Felicidad libresca

Un libro sirve para calzar una mesa, partir una nuez, guardar algún papel, como arma arrojadiza, como elemento decorativo, instrumento musical (a modo de tambor), para hacer una escultura, como posavasos, para elevar la pantalla del ordenador, de salvamanteles, para espantar la soledad. Pero especialmente para ser feliz.

 

también hay que barajar en el análisis la influencia de este negocio (parque Puy du Fou) en la felicidad o bienestar de los toledanos, no solo en los bolsillos.

 

Está claro que el hombre busca la felicidad. Hubo un momento en el que los filósofos vieron que no era tan importante afanarse en buscar la verdad sino en algo mejor: saber cómo vivir. Y en esa tarea era fundamental lograr estrategias que nos proporcionasen felicidad, ya sea conseguir placer (Epicuro), calma chicha (los estoicos), bienestar (los utilitaristas), etc. Se trata de un impulso, incluso un deber, que no se satisface del todo (sólo a ratos) y que puede incorporar la búsqueda de la felicidad de los demás (no una felicidad egoísta). Y en su consecución influye no sólo nuestra manera de pensar (como insiste Rafael Santandreu), sino también lo que nos sucede, lo que nos pasa.

 

 

La felicidad no se compra, no reside en el dinero. Ayer mismo un conocido me decía que yo debía ganar mucho dinero porque publico artículos y libros. Y le dije que no, que incluso me cuesta dinero. ¿Y entonces por qué lo haces? Podrías dar conferencias, ascender en tu trabajo, etc. y eso repercutiría en tu bolsillo. Y le dije que no: hago lo que me hace feliz, no lo que me puede dar dinero. Esto, por cierto, se puede extrapolar al ámbito político, por ejemplo al Puidufú.

 

Vale, hay que cuidar el paisaje, respetar los caminos históricos y restos arqueológicos de la zona, conservar flora y fauna, ver la contaminación acústica, de dónde se saca el agua, etc. Es un espectáculo impresionante que influirá en la economía (trabajo, visitantes, hoteles, etc). Pero hay que plantearse una cosa más: ¿nos hará más felices? ¿Realmente necesitamos ese parque? Si atendemos al bienestar de los ciudadanos, el principal indicador no es la economía. El impacto que puede tener en la zona y en los habitantes de alrededor y en Toledo, dada su proximidad, es la clave.

 

A veces la felicidad es un virgencita que me quede como estoy (como cuando juegas a las cartas a las siete y media y llevas siete), frente a un venga negocios, carreteras, aeropuertos y más cosas que nos engolosinan con su modernidad y sus expectativas económicas. No puedo desarrollar este argumento aquí, sólo digo que también hay que barajar en el análisis la influencia de este negocio en la felicidad o bienestar de los toledanos, no sólo en sus bolsillos.

 

Nadie duda de que los libros son madrigueras de felicidad. Y digo esto al hilo de que del 12 al 20 de mayo se celebra en Toledo la XIII feria del libro de Toledo, con sus típicas casetas en la plaza de Zocodover. Un sitio donde no sólo comprar libros, sino de encuentro de lectores con escritores, con frikis, con editores; en definitiva, con fanáticos de ese objeto que no deja de ser una puerta o una ventana a un paisaje que pretende hacernos felices. Por eso desde aquí quiero animar a los toledanos a que se acerquen a la feria, que este año tiene como lema ‘Mujeres en la literatura’.

 

¿Son caros los libros? No tanto. ¡Cuánto me hubiera gustado que hubiera carritos –protegidos con cristales- con libros en los principales parques de la ciudad para fomentar la liberación y trueque de libros, como existen en tantos parques franceses! Por ahora me conformo con liberarlos en la Facultad donde trabajo y en los carritos del hospital Virgen de la Salud. Nos falta una cultura que nos haga ver que los libros pueden estar en la calle y que circulen, hasta que den con sus lectores y sigan su curso de mano en mano. Y gratis total, sin miedo. Yo he visto, con pena, tirar libros a la basura.

 

Quiero terminar comentando que lamento mucho que J. M. González Cabezas haya dejado de ser concejal en el Ayuntamiento de Toledo. Ha hecho una buena labor como concejal de cultura. Representaba una imagen de político que me gusta: cercano, con ideas o proyectos, muy culto, con una magnífica oratoria, amante de la literatura, comprometido con su ciudad en muchos aspectos de su vida, de una honestidad que se ve a la legua.

 

¿Por qué lo ha dejado? Alude a motivos personales, entre los que habrá pesado el cuidado de su madre enferma. Hay quien dice que hubo algún desencuentro con algún peso pesado del ámbito cultural toledano, pero eso son habladurías y no siempre que suena el río es porque lleva agua. O sí. Ahora tendrá más tiempo para leer, porque él sabe que los libros son manjares de felicidad. Todo pasa y todo queda, como citaba él en un artículo machadiano de despedida.

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Santiago Sastre
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