EL ORGULLO DE SER HOY MOZÁRABE

Solo en Toledo ha pervivido desde el siglo VIII, pese a todos los avatares de la historia, una comunidad mozárabe orgullosa de su linaje y transmisora de un ancestral rito católico que la Iglesia considera “un tesoro” a proteger, aunque el Vaticano estudia ahora ciertas modificaciones para actualizarlo. Solo en esta ciudad se mantienen desde hace 14 siglos parroquias mozárabes que hoy cuentan con feligreses repartidos por todo el mundo.

 

Investidura de nuevas damas y caballeros mozárabes en la Hermandad. El acto se hace el domingo siguiente a Pentecostés.

 

Cuando Jesús González comenzó, por simple curiosidad, a hacer el árbol genealógico de su familia no sabía que sus antepasados habían sido mozárabes, que descendían de aquellos visigodos que en el año 589 se convirtieron al cristianismo y desarrollaron en su reino una particular liturgia que lograron mantener en Toledo -junto a sus parroquias, sus normas y sus costumbres- durante casi cuatro siglos de dominio musulmán de la ciudad y, también, tras la reconquista de esta, pese a que ya para entonces el rito romano se estaba imponiendo en las zonas que pasaban a manos cristianas en la península.

 

Alfonso VI había encontrado un apoyo fundamental en la comunidad mozárabe de Toledo, poderosa y acrecentada en el siglo XI por los cristianos que huían desde el sur. Por eso cuando tomó la ciudad en 1085 les otorgó privilegios y les permitió mantener, además de su propia jurisdicción o alcalde propio, las seis parroquias mozárabes con su particular liturgia del siglo VII que ya existían en el año 1080, cuando el Concilio de Burgos impuso el rito romano (que sí tuvieron que adoptar las nuevas parroquias creadas desde esa fecha en Toledo).

 

2.000 familias mozárabes conscientes de serlo y con linaje demostrado estima la hermandad que quedan hoy. La mayoría en Toledo, pero también en Tailandia o Austria

 

Nueve siglos después se respeta la estructura canónica de esas seis parroquias mozárabes, aunque se han reorganizado en dos matrices: Santa Justa y Santa Rufina, con sus filiales de San Lucas y San Sebastián (en las iglesias de las dos primeras sigue habiendo culto mozárabe); y San Marcos como segunda matriz, con San Torcuato y Santa Eulalia como filiales.

 

Solo se conserva la iglesia de la última, situada en la plaza de Santa Eulalia. Allí se celebra misa por el rito hispano-mozárabe todos los días y es la que cuenta con el mayor número de feligreses. Unos versos atribuidos a San Ildefonso señalan que fue fundada en el siglo VI, aunque desde entonces ha sufrido numerosas restauraciones. Nunca fue reconvertida en mezquita, sirviendo siempre al culto cristiano.

 

Boda por el rito mozárabe de María Jesús y Diego en 2008, en Toledo. Los novios son cubiertos por un velo durante la ceremonia y el consentimiento de los contrayentes es distinto. Solo los feligreses mozárabes pueden casarse utilizando este rito.

 

Toledo es la única ciudad en la que siguen existiendo parroquias mozárabes reconocidas y supervisadas por la Iglesia, con sus valiosos archivos y con feligresía propia y activa. Y son además, y como excepción, de carácter personal: los fieles no tienen por que vivir en su entorno y de hecho muchos de ellos residen en distintos puntos de España y también en Austria, en Inglaterra, Alemania, Francia e incluso a la Hermandad de Caballeros y Damas Mozárabes de Toledo les consta que hay un mozárabe viviendo en Tailandia con ascendencia toledana, con el que han mantenido algún contacto.

 

 

 

Jesús González encontró “por sorpresa” su origen cuando investigaba a sus ascendientes en el siglo XVI. “En un documento aparecía especificado junto al nombre: mozárabe. Luego pude comprobarlo en los archivos de la parroquia de Santa Eulalia”, explica él. Fue suficiente, porque el linaje se transmite tanto por el padre como por la madre. El apellido, por tanto, no da ninguna pista sobre la pertenencia a la comunidad.

 

 

Él y algunos miembros de su familia solicitaron entonces su rehabilitación como feligreses mozárabes. El proceso requiere demostrar el linaje ante el fiscal de la Hermandad y el titular de la parroquia a la que pertenecieron los antepasados. Con los informes favorables de ambos es el Arzobispo de Toledo quien autoriza finalmente la inscripción en alguna de las parroquia mozárabes. La Hermandad organiza el domingo siguiente a Pentecostés un acto de investidura al que los nuevos miembros acuden con capa y venera y las mujeres con mantilla. Jesús González es ahora el teniente de la Hermandad mozárabe de Toledo.

 

“Hemos tenido años con 10 expedientes o más y este tenemos ya uno”, señala Felipe Jurado, el hermano mayor. Él sí conocía su origen mozárabe por sus padres y sus abuelos y estos por sus antepasados. “Nosotros procedemos de Bargas y allí el 90% eran mozárabes. También hay muchos en la zona de La Sagra porque sus ascendientes recibieron tierras allí después de la Reconquista”.

 

En la Hermandad estiman que quedan 2.000 familias en todo el mundo conscientes y orgullosas de su condición y practicantes del rito hispano-mozárabe. “Y luego habrá muchísima gente que lo sea y no lo sepa y otra mucha que sabiéndolo no les importe o no quieran manifestarlo y por tanto no estén en nuestro censo”, explica Felipe Jurado. En cualquier caso, señala, “uno nace mozárabe y lo es hasta que se muere. Y no lo es más por pertenecer a la hermandad o practicar el rito litúrgico”.

 

Es el linaje, por tanto, el que marca la condición y hay quienes se sienten muy orgullosos de ser mozárabes sin ser practicantes o sin serlo de forma habitual. Es el caso de Fernando Garrido, un toledano que está preparando un libro divulgativo sobre la historia de los mozárabes en la ciudad, con el que pretende aportar “sencillez y objetividad” desde una perspectiva más cultural y no tan centrada en el hecho religioso, como lo son buena parte de las investigaciones publicadas hasta ahora.

 

En el centro, el hermano mayor de la Hermandad, Felipe Jurado, y el teniente de la misma, Jesús González, desfilando en la Procesión del Corpus de Toledo.

 

Trabaja además en la reedición y estudio crítico de una comedia publicada en 1672 por Juan Hidalgo: ‘Los mozárabes de Toledo’, ambientada en la llegada de Alfonso VI a la ciudad. Garrido la encontró casualmente en la Biblioteca Nacional investigando para el otro libro y ha hallado otro ejemplar del siglo XVII que se conserva en la Biblioteca de Castilla La Mancha de Toledo. Garrido ofrecerá el 9 de mayo una charla sobre la comunidad dentro del ciclo de conferencias que organiza la Hermandad mozárabe de Toledo todos los años y que acaba de comenzar.

 

La actual organización religiosa se reinstauró en 1966 a partir de la cofradía de la Esclavitud de la Virgen de la Esperanza de la iglesia de San Lucas, impulsada por un abogado mozárabe de Madrid, José Antonio Dávila García Miranda.

 

El actual hermano mayor también estaba entre los 10 fundadores, que establecieron las normas y ceremonias de la hermandad, diseñaron la vestimenta y símbolos o la clasificación de sus miembros: los de linaje (ascendencia mozárabe acreditada; la mayoría), los natos (capellanes y párrocos mozárabes, el arzobispo y el arzobispo auxiliar, el alcalde y concejales que lo deseen y el presidente de la Diputación) y honorarios, personas con acreditada religiosidad y vinculación con la mozarabía. La hermandad cuenta hoy con casi mil miembros, de los que 150 suelen desfilar en la Procesión del Corpus. Al margen de su carácter religioso, son también la referencia de la única comunidad mozárabe que pervive como tal.

 

Milagros Tolón, la alcaldesa de Toledo, recibió el collar de la comunidad mozárabe en la iglesia de las santas Justa y Rufina, tras acceder al cargo en junio de 2015. Lo reciben todos los alcaldes como símbolo de la protección que el ayuntamiento otorga a esta comunidad desde 1867. Detrás, el presidente de la Diputación, Álvaro Gutiérrez, que también es miembro honorario.

 

 

Para todos los consultados es “un orgullo” serlo, también para las nuevas generaciones. Desde 2011 un grupo de feligreses toledanos, con el apoyo del Arzobispado y del ayuntamiento de Toledo, que mostró su respaldo en junta de gobierno con Emiliano García Page como alcalde, está promoviendo que la UNESCO incluya el rito hispano-mozárabe en la lista del patrimonio inmaterial de la humanidad.

 

En la Iglesia católica occidental tan solo pervive otra liturgia diferente a la romana: el rito ambrosiano, que se practica en la diócesis de Milán y pueblos limítrofes, aunque es más parecido a la romana que el mozárabe. Sí conservan más liturgias propias que siguen utilizándose y cierta autonomía jurídica los cristianos de Oriente, explica el sacerdote especialista en liturgia Juan Manuel Sierra.

 

UNA LITURGIA DEL SIGLO VII TODOS LOS DÍAS EN TOLEDO Y PUNTUALMENTE Y CON AUTORIZACIÓN EN OTRAS CIUDADES

 

Juan Manuel Sierra, delegado diocesano para el rito mozárabe, especialista en liturgia y gran conocedor y admirador de la hispana, durante una celebración en la iglesia de San Lucas de Toledo. No es mozárabe, pero participa en las celebraciones religiosas siempre que puede. Forma parte de la Comisión que revisa en el Vaticano la liturgia mozárabe.

 

“Todos los ritos litúrgicos son una riqueza para la Iglesia y este es un gran tesoro”, señala Juan Manuel Sierra, delegado diocesano para el rito mozárabe, un cargo creado hace tres años por el actual Arzobispo de Toledo para coordinar y promover todo lo relacionado con esta liturgia que se mantiene casi tal cual se estableció en el siglo VII. “Las oraciones son de una belleza y de una expresividad tremenda, quizá más emotivas y participativas que en la romana. En conexión con algunas liturgias orientales, es de una exuberancia muchísimo mayor”.

 

Las celebraciones son en latín en su mayor parte, la comunión se realiza bajo las dos especies, se imparte una triple bendición a mitad de la misa, en todas se reza el credo, durante el padre nuestro los fieles responden y cuentan con cánticos propios. Su Cuaresma no comienza el miércoles de ceniza, sino el domingo siguiente y en todas las misas se hacen tres lecturas. El lavatorio del Jueves Santo se realiza finalizado el Oficio y la mañana del Viernes Santo se adora la Cruz (en Santa Eulalia ante la reliquia del Lignum Crucis que por la tarde sale en Procesión, después de la celebración para la indulgencia; en la imagen). El adviento previo a la Navidad comienza dos semanas antes y no tienen misa del gallo, pero sí de año nuevo.

 

Todas las mañanas, a las 9, en la capilla mozárabe de la Catedral de Toledo hay misa siguiendo este rito tradicional. No ha dejado de hacerse desde que la fundó el Cardenal Cisneros en 1502 precisamente para preservar esta liturgia que se estaba abandonando.

 

Hace unas décadas, además, se recuperaron en Toledo las celebraciones mozárabes en la iglesia de Santa Eulalia, donde se oficia misa siguiendo este rito todas las tardes a las 7 y los domingos a las 12 de la mañana. Y se celebran también algunos domingos y sábados en las iglesias de San Lucas y en la de las santas Justa y Rufina. Además de en las festividades destacadas en esta liturgia, como la fiesta de Santa María (18 de diciembre), Pentecostés, la Ascensión, San Juan Bautista o San José (que ellos festejan en enero).

 

Solo en la diócesis de Toledo todas las parroquias están autorizadas a seguir este rito el día de San Ildefonso (23 de enero) y el de Santa María, aunque no suelen hacerlo. Y en el resto del país o en otros las celebraciones mozárabes requieren autorización previa del Obispado correspondiente. El de Madrid permite desde hace unos años que una vez a la semana se celebre misa mozárabe en la Basílica de la Concepción, a petición de la asociación Gothia que ha impulsado el sacerdote Manuel González.“Es un gran conocedor de este rito y está avivando el interés tanto en los fieles como en los sacerdotes”,explica Juan Manuel Sierra.

 

También en una capilla de Alcalá de Henares, en Valencia, en la colegiata de San Isidoro de León, en algunos monasterios o en la capilla de Talavera de la catedral de Salamanca hay celebraciones según este rito al menos una vez al año. En la Diócesis de Tuy-Vigo se prepara ahora otra y en la catedral-mezquita de Córdoba el Arzobispo de Toledo, Braulio Rodriguez, ofició una misa mozárabe el pasado noviembre, coincidiendo con un congreso internacional sobre cultura mozárabe.

 

Una comisión revisa la liturgia mozárabe para actualizarla

 

Dos representantes de la diócesis de Toledo: Juan Manuel Sierra como delegado del rito hispano-mozárabe y el obispo auxiliar, Ángel Fernández; un representante de la Conferencia Episcopal española y dos más de la Congregación para el Culto Divino del Vaticano forman esta comisión que está estudiando modificaciones legislativas, de procedimiento en las celebraciones u oficializar traducciones del latín de las ceremonias religiosas, entre otros aspectos, “para favorecer la cercanía, la participación y el conocimiento por parte de los fieles”, explica Juan Manuel Sierra.

 

Hace unas décadas el capellán y párroco mozárabe Balbino Gómez llegó a traducir el misal y también el párroco Jaime Colomina hizo traducciones de esta liturgia, así como el benedictino del monasterio de Monserrat Jordi Pinell, gran conocedor del rito que estuvo al frente de la renovación del misal que se hizo en los 80, con la supervisión del cardenal de Toledo Marcelo González. “Hay mucho material sobre el que seguir trabajando, aunque no es fácil porque son textos que se hicieron para ser escuchados, no leídos”.

 

Y entre otras cuestiones a estudio la que solicitaron desde el brazo de damas de la Hermandad de Toledo: que las mujeres no pierdan la condición de mozárabes al casarse si sus maridos se niegan a aceptar el rito expresamente ante la parroquia (no ocurre lo mismo en caso contrario). “Si el marido de mi hija no hubiese aceptado el rito, ella hubiese perdido la parroquialidad. No puede seguir siendo así en el siglo XXI, que las mujeres dependamos de lo que decida el marido; por eso pedimos que todos seamos iguales”, señala la presidenta, María Jesús Lozano. “Esto en realidad no se ajusta a las normas del Derecho Canónico, que es posterior, y hay que actualizarlo para poner en igualdad de circunstancias al hombre y a la mujer”, indica Sierra.