Entrevista a Cristina García Rodero

LA FOTOGRAFÍA ME HA DADO FUERZA, CONOCIMIENTO Y TOLERANCIA

Cristina García Rodero

 

Menuda, extrovertida, simpática, extraordinariamente vital, rodeada de pinturas al óleo que son recuerdos de sus primeras experiencias en el mundo del arte, de amigos y antiguas compañeras, de algún ex novio; cachivaches de sus innumerables viajes, algunas pequeñas fotos familiares y una grande, la que tomó en Georgia a un niño muy arregladito enmarcado entre dos hombres en los que se lee la dureza de toda una vida en el rostro.

 

Es una de sus fotos favoritas, la única que se aprecia en toda la casa. Las demás, miles, también están, en infinidad de discos duros de ordenador y en sus libros desperdigados por varias mesas, como el doblemente fantástico ‘España oculta’: fantástico por la calidad del mismo y por la España que nos da a conocer, que nos descubre. Cristina García Rodero (Puertollano, 1952), Medalla de Oro de Castilla-La Mancha en 2016 como último de los innumerables reconocimientos y premios con los que cuenta, nos recibe en su casa de Madrid. Ha habido suerte, lo normal es que esta aventurera estuviera viajando por algún país extranjero, en este caso tenía previsto La India.

 

Académica de Bellas Artes –“para mí fue una sorpresa muy agradable y una responsabilidad. Una siente que tiene que dar una respuesta a la confianza que te dan, hacer algo de provecho, que tu nombramiento sirva para algo. En este caso pelear y luchar por la fotografía” – considera que el arte en general en España está bastante mal tratado: “Cualquier país mima infinitamente más a sus artistas. Aquí es como si fuera un lujo el que te publiquen o te hagan algo. En el caso de los fotógrafos cada día es peor. Creo que el hecho de cambiar los soportes ha hecho que los periódicos se resientan, que las revistas se resientan, que las agencias de publicidad, todo lo que sostiene a los medios impresos, hayan caído y con ello ha arrastrado a todo aquel que se dedica a la fotografía. Al final el fotógrafo es la parte más débil y pienso que cada vez lo van a tener peor”.

 

La paradoja es que, dice Cristina, “en general ahora mismo la gente está infinitamente más preparada, tiene la posibilidad de ir a escuelas, a talleres, de viajar, de tener buenos equipos. Hay más vocaciones porque hay más presencia de la fotografía, hay más información, hay más libros, más exposiciones; pero el futuro es difícil. Los reportajes fotográficos estilo Life no los hace nadie, hay pocos sitios donde se pague por que un fotógrafo haga con tranquilidad un tema, en profundidad y con el tiempo y la ayuda suficiente, tipo National Geographic”. Es pesimista sobre la profesión. “Los jóvenes de ahora lo tienen mal, se inventarán otras cosas, surgirán otras posibilidades, la gente irá cada vez más hacia el vídeo, quizás hacia el cine; pero vivir de la fotografía es difícil”.

 

Nunca ha sido fácil el reconocimiento del fotógrafo. Usted hizo el retrato de Manuel Marín para el Congreso, una vez que dejó de ser Presidente. Hasta entonces siempre habían sido pinturas al óleo. Curiosamente su sucesor en el Congreso y ex presidente regional, José Bono, criticó que Marín optara por una fotografía.

 

Él se negó a que entrara la fotografía en la pinacoteca, como él decía, del Congreso; pero la valentía y la inteligencia de Manuel Marín consiguieron que sí entrara. Fui la primera mujer y la primera fotógrafa que ha hecho un retrato y tengo que agradecer a Manuel Marín que abriera los ojos y un camino para la fotografía, creo que tiene una cabeza muy moderna. El mérito no fue mío sino suyo con su decisión.

 

¿Qué opina de la postura que adoptó Bono?

 

Cada cual es libre de tener sus propios criterios, yo no los comparto. Estudié pintura y sé perfectamente lo que hay detrás de una pintura y de una fotografía, nada me es ajeno. Fue además un placer, una alegría trabajar con Marín. Siempre estaba riendo y bromeando. Después he hecho solamente dos retratos más que han sido al antiguo presidente de la Diputación de Bilbao y a los componentes del Tribunal Constitucional. Este último creía que me iba a costar mucho, eran doce personas, nunca había trabajado con tanta gente, y sin embargo colaboraron tan bien que fue un retrato muy fácil en cuanto a tiempo. Posaban con tanta seriedad, yo creo que llevan en su educación y en su trabajo la forma de comportarse, estaban tan entregados que me asombró lo fácil que me lo hicieron. Han sido bonitas experiencias las tres. También con los príncipes, con Leticia. Te dan miedo esos encargos por el significado que tienen y por si vas a saberlo hacer. Yo no soy fotógrafa de estudio.

 

Esos primeros pasos en el mundo del arte fueron con la pintura y nada menos que tuvo como profesor a otro ilustre castellano-manchego, Antonio López.

 

Sí, y también fue profesor mío Manuel Villaseñor y Antonio Guijarro y Úbeda no llegó a serlo pero sí que lo veía por la facultad y hablábamos, también Donaire que estaba en escultura pero con quien tuve una amistad que llegó hasta después de jubilarse. Era muy cariñoso. La facultad estaba llena de pintores manchegos, yo creo que es algo que La Mancha da: escritores, poetas y artistas. Ese horizonte tan recto y ese cielo tan presente, esa ausencia casi de montañas hace que soñemos. Es como don Quijote y Sancho Panza, es el soñar pero al mismo tiempo la gente manchega es muy realista, muy directa, muy llana.

 

¿Qué recuerda de ellos?

 

A Villaseñor lo tuve como profesor de Procedimiento y luego se convirtió en amigo. Le pedí un texto, porque exponíamos en Ciudad Real cuatro becados de paisajes que habíamos estado en Segovia, y a partir de ahí nos hicimos amigos. Antonio López fue el primer profesor de pintura que tuve y recuerdo las ganas que yo tenía de aprender. Le seguía, iba detrás de él para ver como corregía a los compañeros. Yo le decía: “cuánto hecho de menos no haber tenido una preparación en pintura para entenderle mejor” y él me contestaba: “no se preocupe por eso, así ha venido usted sin vicios”.

 

Usted ha sido profesora en la facultad de Bellas Artes también, eso le ha permitido financiarse como fotógrafa, ¿qué ha intentado transmitir a sus alumnos?

 

El amor por su trabajo. Es fundamental. Es algo que nos va a llevar mucho tiempo y hay que disfrutarlo y dedicarse a ello con pasión. Que amen su trabajo y crezcan en él, que investiguen para superarse. Como profesora intentaba destacar sus virtudes y que conocieran también sus defectos para que de ellos aprendieran. Intentaba facilitarles el camino para que fuera más corto y sencillo. Orientarlos a partir de lo que ellos tenían. Cada persona es diferente, no se puede pedir a todos lo mismo ni corregir a todos según tu forma de ver las cosas.

 

Cualquier país mima infinitamente más a sus artistas, aquí es como si fuera un lujo el que te publiquen o te hagan algo. En el caso de los fotógrafos todavía es peor.

 

¿Cómo fue cambiarse a la fotografía?

 

Fui muy afortunada al encontrar mi vocación, que era la pintura. Desde pequeña se me dio muy bien dibujar y una compañera mía me habló de Bellas Artes, yo no tenía ni idea de que existía. Me prepararon con un profesor de instituto en Puertollano. Tuve mucha suerte con él, era una persona muy honesta que se llamaba Rafael Requena. Fui absolutamente feliz como estudiante porque era lo que yo quería hacer. Terminé la carrera y me dieron una beca, la pedí para Florencia pero la Escuela era muy mala. Empecé a salir a la calle con mi máquina, a hacer reportajes de las huelgas, en España eran muy peligrosas, me metí en un circo en el que la esposa del dueño era española y me dejaban entrar a fotografiar el espectáculo, en fin empecé a hacer reportajes y a tener una añoranza extraordinaria por España. Fotografía empecé a hacer desde los 11 años, pero siempre pensé que iba a ser una ayuda, no que me fuera a separar de la pintura o del grabado.

 

¿ Y cómo surgió ‘España oculta’?

 

Había pedido una beca a la fundación Juan March para fotografiar España y cuando me metí de lleno en las fiestas me dije, me centro en esto porque merece la pena. Por la cantidad de imágenes que te pueden dar, porque está toda la gente en la calle, porque estás aprendiendo geografía, porque te relacionas con la gente, porque es un reto, porque se desconocen, había muchos motivos para trabajar en ello. Yo no tenía estudio ni posibilidades de tener un espacio y las fiestas eran una auténtica aventura. Lo que a mí me hizo centrarme también fue la poca información que había de ellas. A pesar de mi juventud y de mi inexperiencia me sentí capaz de hacer un libro y una exposición, era lo que creía que estaba en la obligación de hacer.

 

Ir a las más importantes, no a las que interesaban al Estado para atraer al turismo y para que dieran una determinada imagen de España. Era tan interesante ir descubriendo España, estoy hablando del año 73, y el ir descubriéndote a ti misma, cada vez exigiéndote más. Había muy malas infraestructuras, era una España muy pobre, pero era consciente de que vivíamos un momento privilegiado, de que aquello iba a cambiar a pasos agigantados, de que iban a morir muchas fiestas, como ha pasado, aunque se han recuperado otras, y se han masificado. Ahora vas a hacer fotografías a un sitio y es difícil trabajar por la cantidad de gente que está haciendo lo que tú.

 

¿Qué le ha dado la fotografía y qué le ha dado usted a la fotografía?

 

CGR: Yo a la fotografía le he dado mi vida y la fotografía a mí muchísimo, sobre todo el sacar de mí cosas que desconocía. Siempre me he tenido por una persona muy tímida y miedosa. La fotografía te obliga a que te tragues el miedo, a sacar fuerzas de donde no te imaginas, a ser muy luchadora. También a amar lo que estás haciendo y a amar lo que ves, a conocer, a aceptar a los demás, a aceptar las diferencias, a adaptarte a comidas, a geografías, a fríos, a calores, a idiomas, a diferentes mentalidades, a tratar con la gente, a disfrutar de la hospitalidad de la gente, a conocer cada día más, a ponerte en la piel de los demás, a enamorarte porque es fundamental, si las cosas no te gustan no vas a hacer nada. La fotografía es una lucha y una aventura, un compartir y un conocimiento. La fotografía me ha dado fundamentalmente conocimiento, tolerancia y fuerza.

 

¿Qué busca en el momento fotografiar?

 

Lo que vas buscando es la calidad de la imagen y las personas que te enamoran. No soy nada objetiva, voy hacia las personas que despiertan algo en mí. Es la emoción que te dan por su belleza, por su ternura, por su ingenuidad, por el papel que está ocupando, por la importancia que está viviendo, por cómo lo vive, por cómo lo vive el entorno. Hay muchas formas de contar las cosas y yo quiero contarlas en libertad, como a mí me gusta.

 

Una libertad que le ha dado formar parte de la prestigiosa agencia Magnum, la primera fotógrafa española que lo consigue. “Realmente es una cooperativa –dice- cada uno de nosotros somos nuestro jefe. No se meten para nada en el tipo de trabajo que haces, eres libre. Ellos lo que quieren es que haya producción, que haya venta, que haya calidad y que se respeten los derechos de los autores. Ese fue el origen de Magnum, el respeto al autor porque antes las fotografía ni se firmaban, se cortaban por donde querían, no se devolvían. Antes estábamos vendidos, el fotógrafo no era nadie, la fotografía era como una decoración de unos textos.

 

Asegura que las tecnologías le han dado “un dolor de cabeza tremendo. Si no hubiera entrado en Magnum no sé si me hubiera pasado al digital, supongo que sí. Prepararme para entrar en Magnum me hizo cambiar todo, mi forma de trabajo y de vida y todo mi equipo de cámaras y de ordenadores. No conocía nada de nada y me parecía que tenía muchos años para cambiar; pero uno tiene que ir con los adelantos, lo que tiene su parte buena y también mala. El problema es que me ha costado aprender, llevaba más de 30 años con un sistema y volver a empezar de cero tiene dificultades”.

“Pero lo que no le ha cambiado, dice, ha sido la mirada para fotografiar, tan solo el sistema de trabajo. Ahora puedes trabajar en unas condiciones de luz que antes eran imposible. Antes cuando venía la noche yo me recogía, el flash no me gustaba. Ahora con la sensibilidad del digital y que puedes trabajar con unas velocidades muy lentas, el objetivo tiene el estabilizador, cada día podemos trabajar en peores condiciones de luz. Como yo muchos fotógrafos hemos perdido el respeto a la noche, hacemos fotografías con 1/8 de velocidad sin trípode, nos apoyamos en una pared, tenemos un objetivo luminoso, una sensibilidad alta, los cambios de temperatura de color que es una maravilla, ya no tienes que llevar tantas películas diferentes que además te caducaban. Ya no llevo los bolsillos que me abultaban cuatro veces y siempre con la angustia de quedarme sin carrete y sin la posibilidad de poder comprar. Recuerdo que a mí siempre me pedían películas porque iba con un cargamento tremendo. Ahora lo puedes llevar en nada, tienes tarjetas de 32 y de 64 que no gastas a veces en un reportaje. Y suma el hecho de no tener que estar positivando continuamente, que logres tu imagen y la puedas mandar, que no te la rompan o te la roben.

 

 ¿Photoshop si o Photoshop no?

 

A favor de todo lo que sea mejorar el trabajo. El Photoshop se necesita. Si quieres oscurecer un cielo o aclarar una zona se necesita. Es una herramienta como lo es un pincel, lo que ocurre es que algunos hacen excesivos alardes. Antes hacer un fotomontaje tenía una gran dificultad, ahora el que quiere hacerlos los puede hacer con una gran precisión y calidad. La fotografía es tan amplia, hay tantas formas de verla que todo lo que te ayude mejor. Yo creo que cada época evoluciona de una manera y pienso o espero que para mejor.

 

Si hablas con Juan Manuel Castro Prieto (Premio Nacional de Fotografía en 2016) que es el mejor laboratorio que hay en España, pues te diría que una fotografía en analógico no se puede comparar al digital en blanco y negro. Hablamos de las sales de plata y el digital. Él dice que las diferencias que hay de texturas no se pueden comparar y hay mucha gente que sigue con el analógico y no quiere saber nada del digital por la calidad. Estos días para una ópera que se va a representar en Berlín me han pedido tres imágenes y dos de ellas son del 76. Las hemos escaneado, las hemos retocado y han quedado infinitamente mejor de cómo eran las diapositivas antes. Con el tiempo, además, el color comienza a cambiar. Y la hemos podido trabajar al milímetro.