ESPÍRITU NAVIDEÑO

Todos los finales invitan a hacer balance y a punto de despedir el año 2018 llega el momento del recuento de lo bueno y lo malo, de lo ganado y lo perdido. ¿Cómo nos ha ido, como sociedad, en nuestra Comunidad? Desde una visión panorámica se podría decir que se ha avanzado en el camino de la recuperación económica: el paro ha logrado descender por debajo del 17% -según la última Encuesta de Población Activa (tercer trimestre del año), la natalidad empresarial ha crecido a buen ritmo, las empresas han exportado más y han logrado -en términos generales- aumentar sus beneficios, la compra-venta de viviendas se ha animado… en fin, que todo lo que hace mover la economía de la sociedad de consumo se ha comportado mejor que en años anteriores.

 

 

Se observa en muchos municipios que los ayuntamientos han intensificado las luces navideñas, como una metáfora de que hay que ir poniendo fin a tiempos más sombríos, una incitación a sacudirse la austeridad. El optimismo es siempre saludable, pero no conviene olvidar la cara oculta de la recuperación: la pobreza. Una realidad, cruda, que sufre el 28% de los ciudadanos de Castilla-La Mancha (hasta el 33% si se incluyen a quienes están en riesgo de exclusión social).

 

Cuando no hace tanto dábamos por hecho que llegando al año 2020 viviríamos en una sociedad tecnológica próspera, con pleno empleo, no podíamos imaginar que ahora el objetivo de una región como la nuestra sea reducir la enorme bolsa de pobreza para ese año; ni que el objetivo de un país que celebra 40 años de su Constitución sea buscar la fórmula que garantice el sistema público de pensiones, o el modo de proteger a una sociedad cada vez más desigual.

 

Los buenos datos de creación de empleo tampoco deben deslumbrarnos y generar conformismo, porque no están impidiendo que uno de cada cuatro trabajadores ronde el umbral de la pobreza, por culpa de la precariedad e inestabilidad de los nuevos contratos. No hay más que hacer una comparación: casi 900.000 contratos firmados en Castilla-La Mancha en once meses han contribuido a sacar de la cola del paro a poco más de 10.300 personas.

 

Ya sabemos que cuando se trocea mucho una tarta tocan migajas. Si el Gobierno regional cumple su palabra, en 2019 tendría que estar vigente una de las leyes más justas y necesarias: la que garantizaría una renta mínima que permita a todos los ciudadanos una vida digna. Un deseo que compartirá toda la gente de bien.

 

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Prado López Galán
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