El nudo y el presente

Ese día teníamos pensado subir a la montaña a esquiar pero el día amaneció muy malo, con mucha lluvia y niebla. Llevaban cerradas las pistas dos días, por viento y niebla, de modo que decidimos ir a Motril. Hasta allí llegamos para ver, oler, tocar, oír y también gustar el mar, en aquellas playas de piedritas oscuras donde lucía el sol. Después nos fuimos a conocer ese pueblo que Lorca bautizó como la puerta de la Alpujarra: Lanjarón. Aquí pasó Lorca algunos veranos y hay muchas referencias a él y a su obra. Por ejemplo, en las fuentes, adornadas con sus versos, copiados en azulejos de cerámica.

 

Insistió en que vive el ya, el ahora mismo. Y que para eso es muy importante abrir bien los sentidos, tenerlos bien activados ante la maravilla de estar y ser en este mismo instante, de cuerpo y cabeza presentes.

 

Me acordé de Toledo, ¡qué triste que en nuestra ciudad haya tan pocas fuentes! ¡Y qué poco reconocimiento callejero a la literatura de tantos escritores que se enamoraron de Toledo! A la mañana siguiente el día amaneció muy bueno y subimos a Pradollano para, por fin, poder esquiar. Alquilamos las botas y los esquíes, unos 30 euros por barba. Luego tuvimos que hacer una fila de casi una hora para conseguir el forfait, o sea, el pase para acceder a los remontes (cada forfait vale unos 40 y pico euros). Y después de conseguirlos tuvimos que hacer una cola de otros tres cuartos de hora para subir a la cabina que nos llevaba a lo alto de la montaña.

 

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Santiago Sastre
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