piezas muy interesantes”, comenta él repasando su evolución, pasó a fundir el bronce y llegó al hierro.

 

“Para mí la terminación siempre ha sido muy importante. Tuve un aprendizaje muy artesano y siempre me ha gustado mucho dominar el oficio”.

 

Buscaba un material más consistente que le estaban reclamando y al que él logró impregnar la misma delicadeza que a otros más frágiles. “Para mí la terminación siempre ha sido muy importante, tuve un aprendizaje muy artesano y siempre me ha gustado mucho dominar el oficio. He pretendido embellecer esa dureza del hierro dándole un toque más suave, más delicado para que perdiera esa rudez”, cuenta mientras muestra algunas piezas: ‘Árboles del arroyo’ o ‘Toledo’, en el jardín de su vivienda particular, entre olivos, donde decidió marcharse a vivir para trabajar “sin molestar a nadie y sin que nadie me molestara”, bromea este artista que puede pasarse el día entero trabajando su obra.

 

“Cuando me enzarzo, no hay tiempo. Y cuando no estoy con ello, estoy pensando que voy a hacer después”. Sobre el panorama artístico en Castilla La Mancha, el artista opina que en este momento “es interesante. La gente se mueve, lo que ocurre es que no hay apoyos de ningún tipo. No hay voluntad de crear un centro donde poder hacer exposiciones dignas y promocionar el arte que se está haciendo. Ahí han estado los Tolmo aguantando ellos solos, y nosotros en el Círculo, sin recibir nada”.

 

Cruz Marcos, que en 1962 fue elegido para representar el damasquinado toledano en la Feria internacional de artesanía de Munich, fue durante muchos años, hasta su jubilación, profesor de forja en la Escuela de Arte de Toledo. Por sus clases pasaron artistas como Fuentes Lázaro. Y entre clase y clase siguió creando y exponiendo su obra en Japón, Italia o Grecia. A principios de los 80 disfrutó de una beca del Ministerio de Cultura en distintos países americanos para sus estudios de paisaje en escultura. Miembro de la Galería Tolmo desde 1973 y ahora del Círculo de Arte de Toledo, tiene en su pueblo, Nambroca, una calle dedicada desde 1984.

 

OBRAS MONUMENTALES

Desde que comenzó a trabajar el hierro, a mediados de los 80, Gabriel Cruz Marcos se embarcó en grandes proyectos monumentales, la mayoría por encargo. Sus esculturas están repartidas por espacios públicos (parques, plazas, rotondas y autovías) de todo el país: en Murcia, Madrid (en el interior de una estación de seguimiento de satélites), Hellín, Zafra, Ocaña, Nambroca… También en Toledo podemos ver muchas de ellas: en la Cava, el patio Lorenzana, en la plaza de la Concepción, a la entrada de la residencia Tomás y Valiente, en Santa Bárbara, en el cigarral Ángel Custodio… “A veces cuando paso delante de alguna y la veo abandonada, llena de rabanillos, se me cae el alma a los pies”, reconoce el artista.

 

En colecciones privadas de distintos países (Estados Unidos, Suiza, Japón, México, Alemania…) se encuentra también buena parte de su obra. Otras piezas forman parte de los fondos de algunos museos, como los de Albacete, Jaen, Almagro, Cuenca o Valdepeñas. Y también la hay en manos de entidades públicas, como el ayuntamiento o la diputación de Toledo y de empresas como Dragados y Construcciones.

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