El ombligo-centrismo

El 2016 se ha despertado con la noticia de que el crecimiento en China se aleja de los dos dígitos a los que nos tenía acostumbrados y aterriza en un modesto siete por ciento, más del doble del crecimiento estimado a nivel mundial o del que el INE acaba de confirmar recientemente para España. ¡Vaya susto!

 

Será el presagio de una recidiva de la crisis de la que apenas hemos acabado de pasar, y si no, veamos cómo las bolsas asiáticas se desploman y se contagia como un reguero de pólvora a occidente. Los analistas mundiales se han lanzado a mil y una interpretaciones, valoraciones y predicciones, pero en España no estamos para esos asuntos mundanos y tenemos que concentrarnos en los temas importantes de casa.

 

En este baile de sevillanas a cuatro a la que los actuales padres de la patria nos tienen ya acostumbrados: las parejas se entrelazan, se insinúan y se abandonan. Desde luego no hay color con lo de China, esto es mucho más entretenido y lo podemos ver tranquilamente sentados en el sofá de casa, todos los días a todas horas, por si nos perdemos algún capítulo. El precio del petróleo se desploma: qué bien, o qué mal, en qué quedamos. Nos ahorramos una pasta al año, pero Rusia, Venezuela, Argelia por contagio gasístico, etc., se hunden. Ese difícil equilibrio estratégico, con Rusia a la cabeza, se escora y fuerza a los dirigentes rusos a anclar su herido protagonismo en su intervención bélica en Siria, afectando seriamente a los intereses tanto de EEUU como de la UE.

 

Bueno, la verdad es que un tema enrevesado y en el que seguro que a España no le va demasiado en ello; mejor planear cómo desmontar las medidas llevadas a cabo por el anterior ejecutivo (aún actual en funciones) porque no hay nada mejor que tejer y destejer y no tener nunca la bufanda terminada, como la buena de Ariadna, (el ejemplo griego es siempre una inspiración para nuestra nueva clase política). Una ola de emigración norteafricana, árabe, latinoamericana, – no hay nadie que se salve- llega a nuestras costas y a nuestros aeropuertos. Algunos no llegan, pero no les conocemos y ojos que no ven corazón que no siente. Dicen que siguen hacia el norte, -para gustos los colores- con lo bien que se está en España, calentito y a gusto.

 

Lo bueno de la televisión es que cuando no te gusta lo que ves, cambias de canal y pones una buena tertulia, a ser posible de fútbol o de política, en la que casi nadie sabe nada y todo el mundo opina. Es agradable reconocer que somos tan expertos como los famosos de la tele, y no digamos de nuestros políticos, en que, salvo excepciones, mejor que aplicaran la máxima de que “uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Pido disculpas porque conozco personalmente a algunas personas que fueron muy buenos políticos –aunque quizás por eso ya no lo son-. Una de las últimas noticias de cada fin de semana es la lista de muertos en carretera, – es que van como unos locos-. Guerrillas en Latinoamérica que declaran la enésima tregua, gobiernos populistas que parece que tienen un fusil en la lengua (a veces una palabra mata más que una bala) y locos terroristas que campan por sus respetos por nuestras calles y por las calles de medio mundo porque, en su mundo, ya no queda nada en pie sano y salvo.

 

Y cuando menos te lo piensas, un gris ciudadano armado hasta los dientes, todo ello comprado en un “super” de alguna desconocida ciudad de EEUU, se carga a otros anónimos ciudadanos que estaban en el sitio equivocado en el momento equivocado. Pero, lo que nos hace hervir la sangre, es un buen juicio mediático por el dinero que alguno se llevó a la saca; contrataciones fraudulentas, reclasificaciones de terrenos o tarjetas de colores. Si Galileo levantase la cabeza no tendría que discernir entre helio-centrismo o geo-centrismo, se enfrentaría al ombligo-centrismo que nos rodea y del que todos somos un poco cómplices y eso que la pluma afilada de Álvaro de la Iglesia concluyó que todos los ombligos son redondos, pero unos más que otros, ¡faltaría más!. .

    

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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