ESPACIOS DE ENSUEÑO

De los 1.031 bienes que la Unesco ha declarado Patrimonio de la Humanidad en el mundo, cuatro están en Castilla La Mancha: el centro histórico de Toledo celebra en 2016 treinta años con este reconocimiento y la ciudad medieval de Cuenca, veinte. Por su singularidad forman parte también de la lista 93 yacimientos de pintura rupestre de las provincias de Albacete, Guadalajara y Cuenca y las minas de mercurio de Almadén, en Ciudad Real.

Pinturas rupestres de Nerpio

Pinturas rupestres de Nerpio

 

 

Hace entre 12.000 y 6.000 años los habitantes del este de la península ibérica, desde los Pirineos a Andalucía, pintaron en abrigos naturales y cuevas poco profundas escenas de su vida cotidiana: de cacerías, de danzas, de recolecciones, de luchas… Hombres, mujeres y niños que a veces llevan algún adorno o alguna vestimenta. Y animales, sobre todo cabras, pero también ciervos o caballos. Casi todas en rojo y negro.

 

De este arte rupestre del arco mediterráneo que constituye un documento histórico excepcional, toda una narración de cómo vivían nuestros antepasados, nos quedan 758 yacimientos. Es la mayor concentración de Europa de arte prehistórico. Por ello, por la autenticidad de las pinturas y su buen estado de conservación, la Unesco las declaró Patrimonio de la Humanidad en 1998. 93 de esos yacimientos están en Castilla La Mancha.

 

 


 

La provincia de Albacete, con 79, es la que más pinturas ha conservado. Y es Nerpio, un pequeño municipio de la Sierra del Segura, donde se ha localizado el mayor número y el más rico de todo el sureste peninsular: entre 70 y 75 abrigos, señala Antonio Carreño, un vecino que siempre se interesó por el arte rupestre que se había descubierto en su pueblo en 1954. Él mismo ha localizado algunos de estos abrigos y aún recuerda “la emoción” al hallarlos. Desde hace años está comprometido con su estudio, su conservación y su difusión y aprovecha para reclamar a los políticos “más sensibilidad, receptividad y preparación para entender y valorar de lo que estamos hablando”.

 

Solo en el paraje de Solana de las Covachas se localizan 9 zonas pictóricas y 7 en el Torcal de las Bojadillas, donde los artistas prehistóricos pintaron un grupo de mujeres danzando con largas faldas. Hay pinturas rupestres de enorme valor también en 5 abrigos de Minateda, en Apera, Ayna o Letur. En Villar del Humo, en Cuenca, se han localizado hasta ahora 12 abrigos (los primeros en 1917) y en Rillo de Gallo, en Guadalajara, también hay otro yacimiento destacado. Casi todas se encuadran en el arte levantino. Ya más modernas y asociadas al arte esquemático, encontramos algún yacimiento en Sierra Madrona (Ciudad Real).

 

Imagen de Toledo de David Utrilla

Imagen de Toledo de David Utrilla

 

LA CIUDAD MÁGICA

Pocas ciudades en Europa pueden presumir de un casco histórico tan vital, habitado en su mayor parte, tan grande, tan bonito, tan genuino y con tantos siglos de historia repletos de relevantes episodios y plasmados en todos los estilos artísticos como el de Toledo. La ciudad antigua fue el primer espacio que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad en Castilla La Mancha. Hace ahora 30 años.

 

“Tenemos un casco histórico maravilloso que es un gran polo de atracción y que debemos aprovechar”, señala la alcaldesa Milagros Tolón. “Lo conmemoraremos debidamente. La declaración se produjo en noviembre de 1986 y será más adelante cuando nos metamos de lleno con esas celebraciones. Ahora estamos inmersos en otra declaración importante para la ciudad y la provincia como es la de capital de la gastronomía”.

 

Tres millones de turistas se entremezclan cada año con los casi 11.000 habitantes del casco histórico para danzar por las estrechas calles medievales y visitar, en apenas unos metros de distancia, unas termas romanas, una de las catedrales góticas más bellas del país, dos sinagogas perfectamente conservadas o una preciosa mezquita que conserva íntegra su estructura original del siglo X y las pinturas murales del siglo XIII realizadas cuando se convirtió en iglesia.

 

En la ciudad de las Tres Culturas, salpicada a cada paso de monumentos, la Escuela de Traductores de Toledo, que sigue activa, tradujo las grandes obras clásicas de Aristóteles y Ptolomeo mientras la Corte y la Iglesia la elegían como sede. Antes, en el siglo VI y VII lo había sido del reino visigodo. Un curioso museo da muestras de aquella época. Y no es el único singular de Toledo. El Greco, los sefardíes, Vitorio Macho o el Ejército tienen también su espacio museístico en esta ciudad aún rodeada en parte por una muralla y abrazada por el Tajo que, desde lo alto de la otra ribera, parece un lugar de cuento.

 

Cuenca desde el barrio del castillo.

Cuenca desde el barrio del castillo.

 

LA CIUDAD ENTRE DOS HOCES

Lo primero que fascina de la ciudad medieval fortificada de Cuenca es su emplazamiento, en una alargada y escarpada atalaya que se asoma por el noroeste a la vertiginosa hoz del río Huécar y por el sureste a la no menos impresionante hoz del Júcar. Estrechas calles con escalinatas, arcos, pasadizos y miradores donde recrearse ante unas vistas soberbias rodean el emplazamiento y conducen hasta el barrio del castillo.

 

Desde allí, en lo más alto de la ciudad, las Casas Colgadas parecen inexpugnables. Solo el largo puente colgante de San Pablo repleto de turistas que lo balancean levemente abren paso hacia el casco histórico. Cuenca conmemora en 2016 sus 20 años como patrimonio mundial. La Unesco tuvo en cuenta a la hora de la declaración que es “un ejemplo excepcional de ciudad fortaleza que ha conservado su paisaje urbano original sorprendentemente intacto”.

 

El ayuntamiento acaba de poner en marcha una comisión para organizar los actos con los que conmemorarán el aniversario a lo largo del año, una programación de la que al cierre de esta edición no querían dar aún detalles pero con la que esperan atraer a más visitantes.

 

En Cuenca comenzó a construirse la primera catedral gótica y hoy merecen atención allí las modernas vidrieras y el juego de luces que ofrecen en el interior cuando el sol las ilumina. Está en la Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento soportado por varios arcos y un singular conjunto de edificios pintados con vivos colores.

 

La ciudad no solo invita a un agradable paseo por callejuelas salpicadas de fachadas blasonadas que suben y bajan y conducen a tranquilas plazitas o a la Torre renacentista de Mangana, también a disfrutar de su suculenta y singular gastronomía -no hay que perderse el morteruelo o los zarajos o los vinos de la provincia- y a sorprenderse en algunos de los museos más curiosos de Castilla La Mancha.

 

 

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UN PATRIMONIO BAJO TIERRA.

Hay que remontarse al siglo III antes de Cristo para contar esta historia. Es entonces cuando comienza la explotación de las minas de cinabrio de Almadén, que durante 23 siglos han constituido el mayor yacimiento mundial de este mineral, del que se extrae el mercurio. Con el descubrimiento de América en 1492 llegó una época dorada para estas minas, ya que la explotación de las minas de oro y plata de las Indias demandaban grandes cantidades de mercurio para poder amalgamarse con los metales preciosos.

 

De las profundidades de su mina -con galerías que llegaron a alcanzar los 750 metros bajo tierra- se extraía mercurio en cantidades tales que eran las mayores suministradoras del mundo. Las minas de Idrija, en Eslovenia, eran las segundas productoras de mercurio, por lo que se creó un ‘Camino Real’ para unirlas con las minas de San Luis de Potosí, en México, para la obtención de oro y plata. Es parte de esta antigua ruta comercial la que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el 30 de junio de 2012 (se excluyó a San Luis de Potosí).

 

Este reconocimiento internacional al valor cultural, histórico y patrimonial (industrial) de las Minas de Almadén ha impulsado el turismo en una comarca que comenzó a sufrir el declive económico justo con el cierre de las minas en 2001, al quedar prohibido el uso comercial del mercurio (el yacimiento aún tiene cinabrio). La empresa pública que las explotaba pensó en otro filón, el turístico. Adaptó las complejas instalaciones –bajo tierra y en superficie- y en 2006 abrió sus puertas a los turistas el Parque Minero de Almadén.

 

Lo más curioso para el ciudadano de a pie es bajar al interior de la mina. Se desciende en un estrecho ascensor hasta una galería situada a 50 metros de profundidad. Algunos ex-mineros han hecho labores de guías turísticos y explican, con la experiencia personal que poseen, los secretos de esta antiquísima mina de extracción de mercurio. El visitante puede recorrer, con casco y linterna, las minas del Pozo (explotadas entre los siglos XV y XVI) y la del Castillo (del siglo XVIII), unidas entre sí a través de la “caña gitana”, nombre de la época en la que los gitanos eran condenados a trabajos forzados por ser considerados “gente de mal vivir”.

 

Impactante es la vista de los socavones de las minas del Pozo y el Castillo; curioso resulta el embarque del pozo de San Aquilino, un cuarto de herramientas, una explotación de testeros, el Baritel y el pozo de San Aquilino. Se sale del interior de la tierra en un antiguo tren de transporte del mineral. La visita dura una hora. El Parque cuenta con un interesante Museo del Mercurio y un Centro de Interpretación de la Minería, ubicado en el exterior, en el Cerco de San Teodoro. Se pueden visitar también los Hornos de San Eugenio y San Julián, los dos únicos que se conservan de los 16 que estuvieron activos.

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