EL EXPERIMENTO

Los militantes del PSOE y de Podemos aceptaron mayoritariamente que este partido pase a formar parte del gobierno de Castilla-La Mancha con una vicepresidencia y una consejería, como les había propuesto el presidente Emiliano García Page. Previamente, esa era la condición, tenían que aprobarse los presupuestos de la Junta de este año. El secretario general de Podemos, García Molina, fue el primero en mover ficha dimitiendo de parlamentario, y por tanto de vicepresidente de las Cortes, para dar paso a la número dos de la lista por Toledo, la secretaria de organización regional de Podemos y mujer de su absoluta confianza, María Díaz, quien está llamada a sustituir a García Molina también en la vicepresidencia de las Cortes. ¿Por qué diputada y no consejera del Gobierno como algunos la veían? Pues porque en ese caso tendría que pasar como diputado el tercero en la lista, Fernando Ustarroz Eugui, y este ya no cuenta con tanta confianza de José García Molina.

 

García Molina dimite porque, aún cuando no es incompatible ser diputado y ser vicepresidente del gobierno (sí lo es sin embargo ser vicepresidente de las Cortes y miembro del gobierno) las normas internas de Podemos sí impiden ocupar dos cargos institucionales a la vez, a no ser que para ocupar uno sea necesario tener el otro. Por ejemplo, podría ser diputado de las Cortes y Presidente del Gobierno, por la sencilla razón de que para ser lo segundo es obligatorio ser lo primero. Cospedal, por poner otro ejemplo, no podría ser en esta legislatura presidenta del Gobierno regional porque renunció a ser diputada de Castilla-La Mancha para ser diputada en el Congreso. García Page declaró que primero eran los presupuestos y luego el cambio de gobierno; pero una vez aprobados estos siempre es un riesgo el de que una vez con los presupuestos en la mano se olvide lo prometido. Así que al final primero fue cambiar el gobierno, dando entrada a García Molina como vicepresidente segundo y a Isabel Herranz, compañera de García Molina en la universidad en Talavera, y después ya se verán los presupuestos.

 

Ahora García Molina y García Page no son amigos; pero todo puede andarse, el roce ya se sabe…

 

Claro que confianza la que todos muestran hacia el otro diputado de Podemos, David Llorente, con quien además García Molina discrepa políticamente en casi todo; pero especialmente en la nueva estrategia de que Podemos forme parte del gobierno. Si David Llorente quiere, no se aprueban los presupuestos y todo se va al garete; pero es un hombre muy disciplinado, muy demócrata y García Molina sabe que no lo hará. La propuesta de García Page de incorporar Podemos al Gobierno fue un golpe de efecto que recuerda mucho a los que tenía su maestro José Bono. Éste tenía la virtud de atraerse, de una manera u otra, a sus principales críticos, tanto internos, Hernández Moltó, Antonio Pina, periodísticos, Pedro J. Ramírez, como de la oposición, José Molina de I.U. o en el PP, Agustín Conde, García Tizón y, sobre todo, José Manuel Molina, a quienes tuvo como rivales para presidir el gobierno de Castilla-La Mancha.

 

Pongo el acento en José Manuel Molina porque, cuando era alcalde y luego cuando era presidente del PP en Castilla-La Mancha, fue absolutamente duro contra José Bono y terminaron teniendo una estrecha relación. Le resultó bien esa táctica a José Bono durante los muchos años que gobernó en Castilla-La Mancha. No tiene pues nada de extraño que también la practique García Page con García Molina a pesar de que, coincidiendo con su campaña de reelección interna como secretario general de Podemos Castilla-La Mancha el pasado mes de mayo, sorprendiera no aprobando los presupuestos de la Junta a pesar de estar acordados con el PSOE e iniciara una campaña especialmente faltona contra García Page en las redes sociales. Ahora García Molina y García Page no son amigos, pero todo puede andarse, el roce ya se sabe… En todo caso lo que sí ha estado claro es que cuando a los militantes les han dejado hablar les han dicho que se entiendan.