El gran teatro del mundo

Hace unas fechas se celebraba el día del teatro, arte escénico que, a decir de todo el mundo, ha estado siempre en crisis, pero que nunca llega a morir, quizás porque en esencia es una representación de la vida del ser humano y la vida siempre se abre paso ante cualquier adversidad.

 

Don Pedro Calderón de la Barca, como tantos insignes autores, nos transporta al escenario total, en el que, tras el telón, se muestra ante nosotros el mundo. Tal y como iniciaba Quevedo en una de sus obras: “No olvides que es comedia nuestra vida, y teatro de farsa el mundo todo, que muda el aparato por instantes y que todos en él somos farsantes…

 

Curiosamente, en este reparto de papeles, uno siempre quiere ser el protagonista, el foco de atención de la sociedad que le rodea. Y podría pensarse que, en este elenco debería haber una cierta meritocracia: a mayor nivel social del papel de la obra, mayores cualidades humanas del actor que lo va a representar. Pero la verdad es que no siempre es así, de hecho casi nunca es así.

 

La Justicia divina parece hurtar a los grandes prohombres de la Historia el tener especiales valores y, por el contrario, reparte abundantes dones en seres humanos que, quizás pasaron hambre en vida y, hoy, son recordados y apreciados, en un remedo de inmortalidad que el cuerpo ansía, pero que solo el espíritu alcanza.

 

Los que nos movemos en el mundo de la economía, trasladamos esa ley inexorable de justicia divina a niveles más profanos y nos inventamos la “ecuación de base cero” por la que el reparto entre diversos sumandos está siempre limitado a un resultado constante e inmutable; los científicos, a su vez, arguyen eso de que “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, y otras muchas expresiones que apuntan al cielo, pero que se quedan en la triste realidad de nuestro mundo.

 

Y es en ese mundo que nos ha tocado vivir, donde cada uno debe tomar conciencia de la importancia de su papel. Puede que fuera una paradoja, pero ya comenté alguna vez, que, al fin y a la postre, fue la muchedumbre la que condenó a Jesús, ¡crucifícalo, crucifícalo!, Pilatos solo tuvo que lavarse las manos. Reyes y Emperadores, lanzaban sus mesnadas para que se masacraran, mientras que ellos, en la cima de la colina como si de un palco se tratara, presenciaban la batalla a modo de representación teatral.

 

El gran teatro del mundo es la Historia misma, y solo pasados años, o siglos, llegamos a entender el porqué de las cosas, incluso alguno de ustedes piensen que ni siquiera entonces. Yo no creo que Dios juegue a los dados con el Universo, pero reconozco que a veces lo parece.

 

No es fácil aceptar, que no entender, la calaña moral y mediocridad supina de las personas que les ha tocado en suerte llevar el volante de nuestra sociedad; y, por otro lado, las dificultades casi insalvables, que deben encarar tantos y tantos seres humanos de valía, que ponen en riesgo sus propias vidas para mejorar y salvar las de los demás o, al menos, hacerlas más felices. Seguro que usted estará pensando que no parece que le hayan adjudicado en esta obra de teatro de la vida ningún papel, ni de prota ni de secundario de valía no-reconocida.

 

Lo que pasa es que su obra de teatro, en la que usted actúa, puede que sea otra distinta a la que usted piensa o en la que le gustaría actuar. Y en ella también hay buenos y malos, risas y lágrimas y mucha gente alrededor que le observa y que espera algo de usted. Y usted que, como yo, nos quejamos tanto de los demás, también somos farsantes en este teatro de farsa que decía Don Francisco.

 

Vemos la paja en el ojo ajeno, pero nos seguimos lavando las manos y, a mi plin. Cada día se levanta el telón, nos vestimos sin saberlo para nuestra particular representación, y nos lanzamos a escena. Que Dios nos coja confesados, porque, the show must go on.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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