EN BUSCA DE LA MEMORIA PERDIDA

Toneladas de tierra y décadas de silencio mantienen enterrado el capítulo más sangriento y trágico de nuestra historia reciente. La represión franquista que, tras la guerra civil, se prolongó durante toda la dictadura (1939-1975) se ensañó en muchas zonas de Castilla-La Mancha, dejando ocultas en fosas a miles de víctimas que aún esperan reparación y justicia. La falta de voluntad política las sigue dejando en la cuneta.

La recuperación de la Memoria Histórica, un deber con soporte legal desde 2007, está siendo un proceso lento y obstaculizado. Como en un puzzle, las piezas se van colocando con el esfuerzo de familiares de víctimas de la represión franquista, historiadores, antropólogos y movimientos memorialistas.

 

Paz, Amor y Justicia. Estas tres palabras están escritas en el epitafio grabado en las tres fosas comunes del cementerio de Ocaña. En estas fosas yacen los restos de entre 1.300 y 1.800 represaliados por el franquismo, fusilados o muertos en prisión (torturados o por enfermedad) entre los años 1939 y 1959. Los restos no han sido exhumados ni, por tanto, identificados, pero la tenaz labor de investigación de la Asociación de Familiares de Ejecutados en el Cementerio de Ocaña ha logrado poner sus nombres y apellidos y la fecha de la muerte en los tres mausoleos levantados en memoria de estos represaliados, a los que se rinde homenaje cada 1 de noviembre.

 

A día de hoy, de las más de 2.000 fosas inventariadas en el Mapa de Fosas del Ministerio de Justicia, 150 están diseminadas por Castilla-La Mancha: 45 localizadas en la provincia de Toledo, 54 en Cuenca, 22 en Albacete, 18 en Ciudad Real y 11 en Guadalajara. La violencia de los represores se ensañó en muchas localidades de la región (Villa de Don Fadrique, Villarrobledo, Alcázar de San Juan, Cuenca, Guadalajara, Talavera de la Reina…) y transcurridos 82 años desde que estallara la Guerra Civil y más de 40 de democracia, las víctimas están sin contabilizar y sus historias sin contar.

 

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