Fernando ‘Pessoa’ Salinero Toledo/Lisboa 2015

Es el título con el que el artista toledano Fernando Salinero, transmutado en un nuevo heterónimo del poeta portugués, nos introduce en el tiempo como cuarta dimensión.

Fernando-Salinero-Artista del mes

Es probable que como Fernando Pessoa, para el que ser poeta no era una ambición sino una manera de estar solo, Fernando Salinero (Toledo 1952), su homónimo y en esta ocasión también su heterónimo, utilice el arte para envolverse en su soledad, en el tiempo y en los recuerdos.

 

La obra que el artista toledano expone durante estas fiestas de navidad en la biblioteca regional del Alcázar es un homenaje al poeta portugués del que el día de la inauguración, 30 de noviembre, se cumplió 80 años de su fallecimiento. El Tajo, dice Salinero, es el elemento de unión para la obra; pero también lo es ese sentimiento, esa saudade que de allá para cuando y precisamente de manera más intensa en fiestas como estas nos hacen meditar sobre el paso del tiempo y nuestra presencia en él.

 

Dice Salinero que esta exposición “no ha sido realizada por mí: es sólo una sensación, no existe como tal, no está encuadrada en ninguna estética artística, ni pretende permanencia alguna o imagen en la retina del observador”. Por suerte no lo consigue . Es una muestra evocadora, llena de color en la que paradójicamente desmiente a Pessoa cuando escribió que “las cosas no tienen significación: tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas”.

 

“El libro del desasosiego” dio origen a la idea de la exposición con la que el escultor Salinero, transmutado en Bernardo Soares/Pessoa, en su taller de la Floresta, ha explorado otras formas artísticas.

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Lo contaba el escritor Federico de Arce en la presentación, a la que asistió gran número de artistas, entre ellos los componentes del Grupo La Estación al que pertenece el propio Salinero. “Si en verdad Vivir es ser otro, a Fernando el destino le concedió convertirse por un tiempo en Bernardo Soares, sin ser capaz de explicarse por qué, tuvo necesidad de encarnarlo. Me puse a trabajar como si fuera otro para poder salir del libro, me confesó en su estudio”.

 

El resultado, dice Arce: “un alma en estampas en las que se concitan el subversivo dadaísmo y el desenfado del arte pop, con el candor inteligente del Kitsch más deliberado. La sensación de irrealidad de ser en el tiempo, la falta de identidad del sujeto, y el tremendo peso metafísico de quien se sabe nadie, y piensa en nada”.

 

En las imágenes de las obras del artista, tomadas por su hija Celia Salinero, y entre las que le vemos en su taller de la Floresta trabajando la que sería el escaparate de la exposición en los carteles anunciadores. Objetos cotidianos llenos de simbolismo en la mente y en las manos creativas de Fernando con los que consigue en el espectador una regresión añorante y melancólica al pasado.

    

Francisco José Gómez Herruz

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