El demócrata

La democracia es el mejor sistema político que conocemos porque respeta el principio de autonomía (son los ciudadanos los que eligen a sus representantes: democracia representativa) y el principio de igualdad (una persona, un voto). En sociedades donde reina el pluralismo parece que lo más adecuado es que se decida no conforme a lo que diga un cura, un tío muy inteligente o un grupo, sino lo que acuerde la mayoría.

 

¿Eso significa que las mayorías no se equivocan? Claro que sí. Se suelen citar como grandes errores históricos las condenas de Sócrates y de Jesucristo y la llegada de Hitler al poder. No hay alternativa a la democracia, lo que hay que hacer es mejorar en cantidad y en calidad la democracia.

 

El demócrata no nace, sino que se hace. Para tomar decisiones muchas veces hacemos lo que nos sale de las narices, o pedimos consejo a los entendidos. Es natural, no seguimos el criterio de la democracia porque nuestra autonomía individual nos empuja a actuar conforme a nuestros criterios, pues pensamos que son los mejores. Yo educo a mis hijos de acuerdo a mi parecer y no lo someto a votación en mi familia.

 

La democracia sirve para gobernar un colectivo, pero no es adecuada para decidir qué libro voy a leer, cuántos hijos voy a tener, cuáles son mis hobbies, etc. Ahora se nos ha metido la democracia en muchas cosas, yo creo que excesivas, como la de los concursos de televisión, la de marcar la agenda cultural a la hora de invertir (como hace Soliss apadrinando proyectos culturales), etc.

 

Una democracia no pide sólo a la gente que vote (para votar vale cualquiera, incluso un niño), sino deliberantes. Esto significa escuchar a los demás y tratar de convencer

 

Pero, claro, la democracia precisa un andamiaje que hay que respetar para que el sistema funcione. Unas reglas que facilitan el orden, la pluralidad (no cabe todo: a un caníbal no le podemos decir: ¡anda, majete, respetamos que te comas un glúteo en su punto!), la transparencia, la libertad, la igualdad y más cosas.

 

¿Es una democracia un sistema en el que solo se presenta un partido político? No. ¿Es una democracia una decisión en la que han votado muy pocos? Tampoco. ¿Es una democracia un sistema en el que la mayoría aplasta o aplica el rodillo sobre la minoría? Pues tampoco en principio.

 

Una democracia no pide sólo a la gente que vote (para votar vale cualquiera, incluso un niño) sino deliberantes. Esto significa escuchar a los demás, tratar de convencer con argumentos, ser tolerantes, no tratar a los demás como si fuesen enemigos por pensar de forma diferente.

 

Y es a esto último es a lo que quiero llegar. El demócrata afila su personalidad en la convivencia del día a día con los demás. En la reunión de vecinos, con los compañeros de trabajo, con los amigos, con los que esperan en una fila del supermercado, con los conductores, con todos los que le rodean.

 

En muchas ocasiones tiene la oportunidad de escuchar, percibir otras maneras de pensar, comportarse con educación, reafirmar su visión, o cambiarla si encuentra una opción mejor. Es terrible eso de genio y figura hasta la sepultura. Lo más natural es que a medida que pasa el tiempo uno afile, pula o modifique su forma de pensar.

 

La democracia se inserta en unas normas que componen el Estado de Derecho, que son las que hacen que este sistema funcione de forma pacífica. Por un lado el respeto a las reglas que se imponen a todos. Esto es como el ajedrez: si jugamos hay que seguir las reglas, no puede ser que alguien quiera mover los peones como si fueran alfiles. Eso es otro juego, pero no el ajedrez. Por otro lado, los ciudadanos deben comportarse como demócratas en el juego de la convivencia social. Y esto supone ser dialogantes, no insultar ni despreciar a los que piensan de forma diferente, tratar de ejercer la tolerancia sin que nadie se vea humillado.

 

Todo esto es una tarea que debe ser renovada día a día y en la que cada uno puede poner un granito de arena en su vida cotidiana. No viene mal recordar estas cosas ahora que vivimos en un momento de fractura social, de un boxeo ideológico que se ha instalado en la ciudadanía. Ojalá los políticos tengan altitud de miras llegando a acuerdos y también nosotros hagamos algo, porque, por decirlo a lo Bécquer, la democracia eres tú.

 

Santiago Sastre
Santiago Sastre

Últimas publicaciones de Santiago Sastre (Ver todas)