EL AÑO HORRIBLE DE COSPEDAL

Tiempos de aplausos para Cospedal, detrás siempre vigilante su marido, Ignacio López del Hierro

 

Fue María Dolores del gran poder. Acumuló cargos muy importantes en el partido, en el gobierno, en la región. Un día el aire se puso de cara y todo lo que eran parabienes y aplausos se los llevó por delante. Considera que no hizo nada mal, que era su deber como secretaria general del partido; pero los nuevos dirigentes le pidieron la dimisión.

 

Ni en sus peores pesadillas podía imaginar María Dolores de Cospedal, la que fuera presidenta del gobierno de Castilla-La Mancha, también del partido en la región, ministra de Defensa y secretaria general del PP durante 12 años, que su figura iba a ser tan rápidamente amortizada políticamente, ninguneada y olvidada por los suyos.

 

Ella que se despedía con gestos de lágrimas pero sin lágrimas de los militantes de Castilla-La Mancha, y con cierto rencor de quienes ayudó a estar al frente del partido, ha visto su figura sometida en los últimos meses a un vaivén de subidas y bajadas, siendo esta última posición la que ocupa actualmente o incluso más abajo aún, en un agujero (siempre hablando políticamente) dado el interés por olvidarla mostrado por quienes hace muy poco la ovacionaban cualquier discurso.

 

La moción de censura a Mariano Rajoy y la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno fue la primera bajada de ese vaivén, no solo porque la obligaban a abandonar un ministerio tan goloso, probablemente el de mayor y más fácil lucimiento, a no ser que te llames Federico Trillo, sino porque el abandono de Rajoy de la presidencia del partido suponía también el suyo como secretaria general. Como no hay mal que por bien no venga ella y su entorno vieron la oportunidad de hacerse con las riendas del partido en las elecciones primarias. Los 12 años como secretaria general debían de servir para algo, pensaron.

 

El optimismo era muy grande, no solo pensaban en ganar sino que la victoria sería por amplia mayoría. Enfrente tenía a su archienemiga Soraya Sáenz de Santamaría y a un Pablo Casado que tenía a su mando como secretaria general. Era un momento de subida. Las votaciones dieron ganadora a Soraya Sáenz de Santamaría y Cospedal quedó tercera, fuera por tanto de la segunda vuelta de las elecciones en la que ya no eran los militantes quienes elegían a quien querían que les presidiera, sino los compromisarios elegidos también en primarias en cada circunscripción. Otra vez momento de bajada.

 

En los últimos meses la figura política de Cospedal ha sido una montaña rusa, de pronto estaba en lo más alto como que caía a lo más bajo. Posición esta última en la que se encuentra en la actualidad

 

Cospedal y su entorno contaron los votos de sus compromisarios afines y llegaron a la conclusión, acertada, de que sería presidente o presidenta a quien apoyaran y que ofreciendo esos votos podrían negociar esferas de influencia y poder en el seno del partido. Como la idea base era que no ganara Sáenz de Santamaría la negociación se hizo con Pablo Casado y éste fue elegido presidente del PP. Cospedal volvía a estar arriba, aunque no tanto como ella pensó en principio que podría llegar. Tenía su futuro político claro, renunció a la posibilidad de presentarse en las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha y decidió que el parlamento europeo era mejor lugar. Estaba llamada a encabezar la candidatura del PP en las próximas elecciones europeas y para prepararlo se la nombró presidenta de la comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los diputados.

 

En Castilla-La Mancha también renunció a la presidencia del partido y organizó que el sustituto fuera el parlamentario regional y alcalde de Almansa, Francisco Núñez. En esto que llegó en diferido el siniestro comisario Villarejo. Alguien decidió dar a conocer una serie de grabaciones que años antes, pero ya con Cospedal secretaria general, el policía realizó de conversaciones secretas que mantuvo no solo con la propia Cospedal sino también con su marido, Ignacio López del Hierro en su despacho de la sede del PP en la calle Génova.

 

Grabaciones que muestran como la dirigente del PP conocía, por boca de Villarejo, como habían intentado destruir un pendrive que contenía pruebas del caso Gurtel y como la pareja pretendía contratar al comisario para realizar “ciertos trabajos”. En las conversaciones que el digital La Moncloa.com iba dando a conocer por capítulos se hablaba de investigar al hermano del entonces ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, porque lo consideraban “el punto débil”, así se expresaron, de éste. Pero también de investigar al ex secretario general del PP, y también enemigo de Cospedal, Javier Arenas.

 

Las conversaciones que llegaban del pasado provocaron en un primer momento que Pablo Casado pidiera al secretario general, Teodoro García Egea, que convocara en la sede del partido a Cospedal para pedirle su dimisión del Comité ejecutivo. Cospedal aceptó pero mantuvo el acta de diputada. Continuaron las entregas de conversaciones con Villarejo y se vio obligada también a dimitir de diputada. La primera dimisión era de escasa trascendencia práctica, ser diputada le permitía mantener el aforamiento dado que de las conversaciones podría desprenderse la existencia de algún delito, como el de obstrucción a la justicia; aunque dado el tiempo transcurrido ya se encontraría prescrito.

 

Qué las grabaciones buscaban retirar de la política a Cospedal se desprende de que una vez que dimitió como diputada dejaron de conocerse nuevas conversaciones con Villarejo ni de ella, ni de su marido. Fue en el comunicado de abandono como diputada donde dejó entrever un cierto rencor con la dirección del PP por no haber salido en su defensa. “Siempre he creído que un partido que no es capaz de defender a los suyos cuando están siendo injustamente atacados no puede esperar que los ciudadanos confíen en él. Cuando tus adversarios políticos detectan que tu fortaleza es vulnerable, los ataques se multiplican”, decía en ese comunicado de despedida donde también señalaba, aunque pocos creían, que tenía pensado con anterioridad abandonar la política. “Eso es exactamente lo que hubiera hecho dentro de unos días. Nunca pensé que lo fuera a hacer en una ambiente así. Esta misma semana, aseguré que no tenía que dejar mis escaño. No he hecho nada de lo que me sienta avergonzada”, aseguraba.

 

Esas palabras resultan llamativas cuando fue ella misma quien en enero de 2013 dijo, en referencia a quienes antes habían dirigido el PP de una manera que culminó en el asunto Bárcenas:«Que cada palo aguante su vela». Más adelante en esas mismas declaraciones, quizá de manera premonitoria señalaba: «este es un partido en el que quien la hace, la paga». Cospedal siempre ha sido así, la de la parte ancha del embudo para ella y su marido. Es inevitable hablar del dúo como una misma personalidad con los papeles bien definidos.

 

Al PP de Castilla-La Mancha será al que menos le extrañe, acostumbrados a su presencia allá donde no debía, participando donde no le correspondía y mandando, sobre todo mandando. Me refiero a López del Hierro; pero no lo hacía a espaldas de nadie. Se le veía y por supuesto Cospedal le veía más aún. Despachaba con él. Lo reconoció cuando salieron las primeras grabaciones con Villarejo. Algo natural, dijo, entre una pareja.

 

Con la salida de Cospedal de la política, Casado respira, ya no debe a nadie nada, y también Francisco Núñez, que ya se olvidó de Cospedal en el debate sobre el estado de la región, ya no hay nadie, pensará, a quien le deba el puesto. Ese día Cospedal, el del debate, ya estaba siendo puesta en cuestión por haber aparecido las primeras grabaciones; pero aún mantenía su poder de influencia. Tal es así que en el debate las cosas transcurrieron como siempre en los últimos años, con un Francisco Núñez que parecía que actuaba por delegación de quien no había aceptado nunca haber sido apeada del gobierno de Castilla-La Mancha, más que como un líder autónomo que ha de darse a conocer como presidenciable.

 

La dimisión de diputada ha traído también nuevas formas en la oposición del PP que el tiempo dirá si son flor de un día. El pasado 22 de noviembre Emiliano García Page y Francisco Núñez mantenía una primera reunión institucional. Tres semanas tan solo habían pasado de un bronco debate entre ambos y todo se había suavizado saliendo de la reunión con la idea de llegar a acuerdos en materia de financiación autonómica, de empleo y de política hidráulica, para lo que se crearán grupos de trabajo. Esta última, sin embargo, de difícil concreción dado el discurso inequívocamente trasvasista de Pablo Casado, criticando duramente al Gobierno por paralizar el trasvase Tajo-Segura.

 

Un discurso al que no ha sabido oponerse el PP de Castilla-La Mancha que tan solo ha pedido que no se haga electoralismo con el tema del agua. No todos en el PP sin embargo vieron con buenos ojos el cambio de tono que parecía quererse implantar, especialmente entre quienes han seguido con mayor dedicación los planteamientos de Cospedal y López del Hierro.

Francisco José Gómez Herruz
Francisco José Gómez Herruz

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