El ritual de la Semana Santa

 

MERCEDES LOBÓN, Experta en protocolo.

 

La celebración de La Semana Santa católica está llena de tradiciones, usos y costumbres, que adquieren fuerza normativa (Real Decreto 2099/83, art. 5.2), para aunar ceremonial y liturgia, dando solemnidad a los actos que conmemoran un determinado misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo a través (fundamentalmente) de las procesiones con sus pasos, cofrades, colores…

 

Su máxima manifestación y significación es la finalización de la Cuaresma (46 días a partir del Miércoles de Ceniza) y centrando su atención en el Triduo Pascual (3 días de Cristo crucifixi, sepulti et suscitati, que comienzan conmemorando la última cena el Jueves Santo, la institución de la Eucaristía, el Orden Sacerdotal y el mandamiento del Amor Fraterno a través de su mayor simbología con el lavado de los pies, recordándonos que tenemos que servir y ayudar a los demás.

 

Las procesiones no son celebraciones regladas por la liturgia oficial de la Iglesia, son las hermandades y cofradías quienes regulan su organización

 

Seguido del Viernes de la pasión y muerte de Jesucristo, no incluye la Eucaristía y sí el ayuno y abstinencia. Y finaliza el Sábado Santo, día de meditación y Vigilia Pascual hasta la madrugada del Domingo de Resurrección, día de máxima alegría y acto litúrgico católico más destacado, y paso hacia la celebración de Pentecostés, 50 días hasta la venida del Espíritu Santo.

 

Las procesiones de Semana Santa son fruto de la manifestación de la religiosidad popular inveterada del lugar en el que se desarrollan. Es decir, no son celebraciones regladas por la liturgia oficial de la Iglesia, sino que son actos sujetos a las particularidades organizativas propias de hermandades y cofradías penitenciales, que regulan su organización y controlan el desarrollo de las mismas.

 

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