«EN EL LIBRE MERCADO NO HAY CRITERIOS DE HUMANIDAD «

Francisco de la Rosa, secretario general CCOO Castilla-La Mancha:

Cuando Francisco de la Rosa llegó en la primavera de 2017 a la secretaría general de CCOO Castilla-La Mancha comenzaban a verse los primeros brotes verdes en la castigada economía regional, el diálogo social se recuperaba tras el cambio de Gobierno autonómico (en 2015) y sobre la mesa estaban grandes pactos regionales para recuperar empleo y derechos perdidos y para revitalizar el tejido empresarial. Tres años después De la Rosa reconoce los avances, pero se declara insatisfecho: “En 2020 hay que dar el gran salto cualitativo y cuantitativo. Es el momento”.

 

Francisco de la Rosa, secretario general de CCOO Castilla-La Mancha. Foto: Gómez Herruz.

 

Su nombre y su cara son habituales en los medios de comunicación. Le va en el cargo: lidera desde hace poco menos de tres años las Comisiones Obreras de Castilla-La Mancha, que aún hoy, en plena transformación social y laboral, sigue siendo una potente organización con cerca de 60.000 afiliados en la región (más de 900.000 en el país).

 

Pero, ¿quién es Paco de la Rosa? “Nací en Albacete en 1963. Pertenezco a una generación que se incorporó pronto a trabajar, en mi caso con 14 años. He hecho casi de todo: empecé como aprendiz de fontanero, he trabajado en hostelería, he sido comercial y en mi última empresa -un laboratorio de una fábrica de curtidos con unos 100 trabajadores- ya fui delegado sindical, en los años ‘80. En 1992 me incorporo al sindicato y durante 12 años fui el secretario general de CCOO Albacete. Mi experiencia laboral desde muy joven es una de las cosas que más me ha ayudado a moverme en el mundo sindical”, resume De la Rosa.

 

AQUÍ: Desde sus comienzos laborales y sindicales el mundo del trabajo ha sufrido grandes cambios. ¿Cómo ha intervenido el sindicato en esta transformación y cómo se ha adaptado?

 

DE LA ROSA: En aquellos momentos en los que yo comencé en CCOO estaban construyéndose muchos derechos, la negociación colectiva era aún muy débil -no olvidemos que el Estatuto de los Trabajadores se aprobó en 1980-. Los primeros convenios que se negociaron tuvieron resultados espectaculares, algunos con subidas salariales del 20%. Con la transición se empezó a consolidar un nuevo modelo de relaciones laborales, el sindicalismo estaba en auge. En aquel momento la avidez de los trabajadores por conquistar derechos era muy grande, hacer una huelga era casi habitual, mientras que hoy cuando convocamos una huelga los empresarios casi se ofenden, las huelgas indefinidas ya no se hacen, pero la huelga es un derecho, es una figura legal, un mecanismo para avanzar. Hoy hay un factor miedo que antes no existía, el conjunto de reformas que se han ido haciendo del Estatuto de los Trabajadores ha ido debilitando a una de las partes, a la de los trabajadores. Ha cambiado mucho el modelo de contratación, ahora apenas el 50% de los trabajadores inscritos en el régimen de la Seguridad Social tiene contrato indefinido y a jornada completa, que es casi una premisa para tener una cierta calidad de vida. Hay mucha temporalidad y a veces el miedo nos impide avanzar. Pero en lo esencial no se ha cambiado. Las empresas sindicalizadas son más competitivas y deben entender que los trabajadores son elemento fundamental del proceso productivo y tienen que reivindicar sus derechos a través de una representación sindical.

 

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