Días de julio

Estuve en la entrega de los premios de la Real Academia toledana. No recuerdo un acto tan breve: ¡duró veinticinco minutos! Su presidente, Jesús Carrobles, cerró su intervención con una estupenda cita del poeta Nicanor Parra. Sin duda, ha destacado por su enorme capacidad de trabajo y por conseguir que la Real Academia tenga una notable presencia en la sociedad civil.

 

Me acerqué al escritor Baltasar Magro, premio de Literatura, para que me firmase un libro para una amiga. También hablé un poco con Alfonso G. Calero, que recibió con todo merecimiento el premio de Historia. Su editorial posee un fondo que ya es imprescindible para hablar de historia y de literatura en Castilla-La Mancha (cuando me despedí de él pensé que ojalá pudiera publicar en su colección mi próximo poemario). También hablé con Teo García, el nuevo concejal de Cultura, que no conocía personalmente y se me acercó para hablar un poco. Su discurso en el acto fue muy brillante, me gustó mucho, y me inspiró un artículo que publiqué después en el ABC sobre la importancia de la ejemplaridad.

 

La idea de ser ejemplar (es decir, desempeñar virtudes y dar ejemplo como ciudadano a los demás) ha sido muy trabajada por el filósofo Javier Gomá, que acaba de editar una obra de teatro titulada Quiero cansarme contigo o el peligro de las buenas compañías. Insiste en esta obra en que las buenas compañías pueden ser peligrosas cuando son virtuosas, porque ponen el listón muy alto y siempre las comparaciones son odiosas. Es como encontrarse en la familia con un don Perfecto, con el típico cuñado que sabe de todo y es un manitas para todo, que te deja a la altura del betún. Pero las virtudes no deberían ser utilizadas para fomentar el enfrentamiento.

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Santiago Sastre

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