El hábito que hace al monje

Miguel Ángel aguantó 7 años subido en un andamio para pintar la capilla Sixtina. El libro El señor de las moscas de William Golding fue rechazado por 20 editoriales. Ningún estudio cinematográfico se atrevía a rodar La guerra de las galaxias. Ninguno de los trescientos bancos a los que acudió Walt Disney quiso financiar su parque temático.

 

Después de su grave lesión en las rodillas la toledana Isabel Fernández fue campeona del mundo de parakárate. Cuando Chester Carlson creó la fotocopiadora, más de veinte empresas se negaron a comercializar el invento. ¿Qué significa todo esto? Que a la vida hay que echarle muchos huevos, que si te cierran una puerta hay que acudir a otra para conseguir lo que quieres. Pero voy a decirlo de una manera más fina: es muy importante cultivar la fuerza de la voluntad.

 

La voluntad hay que entrenarla, es una gimnasia personal. Dicen que hasta que no pasan 66 días, que es el tiempo para asentar un hábito, no podemos cantar victoria

 

Es muy fácil esforzarse cuando uno está motivado, cuando sopla el viento a favor, pero lo difícil es seguir luchando cuando llega la apatía, la adversidad y el miedo; cuando las cosas se ponen de culo. Gran parte de lo que somos tiene mucho que ver con la voluntad.

 

El gran Sócrates, una de las personas más sabias de la humanidad, cometió el error de no dar relevancia a la voluntad; él pensaba que cuando una persona descubría qué era lo que estaba bien, necesariamente lo hacía en la práctica. En su concepto de hombre (mejor, el de su época) no reparaba en la voluntad y, además, no tenía en cuenta la debilidad de la voluntad, es decir, que a veces sabemos lo que está bien pero luego en la práctica (ay, ay) no lo cumplimos.

 

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Santiago Sastre

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